Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

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Los tarugos a los golpes

La acción climática y las repetidas roturas hacían de la madera un riesgo constante.

Hace 97 años, en octubre de 1927, resultaban cada vez más habituales los accidentes generados por el pavimento de madera existente en la mayoría de las calles céntricas.

Fue a raíz del éxito que el sistema tuvo en ciudades como Buenos Aires y Rosario que en 1910 la municipalidad decidió incorporar el pavimento de madera, una suerte de pavimento articulado conformado por tarugos que se colocaban sobre una cama de arena. Si bien el material habitual era el algarrobo, aquí se utilizó Caldén, más accesible y adecuado.

Pero completadas las primeras cuadras comenzaron los problemas. Por un lado, porque la madera comenzó a dilatar y el pavimento “explotaba”, saltando sus piezas y dejando baches por todos lados. Si bien era simple recolocar los tarugos, la cantidad de faltantes complicaba su reposición.

La segunda situación se daba con las lluvias, que, a falta de buenos desagües pluviales, arrastraba la madera, que flotaba y era llevada por la correntada. Y tercero, no menor, los propios vecinos aprovechaban cualquier oportunidad para quedarse con los tarugos, útiles para alimentar las cocinas.

Llegó un momento que el estado general de estas calles de madera eran tan malo que ocurrían además distintos los accidentes. Un caso fue en la primera cuadra de calle Brown, al pasar el automóvil patente 237 que mordió a uno de los tarugos removidos, el cual salió disparado contra la farmacia El Cóndor, rompiendo sus vidrieras grandes. Una criatura que caminaba por el lugar se salvó por poco de ser golpeado por ese proyectil.

Unos días antes, en la misma esquina, había saltado otro tarugo, impactando en el rostro de un peatón. “Dejar que las cosas sigan así es una desidia inadmisible”, se mencionó.

El pavimento de madera comenzó a retirarse en 1928, reemplazado por adoquines de granito y por los primeros ensayos de asfalto.