Cómo viven la pandemia los jóvenes que vinieron a estudiar a Bahía
Cómo es estudiar virtualmente. Qué aspectos de su vida cambiaron. Algunos decidieron irse a sus “pueblos”, otros permanecieron en la ciudad pensando que todo pasaría rápido. Pro y contras de esta cuarentena.
Por Claudio Rodríguez Kiser / crodriguez@lanueva.com
Cinco historias. Diferentes, pero similares.
Cinco jóvenes que llegaron a Bahía Blanca desde otros puntos de la región, y no tanto, para encontrar su futuro.
Dejaron sus casas y sus familias, sus amigos y la tranquilidad de sus “pueblos” --como la mayoría llaman a sus lugares de origen--, para iniciar un recorrido valioso en sus vidas.
Hoy, el COVID-19 les pone piedras en el camino que no pensaban encontrarse, y aunque en algún momento los hizo tambalear, la propia frescura de sus jóvenes abriles les permiten afrontar esta pandemia con más certezas que miedos.
Mercedes, Tobías, Alina, Bautista e Irina, cuentan cómo es la vida de un estudiante en tiempos de coronavirus.
Un denominador común en ellos fue el “valorar las pequeñas cosas”. Quizás, lo que muchas se entiende de grande, el coronavirus los hizo graduar con anticipación.
Conozcamos sus sensaciones…
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“Le dediqué más tiempo y
mejor calidad a la universidad”
“Antes de la cuarentena, un día normal para mí era levantarme temprano, estudiar, tomarme el colectivo hasta la universidad para cursar varias horas, luego ir a entrenar y seguir estudiando. Dormía muy pocas horas por día. Hoy mi día se mantiene ocupado, pero de forma más relajada, se basa en estudiar, cursar y, entre medio, cuando tengo tiempo dedicar una hora a hacer ejercicios”.
Mercedes tiene 19 años y se encuentra estudiando el segundo año de Arquitectura en la UNS. También juega al vóleibol.
Es de Río Grande, Tierra del Fuego, a más de 2.200 kilómetros de Bahía. Al momento de decretarse la cuarentena estaba en Bahía y le fue “imposible volver a mi ciudad porque habían cerrado los aeropuertos”.
A ella, la cuarentena le corrigió sus hábitos y contó que no pensó en dejar de estudiar la carrera por la cuarentena, “pero sí en volver a mi provincia a seguir la modalidad virtual”.
“Todas las materias comenzaron su cursada en modalidad virtual. En mi carrera cambió demasiado porque casi todo es práctica, tenemos que llevar material y maquetas para corregir todo el tiempo, y virtualmente no es lo mismo. Tuvimos entregas de trabajos y exámenes virtuales. El lado bueno es que para las entregas tuve que aprender a usar programas en la computadora, que por ahí antes no había tenido la necesidad, y siempre vienen bien”, comentó.
Mercedes dijo que donde más afectada se vio fue “en lo social” ya que pasó la mayoría del tiempo sola, y tampoco puede entrenar el deporte que le gusta.
“Todos los días hago una hora de físico. Busco rutinas de YouTube, o las que pasaron de mi club (Liniers) o de Tierra del Fuego, depende del día”, señaló.
No obstante, Mercedes sostuvo que estando en cuarentena duerme "más tiempo y mejor" que haciendo "vida normal".
“Mi sueño cambió para mejor porque ahora, al no tener el día tan ocupado, puedo dormir más horas y descansar mejor. Mi alimentación mejoró muchísimo también porque tuve más tiempo para organizarme y preparar mis comidas, siguiendo mucho mejor el plan de mi nutricionista”, añadió.
Además, expresó que le dedicó horas “al orden y limpieza de mi casa, que antes por falta de tiempo dejaba para lo último. Tengo más tiempo para mí misma, le dediqué más tiempo y mejor calidad a la universidad, aprendí programas y tecnologías que no conocía”.
Afortunadamente, sus padres al ser trabajadores del Estado pudieron continuar trabajando.
