Oscar Hernández, el atleta del "millón" de trofeos y más de 300 récords levantando pesas
45 años compitiendo en el máximo nivel. Participó en 3 mundiales y 6 Sudamericanos, de los cuales ganó la mitad. Y estuvo 31 años como instructor en el Club Universitario.
Por Javier Oscar Schwab / jschwab@lanueva.com
A los 27 pisó un gimnasio por primera vez en su vida. En realidad, fue a conocer el que tenía el club Pacífico y lo cautivó el entorno. Se dio cuenta que iba a ser una postal para el resto de sus días.
"Así arranqué", recuerda Oscar Hernández, con flamantes 73 años. Hoy, las pesas lo siguen cautivando, aunque está sólo porque perdió recientemente a su pareja de toda la vida, su esposa Rogelia.
En su pequeño patio, donde armó algunos aparatos, y en su quincho con "millones" de trofeos y cientos de anécdotas, además de récords envidiables descubrió una vida activa que lo mantiene en forma y mucho más saludable.
"Son 45 años esfuerzos permanentes. Hoy entreno en mi casa porque los gimnasios están cerrados. Lo hago durante una hora diaria", contó "Oski" o "Cacho", como lo llama su hermano Jesús.
Entre cintos de cueros que fabrica él mismo sobresale uno albiceleste que resalta por trayectoria.
"Este no se consigue (risas). Tiene 25 años y vale una fortuna", apunta.
Los corta, agujerea y cose a mano; y luego anexa la hebilla.
"El cinto te salva la cintura, te ayuda a hacer más fuerza con el abdomen", señala, mientras muestra unos zapatos deportivos de cuero, bendas para las rodillas, muñequeras y la malla sintética utilizada para hacer sentadilla.
Las fotos reflejan su palmarés ganador, y la participación en 3 mundiales.
"El primero en Uruguay 1991, donde terminé quinto; luego en Villa María (1998), en el que obtuve la medalla de plata en despegue y sentadilla, y bronce en banco. El tercero, también en Villa María (2002), quedé séptimo", recuerda.
Oscar fue 3 veces campeón sudamericano, y obtuvo dos segundos puestos y un tercer lugar, siendo uno de los mejores pesistas de Latinoamérica.
"En 2005 competí en categoría Master II hasta 82,5 kilos, en el 21º Sudamericano, con 190 kilos en sentadilla, 90 en fuerza en banco y 230 en despegue, para alcanzar un total de 510 kilos. Un récord aún vigente”, aseveró.
"En 1996 gané el título Sudamericano en San Pablo, Brasil. En mi carrera me ayudó mucho el club Universitario, donde estuve 31 años (81 a 2011) trabajando como instructor", afirmó.
Formó a más de 300 atletas, muchos de ellos reconocidos.
"Hoy sigo enseñando, compitiendo o haciendo de jurado. Estoy ligado a la Asociación Bahiense desde 1975", remarcó.
El pequeño gimnasio en casa, rodeado de premios y recuerdos.
-¿Lo suyo es pasión?
-Sí. Me gustaba entrenar, lo hacía con mi hermano, me encantaba hacer fuerza. Después me ayudó el físico, la conducta y dedicación.
-¿El secreto del éxito?
-El entrenamiento; ser consciente, no a lo loco. Es escalón por escalón. Cuando se llega a una meseta hay que bajar de peso para descansar la mente.
"Durante 9 años hice levantamiento olímpico, competí en certámenes nacionales. Se exige más velocidad. En potencia, que suplantó al olímpico, se trabaja distinto", aclaró.
-¿Sentadilla es más difícil que banco y despegue?
-Sí. Porque cuesta mantener el equilibrio.
-¿Cuáles fueron sus mejores marcas?
-En 2010, en Ezeiza, alcancé un marca mundial -232 kilos en despegue- que luego no fue homologada. De todas maneras está contemplada, en la Asociación Bahiense y en FALPO (Federación Argentina de Potencia) figura. Y la marca más grande que obtuve ocurrió en el Mundial 1998, con 277,5 kilogramos en despegue.
“No quedó como la mejor de Sudamérica porque el brasileño que terminó arriba no lo hizo en los términos legales. Si competís de manera ilegal tu carrera se hace corta, no podés mantenerte en el tiempo y todo se sabe”, aseguró Hernández.
-¿Cuándo empezó a obtener los mejores resultados?
-Después de los 40 años. Entrenaba dos horas diarias en Universitario, trabajaba muchísimo sin exigir los músculos. Para triunfar hay que tener perseverancia.
-¿Cuántos torneos disputó?
-Más de 400, en 45 años de pesas. Arranqué en 1975 y tuve la suerte de realizar 300 récords entre torneos locales, nacionales y sudamericanos. Y tuve la suerte de viajar mucho por nuestro país, aunque también competí en Uruguay y en Brasil.
-¿También formó a muchos atletas?
-Sí. Entre 300 y 400 alteltas se han formado conmigo, y debo haber sacado a unos 20 campeones nacionales. Todavía sigo enseñando, aunque este año me tuve que retirar un poco por la enfermedad de mi esposa.
