Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Las huertas “germinan” en distintos barrios de la ciudad

Mientras crece en muchos sectores de la ciudad, el programa ya tiene sede propia. En Agustín de Arrieta 680 cultivan plantines y construyen macetas de madera con pallets donados.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Hace poco más de dos años comenzaron con una pequeña huerta comunitaria en el barrio Latino; hoy ya construyeron más de 45 en distintos barrios de la ciudad y proyectan superar las 100 en 2024. 

El programa “Huertas de la Ciudad” tiene como objetivo promover una cultura de producción hortícola asociada al consumo familiar y la vida saludable, en un marco amplio de cooperación entre entidades públicas y privadas vocacionalmente orientadas al desarrollo social.

“No es sólo enseñarle a la gente a confeccionar una huerta. Sino que también desarrollamos cursos de capacitación para que sepan qué plantar, en qué momento, cómo cuidar la plantación y cómo cuidar la tierra que cultivan. En todo momento hay un equipo de seguimiento para que todos esos temas se lleven a cabo”, señaló Fabian Val, subdirector de Desarrollo Comunitario y a cargo de un equipo de trabajo que también integran María Ximena Seleme (jefa de la Unidad de Promoción de la Secretaría de Salud); la ingeniera agrónoma Daiana Scaccia y Martín Segura (encargado de taller y diseño).

Dependiente de la Subsecretaria de Producción, Huertas de la Ciudad ya tiene sede propia en Agustín de Arrieta 680, un lugar que aún están acondicionando.

“Es sumamente importante tener nuestro propio espacio, porque ya nos permite producir. De hecho, estamos elaborando casi 2.000 plantines entre especies hortícolas y ornamentales y nuestra expectativa esta centrada en llegar a 8.500 en este semestre”, contó María Ximena Seleme.

Mientras tanto, en las huertas comunitarias, continúan con los ciclos de capacitaciones, las siembras y las cosechas.

“En los lugares que no se pueden hacer cultivos en tierra, porque no hay lugar o porque no es adecuado, proveemos macetas de madera que confeccionamos aquí con pallets donados. De ese modo, la producción hortícola igual se hace posible”, señaló Martín Segura.

“La intención es fomentar que la huerta es posible en cualquier lugar”, agregó Daiana Scaccia. 

Las huertas comunitarias, en su gran mayoría, se instalan en lugares con mayores necesidades.

“De las casi 50 que están en funcionamiento, hay un amplio porcentaje en barrios de la periferia. También es cierto que no todas sobreviven. Hay algunas que tuvimos que cerrarlas porque la respuesta no era la esperada. Y obviamente respaldamos aquellas en las que vemos decisión de los vecinos de cuidarla y hacerla crecer”, manifestó Val.

“De todos modos, el proceso es dinámico. Porque quizás en algún sitio no funcionó la comunitaria, pero sí a partir de esa se generaron algunas familiares, de personas que se capacitaron y la montaron en su propio patio o en macetas en sus casas”, añadió Seleme.

El grupo tiene una frase que repiten permanentemente: “La Huerta como excusa”.

¿Qué quiere decir eso? Que la huerta abre un montón de puertas, que permite conocer las necesidades de los vecinos de cada barrio.

“Y allí empieza a jugar la prevención de la salud, por ejemplo. Desembarcamos en un lugar determinado con la excusa de una huerta comunitaria, pero el programa va mucho mas allá”, señaló Seleme. 

Hay un dato trascendente: ninguna de las huertas fue propuesta por los miembros del programa, sino que fue pedida por alguna organización barrial.

“Esperamos el pedido, lo evaluamos y, si es factible, lo desarrollamos. El lugar no es excluyente. No es necesario que sea un terreno grande o que sea un espacio verde. Lo que más se evalúa es la convicción de los vecinos para desarrollarla. Nosotros acompañamos, asesoramos y capacitamos, pero los que generan la producción son ellos”.

En el proceso de este proyecto pudieron obtener participación privada.

“Así como hay empresas que colaboran con elementos, también hay varias que instalaron huertas en sus instalaciones”.

Tras consolidar las huertas comunitarias, el programa ingresó en otra fase paralela: el desarrollo de las primeras huertas urbanas.

