Bombas y “tortazos”

“Me cansó que hablen de mi por atrás, por eso me fui de Pacífico”

16/5/2020 | 07:30 |

No importa el tema, tampoco que no siga ligado al fútbol de la Liga del Sur. Pablo Sebastián Stortini, ex jugador y técnico del verde de Bahía, dice lo que piensa, no le interesa quedar bien con nadie y sus declaraciones no respetan ningún manual moral del ambiente futbolístico.

Fotos: Rodrigo García, Archivo La Nueva. y Gentileza Familia Stortini

Por Sergio Daniel Peyssé / speysse@lanueva.com

(Nota publicada en la edición impresa)

 

   “¿Los espero con un café o un vermouth, con torta o una picada?”

   Comprobé lo que muchos me habían anticipado: el espíritu amable de Pablo Sebastián Stortini, ex jugador y técnico de Pacífico, es tan grande como la chacra donde vive desde hace ya un tiempo largo, en la zona de Cuatreros, en General Daniel Cerri.

   “Me dedico exclusivamente a la cría de lechones y de pollos, aunque también mantengo un lote interesante de gallinas ponedoras. Es un emprendimiento familiar para consumo propio, siempre cumpliendo con los análisis y las medidas sanitarias obligatorias que te exigen para animales de granja”, declaró el “Torta”, un férreo y temperamental marcador central que siempre jugó (de 1991 a 2002) en el club de sus amores: el verde de Bahía.

   Era una mañana ideal para prender fuego, limpiar la parrilla y elegir la opción más deseada para cocinar a las brasas.

   Aunque el tiempo apremiaba y Pablo tenía que continuar con la actividad que había arrancado casi de madrugada: la producción de chorizos caseros, en la que colaboraban su señora (Verónica Ferreyra) y una de sus hijas (Victoria, de 21 años).

   “Seguramente a muchos no le va a gustar lo que yo pueda opinar en esta nota, pero siempre dije lo que pensaba, estando o no en actividad. Me pueden querer o me pueden odiar, no sé, pero no hay mayor satisfacción que hablar con libertad y tener la consciencia limpia. No necesito quedar bien con nadie”, expresó el ex zaguero verdolaga mientras ataba una pechera con una rapidez de manos que era imposible descubrir los nudos que hacía.

   Adelante entonces…

   “No estoy muy ligado al fútbol de la Liga, el ambiente me cansó; últimamente se tapaban problemas graves que ni siquiera eran tratados, todo era un viva la pepa y muchos hacían lo que querían. Después de lo que sucedió en el clásico entre Villa Mitre y Olimpo, donde hubo un muerto, el manejo del fútbol local entró en decadencia y continúa en caída libre”, sentenció sin que le tiemble la voz.

   “La violencia y el libre accionar de los barras son moneda corrientes en nuestro fútbol. Y es grave, porque nadie quiere ver la realidad y los dirigentes y la policía no se hacen responsables de lo que pasa. En una esquina de Villa Mitre los hinchas se enfrentaron a tiros, murió una persona y solo hay un detenido. No puede ser,  me cuesta creer que esto pase en mi ciudad. Cuando yo jugaba, las familias iban a la cancha y se llenaban los estadios… Parece que fue hace 50 años pero no, fue hace menos de 20”, señaló el “2” de la ‘73 verdolaga.

   “Al menos para mi, la vida vale mucho. No sé para los que se manejan políticamente en el deporte o creen que todo se puede tapar con dinero. Desde el momento que los barras se empezaron a regir con armas y las zonas fueron liberadas para que ellos hagan lo que quieran, el fútbol dejó de ser el juego hermoso con el que crecimos y nos formamos los que hoy superamos los 40 pirulos”, admitió quien orientó a Pacífico entre 2017 y 2019.

   “La ineficacia de algunas personas es alarmante. Si en un estadio con 50.000 almas falla un operativo, es comprensible, pero acá no te pueden patotear o complicar el panorama 200 tipos. Los de Villa Mitre y Olimpo llevaban meses amenazándose por las redes sociales antes de que pase lo que pasó. ¿Se pudo haber evitado?, sí, claro, pero nadie hizo el trabajo de prevención que debía hacer. Siempre fue preferible distraer a la gente con otros temas, y este parate, a causa de la pandemia del coronavirus, les vino como anillo al dedo como para que no sigan hablando de un muerto en la previa de un partido de fútbol. Es lamentable; ojalá se haga justicia”.

