Bahía Blanca | Martes, 28 de junio

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Una esquina de enemigos, entre ranchos y bicicletas, donde se tomó la primera foto de la ciudad

Se trata de un rincón de la ciudad donde los nombres de las calles evocan a dos comandantes del fuerte, quienes se enfrentaron a muerte.

Una de las imágenes tomadas con posterioridad.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Una de las esquinas de Zelarrayán y Rodríguez, en Bahía Blanca, con vista hacia la plaza Rivadavia, ocupa un lugar destacado en la historia de la ciudad.

   En diagonal estaba, a fines del siglo XIX, la vivienda de la familia Pronsato. Desde ese lugar fue que Antonio Pronsato tomó, en 1869, la considerada primera fotografía de la ciudad.

   En la misma se observa, en primer plano, un típico rancho de la época fundacional, con paredes de adobe y techo de paja. Al fondo asoman las torres de la Catedral, el edificio demolido en 1900 para dar lugar al que hoy conocemos. A su lado se advierte la parte trasera del inmueble que cobijó a la primera escuela pública local, ambos edificios con frente a calle Sarmiento.


La primera foto.

   Una segunda foto de la esquina, tomada en la década del 20, muestra una construcción más moderna, con paredes revocadas, algunas molduras y pilastras clásicas marcando el ritmo entre las ventanas.

   Allí instaló la tradicional casa fundada por Federico Borgani su taller mecánico de bicicletas, que convirtió al lugar en un sitio poblado de ciclistas que concurrían a reparar sus vehículos. Se promocionaba a su vez la venta de máquinas de la mítica marca Harley Davison.

   La última imagen, actual, muestra la esquina con un local en planta baja y una planta alta. Los edificios en altura se imponen en el paisaje y se alcanza vislumbrar –pegada al edificio Caviglia y su reconocida antena que fuera de Canal 9 TeleNueva-- la cúpula que remata una de las torres de la Catedral.

   Un detalle final. La esquina evoca a dos hombres relacionados con la etapa fundacional de nuestra ciudad: Juan Zelarrayán y Martiniano Rodríguez. Ambos fueron comandantes del fuerte. Con una curiosidad, en 1838 Zelarrayán formó parte de una conjura que buscaba asesinar al gobernador Juan Manuel de Rosas. Descubierto el hecho, debió huir del pueblo para evitar ser apresado.

   Martiniano Rodríguez fue precisamente el encargado de su persecución, hasta lograr emboscarlo a las márgenes del río Colorado, donde, luego de resistirse a balazos, Zelarrayán fue muerto.

   Su cabeza fue cortada y enviada a Rosas, quien la exhibió durante varios días  en el patio del cuartel de Retiro. La esquina, entonces, materializa un encuentro entre dos hombres que, en los hechos, se enfrentaron a los tiros.