"Con respecto a la posibilidad de salir, tampoco fue un cambio demasiado drástico porque en Tierra del Fuego se pasa muchas horas más adentro que en resto de las provincias, podría decirse que toda la vida transcurre en interiores, por el frío. En relación a la familia, intentaron acompañarme, estando todavía más comunicados que de costumbre", dijo.
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“Hubo muchos cambios tanto en la
vida universitaria como en la privada”
“Mis días cambiaron muchísimo. Antes de la cuarentena cursaba temprano, dormía algo de siesta y estudiaba hasta la hora de ir a entrenar. Hoy, me levanto al mediodía, hago cosas de la Uni y entreno unos 40 minutos con unas pesas que armamos en mi casa. A mi día le sobran horas”.
Tobías, tiene 19 años y estudia Licenciatura en Nutrición en la sede bahiense de la UCALP. Se encuentra en el segundo año en la carrera.
Es de Guatraché, La Pampa, a 188 kilómetros de Bahía y al momento de decretarse la cuarentena se encontraba “en el pueblo”.
“Me había ido unos días antes porque habían suspendido por todo este tema un torneo que teníamos con el club. A raíz de esto, me di cuenta de la gravedad del asunto y decidí volverme a mi casa, aunque pensé que iba a regresar rápido. De hecho, ni ropa me traje”, recordó el también jugador de vóleibol.
Agregó: “Me volví al pueblo dos días antes de que empiece la cuarentena, sin saber que iba a estar 70 días en Guatraché. Ahora ya me quiero volver a Bahía. Nunca se me pasó por la mente dejar la carrera porque desde el primer momento entendí que esto que está pasando es algo que nadie puede controlar, entonces me tengo que adaptar me guste o no”.
Para Tobías, “hubo muchos cambios tanto en la vida universitaria como en la privada”.
“Adaptarnos a esto que está pasando y aprender una nueva forma de cursar y de rendir creo que fue muy importante. Tanto nosotros como la universidad en si estamos aprendiendo esta modalidad virtual sobre la marcha. Me tocó tener exámenes virtuales parciales y próximamente vendrán los finales”, sostuvo.
Entre las actividades que más extraña están “tomar unos mates con un amigo, ir a tomar algo a algún bar o simplemente cursar. Son cosas que afecta no tenerlas”.
Contó que a raíz de esto tiene la hora de sueño cambiada, pese a que llega a dormir al menos 6 horas diarias.
“No puedo acostumbrarme a dormir temprano sabiendo que estoy en mi casa y no necesito más que prender la ‘compu’ para empezar a cursar. La alimentación siempre la mantuve en un horario de entre las 13 y 14, durante gran parte de mi vida por lo tanto ya es una costumbre”, comentó.
Y agregó: “en casa colaboramos todos, fuimos criados así, aunque las cosas de universidad o el trabajo siempre están por encima de cualquier otra”.
"En la Uni los padres pidieron una reducción de la cuota, aunque esta fue rechazada. Mis padres están muy atentos a todo, aunque mi mamá ya comenzó a trabajar. En cambio, mi papá es paciente de riesgo, por lo que va a estar libre mucho tiempo hasta que pueda volver al trabajo”, apuntó.
Finalmente, Tobías buscó encontrarle algo bueno a esta pandemia: “A partir de esto empezamos a valorar la esencia de las cosas simples como charlar con un amigo, dar un abrazo o cosas similares. Esta situación creo que nos va a unir mucho más”.
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“Quizás esto te relaja más y no aprendemos
los conocimientos de la misma manera”
“Antes de la pandemia, me levantaba temprano a estudiar, cursaba, entrenaba y trataba de juntarme con mis amigas o mi novio. Ahora es bastante distinto. De hecho, adoptamos un cachorro con mi novio para ponerle un poco más de ‘alegría’ a todo esto. Hoy, estudiamos, limpiamos, hacemos las compras en un horario para no hacer mucha cola y cosas para despejarnos y que se pase un poco más rápido el tiempo”.
