El Grand Splendid

21/7/2019 | 10:35 |

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

 

Hace 47 años, en julio de 1972, comenzó la demolición del cine Grand Splendid, uno de los más recordados y evocados de nuestra historia.
En 1931 la ciudad celebró sus 103 años y la ocasión fue aprovechada para la inauguración de una de las salas más modernas del país. 
Ubicada en Alsina 129, la obra era producto de la completa adecuación del Politeama Verdi (abierto en 1928). 
La nueva fachada estilo art-déco fue diseñada por el estudio Cabré-Mayer. Los empresarios Genaro Amodeo y Egidio Negri eran los propietarios de la sala. Tres proyectores norteamericanos y una pantalla que ponía en relieve la figura eran algunas de las delicias técnicas del lugar.
El debut fue con el film La novia 66 y, a partir de allí, se mantuvo la magia durante cuarenta años. Fue en ese lugar donde se vivió una verdadera “fiesta popular” con el estreno, en febrero de 1935, de El alma del bandoneón, musicalizada por Enrique Discépolo e interpretada por Libertad Lamarque. 
Pocos meses después la policía debió cerrar la cuadra al tránsito vehicular por la multitud que pretendía ver El tango en Broadway, estrenada después de la muerte de Carlos Gardel, su intérprete. 
Allí también se presentó La muchachada de a bordo (1936), protagonizada por Luis Sandrini y donde durante la década del 40 actuaron calificadas figuras del tango, entre ellos Tania, Hugo del Carril y Alberto Castillo.
Parte de la historia terminó el 29 de diciembre de 1971. 
Ese día, se proyectó Verano del 42. 
Terminada la función y retirado el último espectador, alguien acomodó las butacas, el caramelero recorrió despaciosamente el pasillo y se apagaron las luces. 
Meses después (julio de 1972), los mazazos acabaron con el testimonio material de un cine que sigue vivo en el corazón de tantos bahienses.   

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