Escenario político: una jugada de alto riesgo, un dato oficial que pocos miran

10/7/2020 | 06:30 |

El intendente decidió defender el actual estatus de Bahía Blanca, a pesar del reclamo de los infectólogos de volver a fase 1. Se cargó sobre sus espaldas un peso que hasta ahora no tenía.

Héctor Gay, ayer, en el acto del 9 de Julio. (Pablo Presti - La Nueva)

Maximiliano Allica / mallica@lanueva.com

   El intendente Héctor Gay se mantiene en la convicción de que hay dos variables principales al momento de evaluar la fase 4 para Bahía Blanca. Entre ellas no figura, al menos hasta hoy, la cantidad de casos.

   Los dos ítems decisivos para el gobierno municipal son el número de camas disponibles en el sistema sanitario y la cifra de fallecidos, que el miércoles llegó a 7. Es un dato que está muy por debajo de las proyecciones realizadas en marzo al inicio de la pandemia, por más que el goteo pesa.

   En Alsina 65 sorprendió la decisión del gobierno bonaerense de mantener la fase actual para nuestro distrito, comunicada el lunes. También dejó pedaleando en el aire a varios en la mesa chica del Frente de Todos local, que esperaban una resolución más dura de la Provincia, en línea con el discurso habitual de Axel Kicillof.

   La circulación comunitaria y el tiempo de duplicación menor a 15 días podían bastar para que la Provincia decidiera una vuelta atrás, sumando el argumento de que la capacidad hospitalaria todavía es óptima pero no hace falta esperar hasta exigirla.

   En paralelo a esa confirmación, un grupo de infectólogos de Bahía Blanca pidió al Municipio volver a fase 1 por dos semanas. Piden más testeos, más acciones en territorio y unos días de aislamiento estricto para los bahienses, con el objetivo de aplanar una curva que pasó de tener la forma de un avión que despega a la de un cohete.

   Si el mantra hasta hace poco era "el objetivo de la cuarentena es aplanar la curva, no eliminar la enfermedad", ahora la meta no se está cumpliendo.

   Gay y su equipo de trabajo estuvieron a punto de atender el reclamo, pero finalmente se mantuvieron en su lugar, en una jugada de alto riesgo.

   Hasta el lunes, la responsabilidad política de no endurecer la cuarentena era de Kicillof, lo cual implicaba cargarse en su mochila el avance del virus en nuestra ciudad. Desde el día siguiente buena parte de esa responsabilidad se transfirió a la espalda de Gay, que se mantiene apoyado con toda firmeza en la respuesta hospitalaria.

   Aquí hay un punto a subrayar. Las áreas Covid de los hospitales bahienses tienen un 18% de ocupación y apenas alrededor del 10% de los respiradores están en uso. Pero hay otros datos que relativizan esa holgura.

   Las áreas no Covid del Hospital Penna se encontraban a mediados de semana con una ocupación del 76%, en el Italiano y el Privado del Sur estaban en el 80% y en el Municipal en el 90%, a lo cual se debe agregar que allí se acaba de producir un brote entre el personal que afecta recursos materiales y humanos.

   Mientras se siga incrementando la ocupación hospitalaria por otras enfermedades llegará un punto en el cual se saturarán esos sectores y habrá que utilizar los otros. Es absurdo creer que a un paciente de bronquitis no le darán una cama Covid y lo mandarán a un pasillo.

   Y, mientras continúen apareciendo contagios entre el personal de salud y eso obligue a multiplicar aislamientos, los números de camas dejarán de ser absolutos. Las camas hospitalarias solo cuentan si hay personal que las atienda.

   Con informes que muestran cifras de positivos marcando récords todos los días, la opción de retroceder aparece clara en el horizonte. La pregunta, luego de que se confirmaron más de 100 casos en 9 días (pasaron de 106 el 30 de junio a 209 ayer), es cuándo.

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   Bahía Blanca, al igual que todo el país, va a un esquema de "cuarentena fuelle". Cuando los números se salgan de cauce, se cerrarán actividades; apenas la curva vuelva a niveles tolerables, se reabrirán.

   En ese esquema, se puede tener una actitud general más restrictiva o más aperturista. El gobierno local forma parte de este último grupo y hace bien. El coronavirus y el distanciamiento social llegaron para quedarse durante un plazo incierto, quizás muy largo, y hay que hacer todo lo posible para que la gente trabaje, estudie, pasee y trate de tener una vida lo menos aplastante posible.

   El timming ahora es cuándo ajustar. El costo político de volver a encerrar es fuerte pero permite hacer previsiones, el costo sanitario de no acotar actividades es impredecible. ¿Por qué Bahía querría ser uno de los primeros lugares de Argentina en tener una amenaza de desborde? ¿O estamos lejos de esa amenaza?

   Según Juntos por el Cambio todavía hay margen; de acuerdo con el peronismo bahiense, el oficialismo está caminando vendado hacia la cornisa.

   Que la oposición no lo diga abiertamente obedece a varios motivos, uno de ellos ya mencionado: Kicillof bancó esta semana, con su firma, la fase 4. De todos modos hay un ala dura en el Frente de Todos que presiona para empezar a romper lanzas. A ese sector lo vienen conteniendo algunos pocos referentes, entre ellos, Federico Susbielles.

   Es la primera vez que un grupo tan nutrido de médicos realiza una manifestación pública, aunque ya dos infectólogos de prestigio como Laura Giordano y Diego Maurizi venían criticando la escasez de acciones de rastreo del virus, en diferentes notas periodísticas.

   Ejemplo: un mes después del brote en un geriátrico todavía no comenzaron los testeos aleatorios en residencias de ese tipo, donde todos los internados son grupo de riesgo. Para ser aperturista hay que blindar a los más vulnerables.

   Se anunció el inicio de ese programa a comienzos de junio pero Región Sanitaria, que aportará los insumos, recién ayer pudo coordinar con la Secretaría de Salud del Municipio, que pondrá el personal. La semana que viene debería comenzar a implementarse.

   Si bien el análisis de las cifras en la pandemia tiene mucho de contrafáctico (¿qué habría pasado si en vez de este camino se hubiera tomado el otro?) es evidente que la ciudad está ingresando de manera lenta pero firme en la etapa crítica.

   "Evitémosla a toda costa", es la postura de algunos. "En algún momento tiene que suceder y para cruzar el río hay que mojarse las patas", es el razonamiento de otros.

   Ni Gay ni Kicillof ni Alberto Fernández fueron entrenados para gestionar una pandemia, montada a una crisis económica espeluznante. Echar culpas o hacer señalamientos es mucho más fácil que ponerse en el lugar de quien toma decisiones, sobre todo porque esas decisiones pueden costar vidas humanas o vidas de empresas, cuya debacle también deriva en problemas humanitarios (más desempleo, más pobreza, más desesperación, más necesidad de subsidios, más inflación).

   El impacto psicológico para los sectores que tienen que cerrar y abrir es muy fuerte, pero también lo es para todos aquellos que observan cómo la curva sube y las balas empiezan a picar cerca.

   Finalmente, un dato oficial para tener a mano y que quizás sirva para entender un poco todo el lío anterior.

   Según el Ministerio de Salud de la Nación en su página web, las zonas con libre circulación comunitaria en el país son el AMBA, cuatro ciudades de Chaco incluyendo a Resistencia, tres de Neuquén contando a la capital y dos de Río Negro, que son Cipolletti y General Roca.

   No figura Bahía. Al menos por ahora.

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