Bahía Blanca | Viernes, 03 de abril

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Cafetines de Bahía Blanca

Lugares de encuentro por excelencia, los cafés se repartían por todo el centro de la ciudad.

Hace 76 años, en febrero de 1949 la ciudad contaba con un buen número de lugares donde compartir un café, considerados “sedes del culto al afecto y la amistad”.

Enrique Santos Discépolo supo describirlo mejor que nadie: “En tu mezcla milagrosa/De sabihondos y suicidas/Yo aprendí filosofía, dados, timba/Y la poesía cruel/De no pensar más en mí”. Aquel año en nuestra ciudad cada café era considerado “un sitio de reunión de amigos”, donde las horas se sucedían “mientras se agitan los cubiletes y se comenta la actualidad” y se los mencionaba como “un colegio libre de estudios ciudadanos”.

En nuestra ciudad había una gama que iba desde el vistoso establecimiento de estirados mozos hasta el pequeño donde el dueño alterna con los parroquianos. Se mencionaba además un detalle no menor: “para que el café adquiera categoría se requiere en su clientela una unidad espiritual”.

En 1949 había quedado ya en el recuerdo el histórico “Copacabana” y en su lugar estaba el Londres y mantenían su primacía “La Cosechera” –docta y legista--, y el “Costa Rica”, musical y bullanguero.

El ambiente artístico, “más nocturnal que matutino”, tenía su refugio en el “City Bar”, el último en cerrar cada noche. El “Boston bar”, calle Alsina, era el lugar de las rabonas con el fondo “el golpe de las tres bolas de marfil danzando en el paño”. Bajando por O’Higgins estaba “La Armonía”, donde iban los sobrevivientes del mítico “Tokio” y Chiclana tenía el Víctor. En Alsina al 200, frente al diario homónimo, estaba el Atlántico, refugio de periodistas de ese diario y de LU7 radio General San Martín. En el centro se sumaban el “Gardel”, “El Molonio”, “Express” y “Sorocabana”.

De allí entonces la reflexión final: “El café interviene en la historia de los sucesos y los sucesos, por su parte, tienen historias de café”. Una verdadera institución.