   --¿Vas a la cancha, seguís a Pacífico?

   --No voy porque sigo enojado con algunas actitudes que tuvieron los actuales dirigentes de la institución cuando yo era el entrenador. Tampoco quiero que digan `claro, viene ahora para meter presión y así poder volver a trabajar en el club’. Soy de Pacífico a muerte y quiero que siempre le vaya bien, pero a veces los directivos toman decisiones equivocadas por no saber o no entender nada de fútbol. Pacífico está mal y gran parte de la culpa es de los dirigentes.

   “Me cansó que me critiquen por atrás y que nadie de la cara, por eso me fui de Pacífico. Le faltaron el respeto a mi hijo (Manuel, dirigido por él en el verde) y no estimaron el trabajo que hicimos con mi cuerpo técnico. Trabajé un año gratis, apostamos a los chicos del club porque no había plata para refuerzos y esos jugadores que dejaron todo por amor a los colores no fueron valorados como se lo merecían. Hablo de la dirigencia, no de los hinchas, que nunca se van a olvidar de lo que hizo aquel equipo, eliminando a Liniers de un playoff y goleando (4-1) a Huracán, que en ese momento participaba del torneo Federal".

   --¿Te corriste o te corrieron?

   --A mi nadie me corre. A algunos le molestaba que yo diga las cosas de frente, pero fui, soy y seré así. Nunca voy a traicionar mis principios expresando algo que no sienta.

 

En el nombre de “Manu”

   “Me dolió que se la hayan agarrado con mi hijo”, repitió Pablo en su relato, con el rostro tensionando y ya no tan tranquilo y suelto como al principio.

   “Te voy a explicar: cuando yo era el técnico, `Manu’, como todos sus compañeros, jugaba gratis y no le exigía nada a nadie. En algunos partidos de local, una simpatizante de nuestro equipo, que después me enteré que era novia de un jugador del plantel, insultaba a mi hijo sin reparos y sin frenos. A ella se le sumó su familia y la situación rápidamente se desvirtuó. Tragué mucha saliva, pero no reaccioné. Antes de armar lío y que termine todo mal, preferí dar un paso al costado, irme en silencio y sin levantar polvareda”.

   --Me cuesta creer que no hayas pedido explicaciones…

   --A la chica solo le pedí que pensara lo que hacía, porque se la estaba agarrando con pibes del club que jugaban por la camiseta y que no le generaban inconvenientes a la institución. Esa fue una de las situaciones que me agotaron la paciencia, aunque ahora que me lo preguntás, que estoy frío y reflexivo, te digo que me equivoqué en haber tomado la decisión de alejarme del cargo.

   “Me tendría que haber quedado para defender lo que estábamos haciendo, que deportivamente era fantástico porque había un grupo de juveniles que estaban creciendo a pasos agigantados.

   “Era un año donde habíamos formado un equipo que iba a dar que hablar, con chicos del club que estaban para explotar en un futuro no muy lejano. Una pena…”

   --¿Y qué pasó con esos proyectos que pintaban para, al menos, saltar a niveles superiores a la Liga del Sur?

   --En Pacífico las dirigencias cambian como nosotros de calzoncillos, no sé porqué, nunca me puse a averiguar. Cuando estábamos en pleno proceso de crecimiento y mejoramiento, llegó gente nueva para hacerse cargo del manejo del fútbol, y de golpe y porrazo empezaron con cambios insignificantes, removieron a parte del plantel, manosearon a los pibes e, indefectiblemente, el trabajo y las ilusiones se fueron al tacho. 

   “Ojo, no me llevaba mal con esos dirigentes, pero estaban empecinados en hacer cambios que no eran necesarios. No soy técnico recibido, pero sé lo que es estar al frente de un plantel. Empecé a dirigir porque los jugadores me bancaron, por eso siempre los defendí y puse la cabeza por ellos. Me puse de su lado, los entendí y por momentos fui uno más de ellos, aunque eso me ocasionó problemas que nunca pude solucionar porque los dirigentes no quisieron”.

