Con la vocación marinera en la sangre

6/7/2018 | 14:18 |

Yanina Plenazio continúa la profesión de su padre. Estuvo en la búsqueda del pesquero Rigel.

   Yanina Mariel Plenazio conoce la vida naval. Desde muy chica veía a su padre, el hoy suboficial principal Daniel Plenazio, haciendo prácticas de banderas o escuchando clave Morse: su especialidad es Comunicaciones, la misma que ella eligió cuando en 2010 ingresó a la Escuela de Suboficiales de la Armada Argentina (ESSA).

   Tiene 27 años y la vocación marinera la lleva en la sangre. Se le nota cuando entusiasmada habla sobre sus funciones en la corbeta “Granville”, buque de la Armada que participó recientemente de la búsqueda del pesquero “Rigel”, hundido frente a las costas de Chubut.

   “Es mi primera vez en una corbeta como esta, donde el espacio es más reducido y… ¡cómo se mueve en el mar! Al ser un buque más chico y haber menos personal, somos todos muy compañeros. Eso es lo que me gusta.”

   La “Granville” tiene asiento en Mar del Plata y Yanina forma parte de su dotación desde el año pasado como encargada de navegación.

   “Mi trabajo es mantener las cartas náuticas actualizadas o hacer guardias de señales en el puente de comando. Soy los ojos del buque”, asegura.

   Ama lo que hace y disfruta de cada momento mientras desarrolla su tarea: “Hay ocasiones en las que estoy de madrugada en medio del mar sola con las estrellas. Me siento privilegiada, cuando la guardia es afuera, soy testigo del cielo, las estrellas fugaces, las nubes, el ocaso, el amanecer.”

La vida en Punta Alta

   Aunque nació en un hospital bahiense y vivió en varias ciudades por los pases de su padre, se define puntaltense.

   “En Punta Alta pasé gran parte de mi niñez y adolescencia. Fui a la escuela N°8 de barrio Göttling, me pasé a la Escuela Media N°2 y terminé el secundario en el Colegio Nacional”, cuenta.

   Tiene dos hermanos que aún viven en Punta Alta junto a su mamá Mabel Flores: Tatiana de 24 está estudiando Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Sur y su hermano Rodrigo está haciendo el ingreso a Tropa Voluntaria, siguiendo también los pasos de su padre Daniel, que en la actualidad está destinado en la Delegación Naval Córdoba.

   Los recuerdos son muchos y cada día añora la tranquilidad, los sonidos de su barrio: “Es una paz que no cambio por nada”.

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