El purismo Pro saltó por los aires...

16/6/2019 | 06:30 |

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

NA

Por
Eugenio Paillet

   En el gobierno no alcanzaban las manos esta semana para aplaudir la llegada de Miguel Pichetto como candidato a vicepresidente de la fórmula que encabezará Mauricio Macri.

   Más allá de las ulteriores razones, y necesidades imperiosas, que generaron tamaña movida, eran igualmente muchos los que por esas horas en las que después de tanto tiempo regresó la euforia a los campamentos macristas daban razones subterráneas a lo que en la superficie estaba clarísimo: la elección del senador peronista hizo saltar por los aires el purismo Pro, que pregonaba con letras bíblicas que no había espacio para una apertura hacia el peronismo para tratar de enderezar en la recta final hacia octubre los designios de probable derrota, hasta en primera vuelta según pronósticos propios y ajenos, y del fin del sueño de la reelección.

   Reduccionistas por convicción o necesidad, aquellos festejantes sumaron uno a uno los efectos inmediatos de la designación de Pichetto que se reflejaron en los mercados, como el vuelo hacia adelante de los papeles argentinos aquí y en el exterior, la baja de la cotización del dólar y la caída del riesgo país que reflejarían la bienvenida de los mercados al desembarco del rionegrino en la fórmula presidencial.

   No faltaron en ese tren los funcionarios que se agolpaban para mostrar los primeros sondeos que sostienen que la jugada modifica drásticamente el escenario pre electoral y le devuelve al gobierno la chance de un triunfo en octubre que hasta ahora y a estas alturas apenas si figuraba en los planes de los gurkas del peñismo.

   La primera conclusión con algún grado de funcionarios mesurados y alejados de aquel purismo al que en verdad siempre combatieron, como es el caso de Rogelio Frigerio, es que la jugada de Macri de encumbrar a Pichetto si tuvo algún valor político, que de hecho no sería menor, fue el de empardar aquel enorme impacto que tuvo el repliegue de Cristina Fernández para colocar a su tocayo Alberto como candidato a presidente con el propósito de escamotearle al electorado los estragos de su mala imagen en las encuestas y el daño que ese estigma podría causar a las chandes del cristinismo de retomar el poder.

   Sin profundizar, podría afirmarse que Macri consiguió con largueza ese objetivo de igualar los tantos, o en todo caso de recuperar la iniciativa política perdida después de aquel golazo de la doctora, e instalar un nuevo escenario de cara a las elecciones que arrancarán con las estratégicas PASO del 11 de agosto.

   No es menor el detalle si se quiere paradojal de los movimientos Cristina y Macri. Ellos eligieron a dos dirigentes que no les suman un solo voto en las encuestas. Ambos tienen más imagen negativa que positiva. La conclusión, por una vez, le daría la razón a Durán Barba: el país se encamina a elegir presidente entre los menos malos.

   Una mitad de los votantes no querría a Cristina porque supone un regreso al club de Venezuela, Cuba, Ecuador e Irán. Y la otra mitad no quiere saber más nada con Mauricio porque fracasó rotundamente en sus tres años y medios de gestión. En esa inaudita conjunción, ella se esconde detrás de Alberto para captar parte del electorado moderado que jamás la votaría. El presidente suma a un peronista "racional" con la suposición de que recuperara parte del electorado que se fue.

   Peña hace malabares para evitar una lectura cantada: perdió en la interna del poder y Rogelio Frigerio aparece claramente como un nuevo faro, se verá si tarde ahora que las papas queman. Peña debió aceptar de mala gana la nominación de Pichetto. Elisa Carrió, por toda concesión para disimular su profundo malestar, bendijo al senador con el argumento de que "no es golpista".

   La euforia del macrismo puro siempre da para más. Dicen que Macri no se rinde con Urtubey y le ofrecerá integrar el futuro gabinete. Idéntico destino le auguran a otras figuras antes denostadas y ahora atesoradas como Emilio Monzó y Nicolás Massot. Y en el vidalismo aseguran que la jugada les devuelve algo de calma en el comprometido escenario de la reelección en la provincia.

   El radicalismo disimula como puede su nuevo fracaso, que lo resigna a seguir siendo un convidado de piedra en la coalición.

 

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