   --¿A qué situaciones te referís cuando hablás del crecimiento futbolístico de los chicos del club?

   --Conseguimos algo que no era fácil: que los pibes cambien la mentalidad, se sientan ganadores, salgan  del closet y se consideren importantes. No conseguimos ningún título, pero de los cuatro campeonatos que jugamos, en uno entramos a los playoffs y en los otros tres quedamos afuera por un punto. El balance es más que positivo si tenemos en cuenta que era un equipo que jugaba gratis y que hacía todo a pulmón.

   “En Pacífico no todo es tan fácil, sobre todo cuando aparece alguien de la nada, muestra dos o tres cositas y le dan un cargo y una responsabilidad a nivel dirigencial. Cuando el club se maneja de una forma y el fútbol de otra, cuando no son compatibles, es imposible que te vaya bien”.

   --¿Cuándo fue el día que dijiste “basta, me voy, hasta que llegué”?

   --Cuando vi que los 20 pibes que habíamos promovido de las menores a Primera podían quedar a la deriva. Además, mi familia iba siempre a la cancha, algunos en la tribuna gritaban boludeces y antes de que se arme quilombo tomé la decisión de no ir más.

   --¿Cuántas veces tuviste problemas por ir de frente y decir lo que a otros le podía lastimar?

   --Los que hablan mal de vos cuando no estás, jamás te van a enfrentar. Ojalá pueda encontrar a alguno de los que le dije de todo en la cara y reconozca: “Torta, tenías razón”. Cada vez son menos los que hablan en vivo y en directo; el teléfono celular es el refugio de los cobardes, mediante un mensaje de texto o un whatsApp somos todos valientes.  Yo soy enchapado a la antigua, si me surge un problema con alguien voy a la casa y le golpeo la puerta. Hay muchos hipócritas.

   “Como futbolista el temperamento me jugó en contra. Podría haber llegado más lejos, jugado a otro nivel, pero el carácter y el hecho de no callarme nunca me han cortado las pocas chances que tuve para progresar. Morí siempre con la mía, y hoy estoy pagando las consecuencias”.

   “No podría mentir, y menos que menos franelear o actuar con falsedad. Si tengo algo atragantado lo tengo que largar. Sé que tengo una mala manera de expresarme o de decir las cosas, pero nací y crecí con la personalidad que muestro en cada lugar donde me muevo”.

   --¿Te quedó alguna cuenta pendiente en el fútbol?

   --Los últimos dirigentes que se hicieron cargo del fútbol de Pacífico no tuvieron los huevos necesarios para escucharme, para darme 20 minutos y les pueda explicar que lo que ellos creían que tenían que hacer no era lo más correcto y conveniente. Fueron muy cobardes al no querer hablar conmigo; les resultó más fácil criticar y sacarme el cuero por atrás.

   “Me hubiese gustado sentarme en una mesa con cada uno de ellos para que digan lo que pensaban de mi, qué hice bien y que mal, sin tener que enterarme por terceros. Actualmente siguen al frente del fútbol y ojalá les vaya bien, aunque me hubiese gustado que me involucren en sus planes para poder continuar con el promisorio proyecto que habíamos iniciado”.

 

Le dolió el “no” a Bella Vista

   “El nivel futbolístico de la Liga es uno de los mejores de la provincia. Hoy hay cinco equipos en torneos Federales y Olimpo nos representó mucho tiempo en Primera de AFA. Sin embargo, por negocios o malas decisiones, muchos jóvenes talentos han quedado en el camino, sin la posibilidad de ir a jugar a otro nivel. Además, la violencia alejó a la gente de la cancha y se perdió bastante el folklore de ir en familia, de compartir con otros padres la alegría de ver a tus hijos y a los de ellos corriendo atrás de una pelota”.  

   “Te digo la verdad, hoy en día las Ligas amateur le sacaron muchísima gente a la Liga del Sur; algo que no hace mucho tiempo atrás hubiese sido imposible de imaginar”.

   “Se han jugado un montón de partidos sin público visitante, con 10 personas del lado local; me da lástima decirlo. Ojalá este parate haga recapacitar a unos cuantos y el fútbol vuelva con el furor que existía en las décadas del `80 y del `90, donde las canchas se llenaban y los hinchas, en la semana, hablaban y se cargaban con los duelos domingueros”.

