Presencia en nuestra ciudad

Las palomas: de símbolo de la paz a plaga

26/8/2018 | 07:00 |

Luego de 75 años de ser considerada clave para la defensa nacional, un reciente decreto de la gobernadora Vidal declaró a la paloma como plaga y autorizó a eliminarla. En nuestra ciudad decenas de edificios están afectados por su presencia.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Los edificios de Bahía Blanca son, por antigüedad y diseño, un acantilado artificial óptimo para la nidificación de las palomas.

   Por centenares se ubican en sus molduras, entrantes y salientes, protegidas del viento y atentas a toda posibilidad de tomar comida del suelo.

   Viven tranquilas porque hasta ahora estaba prohibida su caza o eliminación, lo cual llevó a un crecimiento exponencial en la última década, con cerca de 80 mil palomas en la ciudad.

El panorama

   Una enorme cantidad de construcciones alrededor de la plaza Rivadavia, y en parte del microcentro, sirve de lugar propicio y adecuado para la vida de este animal que ahora podrá ser combatido con medios destructivos, a partir de una ley provincial --aprobada en abril último-- que las considera parte de una plaga, capaces de ocasionar daños económicos y sanitarios, entre otros.

   Desde Saneamiento Ambiental del municipio se mencionó que nunca se implementó política alguna para combatirlas, a pesar de conocer los efectos negativos que tienen sobre la salud humana.

   Depende exclusivamente de los particulares establecer medidas restrictivas para que estas aves no ocupen sus inmuebles.

   Ahora esa postura pública se podrá modificar, aunque para eso se necesita la consideración del tema por parte del Concejo Deliberante, a fin de establecer políticas y métodos sobre como afrontar la situación.

De material militar a portador de enfermedades

   Desde hace 75 años tenía vigencia la ley por la cual correspondía al Ministerio de Guerra fiscalizar y supervisar toda actividad relacionada con el uso de las palomas en el país, ya que se trataba de un ave relacionada con la defensa nacional, al ser utilizada para las comunicaciones.

   Entre las curiosidades de esa ley, dictada en 1943, las palomas fueron declaradas "de utilidad pública", pudiendo incluso expropiarse en manos de particulares.

   Establecía la prohibición de toda acción que atentara contra las mismas, con penas de hasta un año de prisión.

   Esa protección ha permitido la reproducción incontrolada del animal.

   En abril último, la gobernadora María Eugenia Vidal modificó esa realidad y ahora la paloma es parte de una de las muchas plagas que afectan a los centros urbanos y que admite ser combatida para preservar la salud de las personas y los bienes.

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   Las palomas domésticas, torcazas, turcas y monteras son tan peligrosas para la población como lo son la rata negra, el ratón doméstico o el estornino.

   Es capaz de transmitir enfermedades bacterianas, como la psitacosis, que puede derivar en una neumonía atípica; o el Escherichia coli, a través de la materia fecal, y afectar, por caso, los tanques de agua --defecan adentro-- mientras un ácaro en su pluma da sarna y pueden contagiar piojos.

Las formas

   Hasta ahora las intervenciones contra las palomas se limitan a colocar elementos que las ahuyenten. Entre los más divulgados se cuentan las púas de acero inóxidable y las redes de soga.

   Consultadas empresas locales dedicadas a este rubro, reconocieron que en la ciudad "la demanda de estos elementos es poca", atribuyendo el hecho a que "no existe una conciencia sobre la importancia de establecer esa protección".

   De allí que las palomas casi no encuentren obstáculos para anidar en edificios, ocupando molduras, cornisas, balaustradas y techos, inundando todo con su agresivo buano.

   Saneamiento Ambiental reconoce que combatirlas no resultará una tarea simple.

   "Utilizar veneno en semillas puede afectar a otras aves y cazarlas con redes o capturar sus huevos puede resultar una tarea titánica", revelan.

Tres edificios, una muestra

   En Bahía Blanca a las palomas se las ve anidando en varios edificios históricos. Un ejemplo emblemático es la sede del club Argentino, en avenida Colón y Vicente López, que sirve de condominio de cientos y cientos de estos animales.

   Es habitual ver a personas barriendo la vereda con barbijos para evitar su afectación con los desechos y plumas.

   Otro edificio es la ex-sede del banco Hipotecario Nacional, Colón y Vicente López, que lleva casi una década desocupada y que está invadido por palomas que aprovechan sus varias ventanas abiertas y vidrios rotos para ocupar el interior.

   Por último, un renglón especial para la Escuela 2, de la primera cuadra de calle Vieytes.

   A la ocupación por parte de estas aves se sumó el armado del cerco perimetral al edificio que hace las veces de protección a los transeúntes atento al pésimo estado de su fachada.

   En el espacio entre ese cerco y la fachada se generó una zona que es poco menos que un basural a cielo abierto, donde se acumulan papeles, bolsas y excremento de palomas.

   Es tal la afectación que la escuela no puede mantener abierta sus ventanas debido al olor que proviene de ese sitio.

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