Bahía Blanca | Miércoles, 22 de mayo

Bahía Blanca | Miércoles, 22 de mayo

Bahía Blanca | Miércoles, 22 de mayo

Ella cumplió 100 y él tiene 101: se festejó con 70 kilos de asado, lemoncello y tiramisú

La familia Pettofrezza celebró los cien de la Nona Teresa con la compañía de su marido Luigi. Todo el barrio, parientes y los 16 bisnietos se reunieron a compartir un almuerzo.

Foto: Clarín

En el cumpleaños N° 100 de Doña Teresa Stinziani no se sabía bien quién era anfitrión y quién invitado.

También se confundís el evento al verlo a Luigi Pettofrezza, el Nono, que tiene 101, es su marido desde hace más de ocho décadas.

No queda otra. Al entrar al garaje contiguo a la fábrica de juguetes que el bisabuelo fundó en José C. Paz y sigue siendo legado familiar, todos meten mano en la cocina, la despensa, la heladera con 120 tiramisús que el hijo del medio, Antonio (72), preparó con queso mascarpone. "Del verdadero, eh", contó Rafael (67), el más chico.

El evento excedió los cien de Teresa. El barrio celebra los 201 años que suma la pareja de los Pettofrezza, famosos por los autitos de plástico y los juguetes que alegraron a miles de chicos y también por su italianidad a flor de piel, esa que brota de los platitos de cerámica, los embutidos colgando y el ajo en la casa de la calle Arenales, en pleno centro de José C. Paz.

"Primero vino papá, en el '52, después de varios años prisionero en la Segunda Guerra", cuenta Josefina (76), la mayor de los hijos. "Él era campesino en el pueblo de Morrone, en Campobasso. Cuando lo capturaron los alemanes, contaba, le daban un pan por semana y él lo usaba como alimento y como almohada. En el '54 nos vinimos en barco mi mamá, mi hermano Antonio y yo", relata.

¿El viaje en barco? "Horrible", coinciden Antonio y Josefina, que no se ponen de acuerdo para confirmar si tenían 5 y 6 ó 9 y 10 años, respectivamente, cuando acompañaron a la Mamma. "Se movía todo el tiempo, te la pasabas vomitando. Tardaba 30 días, lleno de paisanos en camas cucheta, todos trayendo en bolsas de arpillera cafeteras, ollas, semillas para la huerta. Mi mamá se trajo como cinco bicicletas. Las cuidaba mientras intentaba perseguirnos a Josefina y a mí, que corríamos por el barco haciendo un despelote bárbaro", dice quien también ofició de asador.

En Argentina Don Luis trabajó en una textil y después, durante 30 años, para Obras Sanitarias. Luego abrió su propia fábrica de plásticos hasta descubrir el nicho de los juguetes: autitos, tractores, camioncitos de bomberos y más. "Hasta los 80 años vino a trabajar todos los días. Ahora supuestamente ve muy poco, pero vos le das cualquier pieza de plástico y él la arma", cuenta Rafael y le sirve vino casero a su papá. "¡Pará, pará! ¡Despacio!", tiene que advertirle.

Así como Teresa tomó agua, tiene sus propios horarios de almuerzo y cena y muestra debilidad por sus 16 bisnietos, Luigi disfrutó vorazmente de los sanguchitos de berenjena en escabeche y no le escatima al tinto patero que lo remonta a los campos de su tierra natal. "Toma vino, a veces fernet con coca, café con fernet... ¿Qué le vas a negar a los 101 años?", agregó Rafa.

Los dos siguen compartiendo cama matrimonial, así como la mesa dominical estallada de fiambres caseros, distintas ensaladas, vermús y asado que la cumpleañera y el Nono disfrutan rodeados de amor. Cada tanto entra una prima segunda, el diariero Omar con su hijo y su madre (otra eminencia del barrio que salió especialmente para homenajear a los Pettofrezza), o abuelos de boina que rinden respeto y regalitos a la pareja con tono de boda de Connie Corleone.

"A los 93 a papá se le perforó un intestino", recuerdó Rafael. "En el hospital nos dijeron que lo tenían que limpiar todo y coser por dentro. Nos dijeron que no iba a pasar la noche. Algunos fueron a limpiar la bóveda familiar. A los tres días estaba en casa comiendo fideos", contó.

Todos recordaron también cuando Antonio, chiquito, se lastimó la pierna haciendo travesuras y para no ser castigado, le dijo a su papá que lo había mordido el perro de un vecino chileno con el que pocos hablaban. "Mi viejo fue con un fierro a agarrárselas con el pobre perro que no había hecho nada", dijo también Rafa, y dejó en final abierto el temible cierre de la anécdota.

Todos los relatos son tragicómicos: una metáfora de la epopeya inmigrante que vivieron, en José C. Paz y toda la Argentina, cientos de miles de Luigis y Teresas. "Acá eran todos paisanos. El que podía compraba ladrillos y todos los otros venían a levantar paredes. Cuando otro compraba, se turnaban", relató Antonio. Hoy brindaron a la salud de la pareja más famosa del barrio. (Clarín)