La "foto": Pablo jugador con sus hijos "Nico" y "Manu".

   “Este parate tiene que hacer reflexionar a todos aquellos que todavía no se dieron cuenta que en un partido del Federal, entre representantes de nuestro medio, las parcialidades se cagaron a tiros y hubo un muerto. La violencia y la ignorancia nos van a ir destruyendo de a poco, tenemos que reaccionar. La gente vive en una sociedad hostil y económicamente cada vez más complicada, pero debemos entender que el fútbol no es una guerra”.

   --Debutaste en Primera en 1991 y te retiraste en 2002, aunque en 1996 y 1999 no defendiste la camiseta de Pacífico ni de la ningún otro elenco liguista. ¿Te fuiste a la zona?

   --Sí, en ambas ocasiones a Atlético Saavedra. En 1998 ascendimos y tuve toda la intención de jugar en la A, pero trajeron un equipo nuevo y no me quedó otra que irme. En Saavedra me pagaban bien, 800 pesos por partido, jugaba de delantero, hacia goles y me valoraban un montón, pero yo quería ser feliz en mi club y no me dejaron.

   “En Pacífico siempre humillaron al jugador del club. Cuando la economía estaba bien o aparecía algún inversor, buscaban refuerzos y se hablaba de campeonato, aunque cuando estaba todo mal le hacían poner la cara a los pibes, que hacían lo que podían y se tenían que aguantar las puteadas de los hinchas. Este club dio para todo, hasta han aparecido empresarios fantasmas que quisieron manejar el club como si fuera Boca o River”.

   “En 1999, tras el ascenso, Florit (Ricardo Daniel) se hizo cargo de la Primera y nos mintió en la cara. Nos dijo que entrenemos, que nos iba a tener en cuenta, y antes de iniciarse la pretemporada trajo un colectivo lleno de jugadores foráneos que solo conocía el que los quería mostrar. Es lo que te comentaba antes: se desarmó un plantel entero para probar algo que no se sabía que iba a funcionar. El técnico y los dirigentes fueron los máximos responsables por permitir que alguien de afuera maneje lo que terminó en fracaso”.

   “Por culpa de algunos personajes nefastos que quisieron hacer negocio metiendo jugadores de afuera en el club, Pacífico ha perdido a varios jóvenes talentosos que podrían haber tenido éxito a otro nivel. Nombres tengo un montón, pero no vienen al caso en esta nota”.

   --¿Por ejemplo quién?, no se me ocurre ninguno en este momento.

   --No importa. Pero creéme que se han desperdiciado verdaderos cracks por pésimos manejos y ciertos desprestigios. Hoy Pacífico sería un club mucho más grande de lo que es; mantiene el potrero y una barriada popular e inigualable.

   “Las categorías menores hacen todo a pulmón y subsisten por el sacrificio y la colaboración de los padres. Me llamaron para ser coordinador del fútbol formativo, pero dije que no porque todavía me dura el dolor por la forma en que me tuve que ir”.

   --¿Nunca tuviste la posibilidad de ir a otro equipo de la Liga?

  --Sí.  Y todavía me arrepiento de no haber pasado a Bella Vista. Le dije que no por el amor a Pacífico. En 1998, cuando ascendimos en cancha de San Francisco, me vinieron a ver dos dirigentes del “Gallego”, pero les agradecí y les manifesté que me quería quedar a pelearla en el verde. Había luchado mucho para subir a Primera y me quería dar el gustito de jugar con los mejores.

   “Sin embargo, Florit no me tuvo en cuenta y negocié otro préstamo con Atlético Saavedra. Lo que pasó fue increíble: resigné la posibilidad de cobrar un buen mango en Bella Vista, me quise quedar a jugar gratis en mi club y me terminaron echando como un perro. Solo a mi me puede pasar eso”.

   “Ascendí con Pacífico en 1994 y 1998, y en ambos caso no se respetó la base del plantel campeón. El karma de Pacífico fue no respetar los procesos ni bancar los proyectos, por eso está como está”.