“Las hicimos en la terraza de la UCAL, en pleno centro de la ciudad; en el Gimnasio Uno y ya estamos en pleno proceso con la Cooperativa Obrera para montar otra. En lugares que predomina el cemento, con estos cajones de madera, podemos desarrollar el proyecto sin problemas”, contó Val.

Aunque el proyecto es supervisado por la Subsecretaría de Producción de la comuna, termina articulando con casi todas las demás secretarías, como puede ser Salud, Políticas Sociales e Infraestructura, que tienen algún grado de participación.

“Desde el punto de vista de la Salud, sirve muchísimo para mejorar la nutrición. Producir el propio alimento es muy importante, porque se consumen verduras a un costo muy bajo. Por eso, muchas huertas comunitarias están en comedores, merenderos, centros de salud o sociedades de fomento”, opinó Seleme.

Hay huertas en las que predominan los jóvenes y en otras las personas mayores.

“Por eso decimos que generan un lazo social muy importante. En la mayoría hablamos más de la salud que de la enfermedad. Trabajamos en conjunto con la Secretaría de Salud para llegar a las personas con el mensaje de la importancia de la prevención”.

Otro objetivo que se persigue es que aquellas personas que participan de la huerta comunitaria luego repliquen la idea en sus casas, para que produzcan sus propios alimentos.

“Por eso desarrollamos un montón de talleres, que no son sólo de producción hortícola propiamente dicha, sino también de salud, desde el punto de vista de nutrición y vida saludable”, puntualizó Daiana Scaccia.

Nuevos desafíos

El grupo de trabajo se planteó un objetivo muy ambicioso: llegar a las 100 huertas comunitarias.

“Tenemos mucha demanda, pero queremos ir paso a paso, para no descuidar ninguna. En esto es crucial que los vecinos noten el acompañamiento. No es montar una huerta y luego desaparecer. Hay todo un trabajo anterior y posterior que debemos cuidar”, contó Val.

Y agregó: “No buscamos números, sino conseguir objetivos. No medimos el éxito del programa en números, sino en logros. Y creo que vamos muy bien trabajando de esta forma, con un gran equipo”.

Tienen claro que sin un equipo de trabajo consolidado es imposible lograr cosas.

“Y aquí hemos armado un gran grupo humano, que le mete muchas horas a este proyecto. Sin ir más lejos, al grupo de WhatsApp de cada huerta llegan mensajes a toda hora, y a todos se les da una respuesta, aún cuando muchas veces son cosas que nada tienen que ver con la huerta, y se le busca una solución a la problemática que plantean los vecinos”, dijo Seleme.

“La huerta dispara para muchos lados. A partir del trabajo en ese lugar, nos enteramos de situaciones muy complejas, como pueden ser casos de violencia familiar o abusos, y nos nos quedamos de brazos cruzados, sino que nos involucramos en el tema, direccionándolo hacia donde corresponda”, agregó Segura.

Además del trabajo diario, también organizan visitas a distintos colegios.

“Damos charlas sobre la importancia de las huertas, y tratamos de desmitificar que se precisa un lugar de tierra para producir alimentos. La realidad es que se puede cultivar en cualquier lado”, manifestó Scaccia.

“Los chicos, ya sean de primaria o ya adolescentes, se prenden muchísimo en lo que es cultivo y cosecha. Es sorprendente lo interesados que están y cómo trabajan con las herramientas que les brindamos”, añadió.

Otra idea que tienen es avanzar en huertas en espacios públicos, como pueden ser las plazas o parques de la ciudad.

“Pero para ello necesitamos que la gente se involucre, tanto en la producción como en el cuidado de las instalaciones”, señaló Val.

“Incluso, hemos avanzado con huertas adaptadas. Por ejemplo, en Incudi y en Don Orione se realizan trabajos especiales para que las personas con algunas limitaciones también puedan cultivar y cosechar”, dijo Seleme. 

Piensan, para un futuro cercano, generar una feria de la que tomen parte todas las huertas comunitarias.

“Para que puedan mostrar su producción en una feria, que se podría realizar mensualmente en algún lugar público. Y vender allí lo cultivado al público en general”, cerró Val.