Alina, tiene 22 años, y se encuentra realizando las capacitaciones de auxiliar de farmacia y secretariado médico en la Escuela Argentina de Idiomas y Tecnología (EAIT). Es de Santa Rosa, a 327 kilómetros de Bahía Blanca, y al momento de la cuarentena estaba en la ciudad.
“Nunca pensé en dejar de estudiar, aunque sí en volverme a Santa Rosa, pero cuando quise no se pudo y cuando se pudo pensé que esto ya iba a pasar. Me adapté y acostumbré a Bahía y a mi departamento y decidí quedarme”, contó.
Alina señaló que su vida universitaria cambió, ya que el Instituto en el cual estudia no cuenta con una plataforma virtual.
“Ante me preparaba muchísimo para un examen presencial. Ahora, a veces nos evalúan con trabajos prácticos. Nos manejamos con un grupo de WhatsApp. Quizás te relajas más y no aprendemos los conocimientos de la misma manera. Esto nos preocupa mucho. Tuve exámenes virtuales y trabajos prácticos”, detalló.
“Por suerte, en el Instituto decidieron rebajarnos las cuotas de abril y mayo, aunque no sabemos cómo será en junio. En cuanto al alquiler pagamos normalmente todo”, agregó.
“Mis papás saben que me cuido, que cumplo con la cuarentena y estamos comunicados constantemente. Lo que más les hace ruido es que en La Pampa casi no hubo casos y acá hay muchos más”, contó.
Alina expresó que sufrió muchos cambios a raíz de esta pandemia.
“Tenía una rutina activa y horarios organizados para las actividades. Ahora es solo hacerte el lugar para estudiar, cursar y limpiar la casa día por medio, que creo que fue el mejor cambio porque antes no llegaba con ganas. Tengo tiempo de sobra”, sostuvo.
Y agregó: “Los primeros días de la pandemia seguí con mi rutina, aunque a veces me acuesto y me levanto a cualquier hora. Igualmente, trato de mantener la misma alimentación que tenía antes de la pandemia para no desorganizar tanto todo. De a poco, intenté acomodarme de nuevo para cuando termine todo esto”.
Sobre la actividad física, la jugadora de vóleibol sostuvo que trata de hacer ejercicios o alguna rutina.
“Hago las que manden del club (Tiro Federal) o busco alguna serie de ejercicios en internet o alguna aplicación y ahora que se puede salir ciertos días aprovecho y salgo a andar en bici”, dijo.
Y cerró diciendo que la pandemia “me permitió pensar muchas cosas y entender que se necesita tiempo para uno mismo. Además, pude iniciar un proyecto que tenía en mente hace rato y por falta de tiempo antes no lo había podido lograr”.
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“Pensé en dejar de estudiar,
estaba muy agobiada y sofocada”
“Había leído sobre los contagios en Italia y China y veía que se estaba expandiendo por todo el mundo. Llegué a Bahía una semana antes, hablé con mi abuela, le comenté un poco y la verdad que estaba bastante asustada, por lo que volví a mi pueblo y a los cuatro días se decretó aislamiento total”.
Irina es de Ingeniero Huego, Río Negro, a 459 kilómetros de Bahía Blanca y es una de las estudiantes que estaba cumpliendo su primer año en nuestra ciudad. La joven de 19 años había empezado, pocos días antes, a cursar el primer año del Nivel Inicial (maestra jardinera).
“Sinceramente, cuando pasó todo esto pensé en dejar de estudiar, ya que estaba muy agobiada y sofocada con los trabajos prácticos y el encierro”, esgrimió.
“Puedo contar muy poco sobre cómo era cursar, porque solo tuve una semana y media. Hay algunos contenidos que deberían ser explicados personalmente o sobre un pizarrón porque, aunque muchas veces son entendidos correctamente, se complica. Tengo cursadas online y envíos de trabajos”, aseguró.
En lo que más le afectó fue en la interacción con las personas y en el movimiento diario para cumplir con sus tareas, aunque sostuvo que “ayudó a valorar algunos pequeños detalles y también las horas de sueño”.