   “Pacífico no tiene ídolos modernos; es lamentable. Tampoco le ofrecieron las herramientas para triunfar a pibes que le venían rompiendo desde abajo, como Enzo Rossi o Ferrada. Esos chicos dejaron de jugar y  no sé si alguien se interesó por ellos. Ojalá los dirigentes reaccionen y tengan tiempo para retomar el rumbo que habíamos elegido nosotros: un camino serio, coherente y efectivo”.

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   “Hace poco leí una nota que escribiste en el diario. Decía: `El rejunte de Pacífico va a dar que hablar’. Me dio bronca y lástima a la vez. ¡Cómo van decir que Pacífico es un rejunte! Claro, a cualquiera le costaría entender que al actual plantel se sumaron jugadores de casi 40 años que estaban libres o no venían jugando. No tengo nada en contra de ellos, por favor y que se entienda, pero no es el camino, no se puede tapar a chicos que se ilusionaban con lugares que ahora ocupan futbolistas veteranos.

  “Nosotros habíamos dejado un montón de pibes con nivel de Primera, ¿dónde están? Eso me da impotencia; me dan ganas de decirle a los dirigentes que se están equivocando otra vez”. Pacífico, le guste a quien le guste, está obligado a recurrir a las divisiones formativas, no se puede dar el lujo de traer jugadores al por mayor antes de que se inicie cada torneo. Además, son refuerzos que no te van a hacer ganar un campeonato; hoy para competir necesitás futbolistas dinámicos y con un estado físico notable. El nivel de la Liga es súper exigente, y para estar a la altura de las circunstancias tenés que ir mostrando y moldeando a tus pibes; no hay otra.

   “Mis equipos, sin presupuesto ni figuras rutilantes, entrenaban a la altura de los mejores equipos de la Liga. Competimos con nuestras armas, pero siempre copiando a los que más arriba estaban, a los que jugaban a otro nivel. Fue la única manera de igualarlos y de generarle algún dolor de cabeza”.

   “Por eso cuando me preguntan: ¿la A o la B? Toda la vida la A, porque quiero crecer y tener roce con los mejores. Esforzándote, en algún momento los vas a equiparar. Los pibes de Pacífico me dieron la mayor satisfacción como entrenador: desde el primer momento entendieron lo que que querían y lo demostraron dentro de la cancha, convencidos de lo que eran sin darle importancia a lo que decían los de afuera”.

 

Cuestión de números

    --En 102 partidos te expulsaron 11 veces. Un promedio de rojas muy elevado…

    --Era dueño de un temperamento muy particular…(risas), que me jugó en contra dentro y fuera de la cancha. Algunas rojas fueron por protestar, pero muchas me las gané por patadas que eran para ir a la cárcel. Antes era distinto, te cagabas a palo con grandísimos jugadores, todos corajudos, como Calvento o los hermanos Ginder, de Huracán; y Lisandro Santamaría y el “Nano” Seijas, de  Libertad…

    “Metías o te ibas al maso, pero si peleabas tenías que tener personalidad e ir al frente. Eran torneos Promocionales de hacha y tiza, donde te hacían calentar hablando o pegándote sin pelota. Con Ibargüen, de Libertad, nos odiábamos, pero ahora somos grandes amigos. Era así, dentro de la cancha enemigos, afuera no existían odios ni rencores.

    “Nunca me dejé llevar por delante y si tenía que meter no me escondía. Una vez, no hace mucho, un periodista dijo que ningún equipo me iba a llevar de técnico porque era yo era bastante loquito. Está equivocado, estoy muy cuerdo. No tengo filtros, lo que siento lo tengo que decir, no me puedo ir a dormir si no enfrenté a quien tenía que enfrentar”.

   --¿Te acordás el día del debut?

   --El día no, pero fue en marzo de 1991, en cancha de Tiro. Ganamos 2-1. Pacífico tenía un equipazo: el “Ruso” Pekel, Raúl Guzmán, unos nenes bárbaros. Jugué de “3”, pesaba 63 kilos y volaba por el lateral. La defensa fue Presco, Guzmán, Ralinqueo y yo. En 1992 jugamos con un montón de pibes, fuimos un desastre y solo ganamos dos partidos en el año. En 1993 llegó “Chiquito” Lliteras y nos tiramos al ascenso.

   --Pero ese año ascendió Comercial.