“El año pasado hice todos los esfuerzos posibles para ir a los torneos, ayudar, colaborar. Pero me resultaba muy difícil concentrarme. Estar en un torneo implica, además de competir, arrancar temprano aguardando la llegada de los atletas. Primero se realiza el pesaje, luego la competencia y también me gustaba hacer de jurado. Volvía tarde a casa, pero siempre con el orgullo del deber cumplido”, contó.
-¿Es el pesista, en actividad, más longevo de Bahía?
-Soy de los más viejos, jajaja. Tengo un alumno, que también es un gran amigo, que ya cumplió los 59 años. Se llama Alejandro Lemarchand y está conmigo desde que arranqué en UNI.
“Cuando empezamos en el club no había nada, hicimos comprar los fierros. Con Alejandro iniciamos la subcomisión de pesas de Universitario. Y se empezó a llenar de jóvenes”, dijo.
“Las primeras pesas se las compramos a la persona (Mario Trobiani) que me enseñó a levantar pesas en Pacífico. Eran 200 kilos de pesas olímpicas con la barra; en ese entonces costaron 250 pesos”, recordó.
-¿Antes se competía en los clubes?
-Casi todos los clubes tenían gimnasio de pesas. Universitario, Olimpo, Villa Mitre y Estudiantes, entre otros. En Villa Mitre, con Alejandro, hicimos docencia, fuimos a dar clases. El club era una maravilla, tenía barras y más de 200 kilos de discos olímpicos.
“Después los dirigentes fueron relegando las pesas de los clubes hasta que los corrieron. Ahí aparecieron los gimnasios. Hoy en día, con el empuje de la Asociación y su presidente (Pablo Rivera) se organizan entre 10 y 12 torneos anuales en distintos gimnasios de la ciudad”, puntualizó.
La magnitud de las pesas no son impedimento para Oscar, una leyenda de las pesas bahienses.
-¿Hoy se perdió el interés por las pesas?
-Al contrario. Está gustando, pega en los jóvenes. Los gimnasios se llenan.
"Cuando ven un viejo como yo que todavía mete 200 kilos o más en despegue, como me pasó el año pasado en Sierra de la Ventana, se entusiasman. Miran incrédulos, como diciendo: “¡Este viejo, mirá, levantó 210 kilos…! A los chicos se los doy de corazón, para que puedan ver y aprender”, sintetizó.
-¿El corazón resiste?
-Me hice un chequeo el año pasado y el médico me dijo: “Tu corazón está impecable; funciona de acuerdo con la edad que tenés”. Si sigue así no tengo porqué dejar de competir, jajaja.
-¿Puede contar una anécdota de tu etapa mundialista?
-En Villa María, Córdoba. Fue la primera vez de un pesista firmando autógrafos. Los pibes venían y me pedían firmas o una foto. Yo estaba con la vestimenta del seleccionado argentino.
“En un momento me puse la campera que decía CUBB (Club Universitario Bahía Blanca), con el color rojo y las letras blancas. La gente miraba y pensaba que era un atleta cubano; las letras a lo largo de la manga y el pecho se asemejaban a Cuba. ‘Ehh…, señor, ¿usted es de Cuba?’. No les contesté nada hasta que se armó un grupo de varios chicos y empecé a reírme. No aguanté: ‘No, yo soy argentino…’. Ahhhh…, girtaron todos y se fueron haciendo un gesto, jajaja”, contó.
“Al mundial de Córdoba vinieron más de 30 países, había unos 250 atletas para todas las categorías. Fue una fiesta hermosa. En las tres especialidades terminé tercero detrás de un estadounidense y el brasileño. Gané dos platas y un bronce”.
Su familia, el sostén
-¿Cómo se enfrenta la soledad?
-Con la cabeza ocupada. Salir a entrenar, estar con mis hijos José Enrique (54 años) y Natalín Maribel (33). Con la gorda (por su esposa) descansamos 20 años. La excusa (risas) fue que mi hijo se iba de la casa y nos quedábamos solos.
“Y tengo 7 nietos (Ezequiel -16 años-, Ayelén -15-, Luzmila -14-, María Fernanda -12-, ‘Chulito’ –Nahuel, con 6- y Mélani -4-), y uno que falleció (Francisco). Viven cerca de Villa Rosas, pero los traigo y los llevo, siempre estamos juntos”.
-¿Qué te genera que los gimnasios estén cerrados?
-Dolor. están matando a los dueños de los gimnasios, porque los alumnos pueden entrenar en sus hogares. Al gimnasio donde yo voy el dueño (Gonzalo) tuvo que salir a trabajar de albañil y de soldador. De otra manera no podía pagar el alquiler ni alimentar a su familia.
"Es traumático. Había gente que se estaba preparando para el nacional que se iba a disputar en Bahía. Estaban haciendo una rutina pesada y el parate les cortó las piernas. En Bahía hay más de 100 gimnasios, duele mucho verlos cerrados y no sé cuántos podrán volver a abrir sus puertas”, dijo.
-¿Hasta dónde llega la desesperación de esa gente que no puede trabajar?
-Hay que ponerse en su lugar. Conozco amigos, dueños de gimnasio, que tuvieron que alquilar sus pesas y barras. Es como entregar tus herramientas de trabajo, pero para poder subsistir. Ojalá todo vuelva a la normalidad cuanto antes.