El edificio que perdió su estilo
Una maravillosa propuesta art nouveau de la aseguradora La Previsora reconvertida en un híbrido.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 85 años, en febrero de 1940, quedó terminada la adecuación del edificio construido en 1911 por la compañía de seguros La Previsora en la esquina de Alsina y San Martín.
La obra fue proyectada por el arquitecto Julio Molina y Vedia, ex rector del Colegio Nacional y cuyo padre era uno de los titulares de la empresa de seguros.
Se trataba de una obra resuelta en un estilo en boga en Europa –el art nouveau—con las características que el mismo tenía en Viena, donde se lo llamó “Secession”, predominando las líneas curvas, la ornamentación con elementos de la naturaleza y el uso de coloridos cerámicos.
De modo que al impacto que significó levantar este edificio de cinco pisos se sumó la audacia de alejarse de los estilos más tradicionales. Se dijo entonces que conformaba “un ejemplo del refinamiento” que estaba tomando la arquitectura local y se mencionó que sería la construcción “más soberbia” del año y por mucho tiempo “una de las más descollantes de la ciudad”.
La obra tenía accesos por calles San Martín y Alsina --con dos puertas que son una maravilla del estilo--, locales en planta baja, sótano, entrepiso y “cuatro magníficas casas de familia” por piso.
Con la quiebra de la compañía de seguros el edificio pasó a manos del banco Provincia, entidad que antes de sacarlo a la venta decidió “modernizarlo”, despojándolo de su rica ornamentación, retirando mosaicos y decorados.
“El progreso cambia las cosas y la añeja estética se ve desplazada”, comentó este diario en 1940. “La audacia de la edificación moderna no tuvo siquiera un resabio compasivo de las cornisas románticas de antaño, los dibujos de leones y ninfas y graciosos arabescos”. Aún así se la mencionó como “hermosa en su frialdad” y un motivo más de orgullo para la ciudad. Ese año el “deformado” inmueble fue adquirido por la compañía de seguros La Acción.