   --Sí, tenía un equipazo. Antes, los clubes que participaban del Promocional traían jugadores de afuera, la mayoría del gran Buenos Aires. Pacífico de Cabildo, en 1994, trajo una artillería de volantes y delanteros talentosos. Me acuerdo de un 9 que tuve que marcar, de apellido Colman, un avión a chorro.

   “En un partido en cancha nuestra nos estaba haciendo un lío bárbaro y Chiquito me llamó para que entre. `Torta’, pegale al 9, nos está pintando la cara’. A los 2 minutos le puse una murra infernal y lo sacaron en camilla. El iba por un lado y el tobillo por el otro; lo dejé a la miseria. Colman nunca más jugó en la Liga; y no sé si no abandonó el fútbol”.

   --En 2002, en tu último año, pateaste los únicos dos penales de tu carrera: uno lo convertiste y el otro lo erraste. ¿Los recordás?

   --El que metí no, pero el que erré sí; me lo atajó atajó Rodrigo Martínez, arquero de Villa Mitre.  Es el día de hoy que “Rodri”, cuando me ve, me dice: `Torta, me llevaste a la fama, te atajé un penal el día de mi debut en Primera’ Lo que son las cosas, ¿no? El sabe que no se lo regalé, que le pegué con alma y vida a un palo, pero no sé cómo llegó y la manoteó. La pelota iba con tanta fuerza que el rebote llegó hasta el banderín del córner. Fue todo mérito de él.

 

“Quiero volver a dirigir”

   --Se te nota con bronca.

   --No, ¿por?

   --No sé, decílo vos.

   --Amo a Pacífico y sé que en algún momento voy a volver, pero siempre confiando en mi manera de pensar y no como quieren los demás que piense. La única manera de salvar a este club es trabajar con los pibes de las menores. Se debe respetar un proyecto, darle continuidad y no destruir las ideas de técnicos, colaboradores y preparadores físicos.

  “A veces me preguntan: ¿a quién le tenés bronca? No lo diría en una nota, lo iría a buscar y le aclararía los motivos en la cara. Hay una persona que sabe que se equivocó feo conmigo, pero si me llama y me pide perdón, no tendría problemas en que aclaremos los tantos. Sé que en Pacífico hay dirigentes amigos y gente que me conoce de toda la vida que estaría a gusto si yo vuelvo al club”.

   --¿Con qué compañeros y rivales solías pelearte?

   --Nos teníamos pica con dos jugadores de Huracán: Jorge Díaz y Pablo Neme. Entrábamos a la cancha y nos decíamos de todo, nos amenazábamos y nos invitábamos a pelear. Eran golpes bajos, peleas sin sentido… Pero el fútbol da vueltas inimaginables.

   --¿Por qué lo decís?

   “Cuando voy a Saavedra, en 1996, el primer día, entro al vestuario y estaban esos dos sabandijas cambiándose. Di media vuelta y me fui, pero me frenaron los dirigentes. Neme vino a hablar conmigo, dejamos rencores y boludeces de lado y terminamos con una relación excelente”.

   “Robinson Zambrano, de Libertad, hacía calentar hasta un muerto. Te pisaba la pelota y te daban ganas de levantarlo por el aire con una voladora a la clavícula. ¿Compañero? Discutía seguido con Claudio Olea, pero eran berrinches de fútbol”.

   “Generalmente se hacía lo que yo quería, era la voz de mando aunque no llevaba la cinta de capitán”.

   --Contáme una de piñas…

   --No fue como jugador porque jamás pegué una trompada dentro de un campo de juego. Fue como padre, viendo Olimpo-Sansinena en la UOM, cuando mi hijo Manuel jugaba para el de Cerri.

   “Manu no se calienta nunca, no parece hijo mío. Pero ese día, un matrimonio del lado de ellos, le empezó a gritar `Gordo, no te podés mover’, y cuando terminó el partido (de quinta división, que ganó Olimpo 5-0) Manuel se les fue al humo y saltó las vallas de protección. Salí disparado para allá, con la intención de separar porque en definitiva a Manu solo lo habían insultado. Cuando encaré hacia la tribuna, muchos decidieron disparar y otros empezaron a boquear, y esos la terminaron ligando”.

   “Fui en son de paz, aunque algunos gritaron pavadas y en un segundo me convertí en un rottweiler. A algunos tumbé, y lo bueno fue que los machitos dejaron de hablar pavadas y no le gritaron más a nadie”.