“Algunas semanas duermo 9 horas, me levanto temprano y hago todas las comidas correctamente, aunque en otras me levanto después del mediodía y ando sin ganas de hacer nada y con sueño”, detalló.
Y agregó: “Trato de quedarme hasta la 1/1.30 para poder levantarme temprano, desayunar y hacer algo de la ‘Uni’, de la casa o hacer ejercicios físicos. Muchas veces me la paso hablando por mensaje o videollamada. Busco hacer las cuatro comidas, aunque no siempre sucede”.
Aseguró que esta pandemia la hizo valorar aún más “las ‘pequeñas’ cosas, como un abrazo, alguna charla, el poder salir a la hora que sea a simplemente caminar y no tener alguna hora de llegada, poder compartir un entrenamiento. Modifiqué mucho mi pensamiento”.
Irina también contó que “gracias a las charlas virtuales con nutricionistas pudo conocer los beneficios de algunos alimentos y con kinesiólogos supo cómo evitar algunas lesiones. Hoy, con pocas cosas, se pueden hacer ejercicios en casa”.
En cuanto a la crisis económica que trae aparejado el COVID-19, comentó que “mis abuelos no tuvieron dudas sobre seguir pagando el alquiler y no fue un gran problema. Por suerte, nos hicieron una rebaja de luz, gas y agua, ya que desde marzo que estoy en mi ciudad”.
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“A veces cuesta entender un
poco más las clases en línea”
“Cuando se decretó la cuarentena me encontraba en Bahía Blanca y al otro día ya me estaba volviendo al pueblo. Sinceramente pensaba que serían algunos días y no que íbamos a estar más de dos meses sin poder cursar normalmente, ni tampoco entrenar”.
Bautista tiene 18 años y se encuentra realizando un curso de diseño gráfico en el Instituto Sarmiento. Es de General Acha, La Pampa, a 275 kilómetros de Bahía Blanca, y nunca dudó en seguir estudiando, aunque reconoce que bajó la intensidad con los libros.
“El departamento lo mantenemos con mi familia, porque bajaron los costos y los gastos y eso hace que no sea tan complicado”, contó.
A la espera de empezar la carrera terciaria de Diseño Gráfico realiza un curso que le permite entrar “en el ritmo de Bahía”.
“Lo que cambió en esta cuarentena es poder estar en clase y que el profesor nos controle para ver si los ejercicios de práctica están bien y nos explique. Eso se perdió y nosotros nos enteramos una vez entregado los ejercicios”, comentó.
El jugador de vóleibol detalló que “en un día normal en mi vida como estudiante me levantaba temprano a hacer los trabajos, iba a entrenar a la tarde, luego repasaba los ejercicios y por la noche hacía el segundo turno de entrenamiento. Después, cocinarme y dormir”.
Expresó que en su pueblo no se modificaron sus hábitos.
“En Bahía entrenaba vóleibol en Liniers y el resto del tiempo estudiaba. Ahora que estoy de nuevo en Acha sólo cambia que estoy más con mi familia, porque después me mantengo estudiando y entrenando la parte física”, señaló.
“No hacía mucho en mis días, porque es mi primer año, sólo hacía el curso e iba a entrenar. Además, me llevo bien con la cocina, por lo que no tenía problemas. Quizás lo más complicado para mí fue el aspecto deportivo. Para los que estamos acostumbrados a hacer deportes desde muy chico y mucho tiempo, frenar tan de repente puede ser difícil. En lo que respecta al estudio, quizás me percaté que a veces cuesta entender un poco más las clases en línea”, explicó.
Respecto a la actividad física, dijo que “hago ejercicios de pesas en mi casa y salgo a correr cuando lo permiten. Al no hacer mucho en el día no me afectó tanto. Pero indudablemente no me gusta la cuarentena para nada”.
Y cerró diciendo que “los funcionarios están llevando bastante bien la situación, sobretodo en mi provincia, y nosotros en casa estamos siguiendo todas las indicaciones para prevenir los contagios”, cerró.