Parque de Mayo: tres obras que merecen ser recuperadas
Los trabajos de puesta en valor que se llevan adelante actualmente en el principal espacio público de la ciudad, no dejan de ser una excelente oportunidad para atender otras afectaciones del lugar.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
No es novedad en la ciudad que los monumentos ubicados en sus espacios públicos sean el punto preferido por el vandalismo, así como también hay obras que exigen mantenimiento afectadas por el paso del tiempo.
Los trabajos de puesta en valor que por estas horas se llevan adelante en el parque de Mayo, no dejan de ser una excelente oportunidad para atender algunas de esas afectaciones.
Una de las obras en marcha es la generación de una plazoleta en la parte anterior del portal, la cual ocupará parte de la calzada.
En este sitio es innegable la necesidad de restauración de la tradicional arcada, afectado su revestimiento, con fisuras que sin poner en riesgo su estructura conspiran contra el buen estado general del conjunto. También las palomas la han afectado, al anidar en los recovecos que le ofrece el diseño de la pieza.
Desde Planeamiento urbano del municipio reconocen esa situación, pero mencionan que en esta etapa al menos no está planteada su recuperación.
La arcada fue construida en 1942, según un diseño del comisionado municipal, ingeniero Jorge Aguilar, quien luego de visitar al paseo descubrió que el mismo “carecía de fachada”. Lo resolvió con una arcada neocolonial, estilo muy de boga en la época.
Lo que queda
A pocos metros de la arcada, sobre Alem, se ubica un monumento que lleva 67 años en el lugar, cuyo estado decepcionaría a quienes lo inauguraron el 11 de abril de 1956.
"Esperamos que este homenaje permanezca aquí por años y años, para que las generaciones venideras sepan que esas altas y pesadas ruedas hicieron grande, ancha y poderosa la República".
Con esas palabras cerró su discurso el director del Museo Histórico municipal, Antonio Crespi Valls, al inaugurar el homenaje --una rueda de madera, con su perímetro intacto y cada uno de sus rayos--, que rendía además homenaje “a la gente que abrió los caminos de las civilizaciones”.
Hoy quedan apenas parte de tres de aquellos rayos. Nada más. Hace diez años la comisión asesora para la preservación del patrimonio arquitectónico e histórico de nuestra ciudad solicitó al Departamento Ejecutivo que se reponga el elemento en condiciones adecuadas.
Nunca se logró ni está considerada una reposición que, uno supone, no debe ser demasiado complicada.
No marca las horas
Otra adecuación se lleva adelante en la pequeña rotonda que rodea el pilar sirio-libanés, obsequio de esa colectividad en ocasión de celebrar la ciudad su primer centenario. Fue inaugurado el 11 de abril de 1928 y además de ser un elemento artístico tenía una finalidad práctica.
Esa columna rematada con un capitel de inspiración jónica contenía un reloj de cuatro cuadrantes, obsequio que se esperaba "perdure a través del tiempo" y que traducía "el sentimiento de honda simpatía" de los libaneses a la comunidad.
"Este reloj aspira a recibir a la segunda centuria de Bahía Blanca, con todos sus progresos, sus edificios, su industria y su nueva sensibilidad", escribió un cronista, pensando en que el mismo llegaría a 2028.
Lo cierto es que el reloj se convirtió en blanco ideal de gomeras, piedras y balas. Resultado: a poco de inaugurado estaba hecho trizas. El gobierno municipal consideró al hecho como "un bochorno para la cultura de Bahía Blanca" y dispuso su recolocación. Duró nada.
Desde entonces el pilar luce su capitel vacío. Ahora, el centro Sirio Libanés --Alberdi 1437-- se ha interesado en el tema.
“Queremos recuperar ese monumento y el de la plaza de Villa Mitre”, señalan desde la entidad. Por eso han manifestado su voluntad a las autoridades municipales, de modo de “encaminar la iniciativa”.
Reponer el reloj no debe ser demasiado problemático a esta altura del siglo XXI, incluso se lo puede imaginar alimentado por energía solar y construido con algún material antivandálico porque, es esperable, no faltará el estúpido de siempre.
Un recibidometro
Como consecuencia de la intervención en la zona de la arcada, la municipalidad pidió a las autoridades de la Universidad Nacional del Sur que instruyera a sus alumnos para que eviten realizar en ese lugar la tradicional ceremonia de sus egresados, la cual incluye arrojarle harina, huevos, aceite.
El pedido sugiere que esa práctica se desplace a Córdoba y 12 de Octubre, siempre en el paseo.
Es curioso que tanto la UNS como otras instituciones similares no dispongan, cada una, de un lugar adecuado para ese tradicional festejo, un “recibidometro” como se lo menciona.
El Dr. Daniel Vega, rector de la UNS, mencionó a este medio que son muchos los institutos que concurren a ese sitio para esa celebración.
“Nuestra universidad se ha planteado generar un espacio específico para esa práctica, pero nunca lo concretó. Creo que la municipalidad también tiene un proyecto sobre esa obra”, señaló.
Efectivamente, desde el área de Planeamiento urbano comunal se confirmó que existe una intención de realizar una obra que permita realizar esa ceremonia de manera adecuada y que sea simple de limpiar.
“Pero no es algo que esté entre nuestras prioridades”, indicaron.