   --¿Querés volver a dirigir?

   --Sí, tengo ganas. No recibí ofertas, aunque tampoco estoy desesperado.

   --¿Te molesta cuando a tu hijo le gritan “Gordo”?

   --A mi no, a la madre. El que juega al fútbol está acostumbrado a los gritos desde afuera. Cuando arrancó este año, Manu me dijo que se iba a jugar a la zona, a Unión de Villa Iris, pero le aclaré que con los kilos de más y si no hacía algo antes, no podía ir a un equipo donde le iban a pagar.

   “Como siempre no me hizo caso y fue igual. Jugó un solo partido, fue antes de que se desate la pandemia del coronavirus. Fuimos a Villa iris con la familia y les aclaré a todos: `vamos a un lugar donde no conocemos a nadie, si le gritan algo al `Gordo’, chitos ehhh’”.

   “Entró de titular, pero tengo que decir la verdad: no estaba en estado para jugar. Siempre fui crítico de él, pero ese domingo marcó dos goles y los 'paisanos’ quedaron maravillados con él. Yo no lo podía creer, con el peso que tiene… Pero bueno, siempre le sobró talento y picardía”.

  

Las anécdotas

 

   1

   Quema, ¿no? “En 1990, en una tarde fría de invierno, fuimos a jugar con la Reserva a Cabildo. Como el partido empezaba a las 13, muchos jugadores iban almorzando en el colectivo, pero Gustavo Coacci (padre de Enzo, hoy en Defensa y Justicia) y yo, ambos provenientes de familias pobres, no habíamos llevado ninguna vianda. Cuando llegamos, nos dirigimos a la cantina, donde había una parrilla llena de chorizos”.

    “Gustavo me dice: `tengo un hambre terrible’, pero él no tenía plata y a mi me alcanzaba para un choripán. `Bueno, lo compartimos”, le aclaré. Los dos sabíamos que con uno no íbamos a hacer nada, pero no quedaba otra. Cuando estaba comprando, veo que el `Gordo’ (Coacci) manotea un `chori’ y se lo mete en el bolsillo de la bermuda. Se le transformó la cara y empezó a gritar: `¡me quemo, me quemo!’. El cocinero lo vio y se enojó, pero le tuvo compasión y se lo terminó regalando. Le quedó la gamba colorada y le ardía; un salvaje…”.

 

2

   Bien alimentados. “En el torneo de 2000, fuimos a Punta Alta a jugar contra Rosario. Mientras mirábamos el partido de la Reserva, hicimos una vaquita con el equipo de Primera para comprar fiambre y pan. Almorzamos en la tribuna y después le ganamos 2-1 a un equipazo que tenía Rosario. Nosotros íbamos últimos y no pegábamos una, pero los sandwichitos fueron cábala hasta fin de año. No ganamos ningún partido más y, encima, a fin de año terminamos con varios kilos de más con el ritual dominguero…(risas)”.  

 

La frase

    “El fútbol de la Liga es de excelente nivel. Salieron muy buenos jugadores en los últimos años, aunque algunos pibes quedan en el camino por culpa de sus padres, quienes se entusiasman creyendo que tienen un Messi o Maradona y lo único que hacen es quemarle la cabeza a sus hijos. En pleno crecimiento, el chico debe estar en paz y disfrutar de lo que hace, pero no todos los entienden así y las presiones de los adultos desencadenan en la falta de entusiasmo y en el fracaso absoluto de los menores”.

 

La receta del “Chori”

    “Cada 100 kilos de carne picada hay que agregar 600 gramos de pimienta, un kilo de chimichurri y uno de sal. Lo único que no te voy a `ventilar’ es la mano del chef, que en definitiva le da el gusto característico al producto final… (risas).”, señaló Stortini, padre también de Nicolás (29 años) y Agostina (26), quienes no estuvieron para las fotos.

 

En rojo

11

Expulsiones. En 102 partidos sufrió Pablo Stortini. Buen promedio, ¿no? Disputó 10 campeonatos Oficiales en la Liga (8 Promocionales y 2 de la A), siempre en Pacifico. Anotó 5 goles.

 

Un día bien “campechano”

Al chori, al chori…

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