Monte Hermoso, a dos días de su centenario no oficial
Pasado mañana se cumplen 100 años de la inauguración del Hotel de Madera. Fue la piedra fundacional del que hoy es uno de los balnearios más importantes de la provincia y el país.
Juan Ignacio Schwerdt y Damián Danieli / laregion@lanueva.com
No nació de un fuerte en medio de la Pampa Seca, ni a la vera de una estación del ferrocarril. No, nada que ver. Monte Hermoso siempre fue distinto a todos, incluso en su origen: su piedra fundamental fue un enorme y lujoso hotel de madera con vista al Atlántico, el magnífico Hotel de Madera.
Pasado mañana se cumplirán 100 años de la apertura oficial de aquel alojamiento emblemático. Será, de alguna forma, el centenario no oficial de uno de los balnearios más importantes de la costa bonaerense y del país.
“El Hotel Balneario Monte Hermoso, así se llamaba, sin dudas dio origen a nuestro pueblo. Incluso hay quienes afirman que nos legó su nombre”, cuenta a La Nueva. el director del Museo Histórico Municipal del balneario, Juan Sorensen.
Su voz vibra al hablar de aquel hito de la historia local que construyeron Esteban Dufaur, Gabriel Duc y Antonio Arizaga, en gran parte con las maderas que arrojó al mar la goleta Lucinda Sutton, en marzo de 1917, para evitar su naufragio en las costas de nuestra región.
Juan Sorensen.
“El Hotel de Madera, como todos lo conocemos, no sólo dio origen a nuestro pueblo -explica-, sino que además fue una construcción gigante, hecha en tiempo récord. Pensemos que la sociedad Dufaur-Duc-Arizaga se formó el 31 de agosto de 1917 y apenas cuatro meses después se inauguró el hotel”.
“Trabajaron a destajo, en la playa, con un grupo enorme de gente, soportando todas las inclemencias del tiempo. Acá no había nada. Era todo arena, y no había ni energía eléctrica. Todo llegaba por mar o, a través de los médanos, con carros tirados por caballos”, dice.
El 1 de enero de 1918 se produjo la inauguración de aquel legendario hotel ante un puñado de turistas y con el joven faro Recalada como testigo (había sido inaugurado apenas 12 años antes).
“El hotel recién se puso a pleno el 15 de enero -aclara Sorensen-. Hay relatos escritos de pasajeros que llegaron por esos días. Uno de ellos fue don Enrique Lagleyze, quien estaba acompañado por Pablo Larsen, el antepasado de todos los Larsen que viven y vivieron Monte Hermoso, entre ellos Leif”.
El plano del hotel, donde se observa el tamaño de la construcción.
Un sitio magnífico
El predio del hotel ocupaba un sector que hoy delimitan la costanera, la peatonal Dufaur y las calles Patagonia y Faro Recalada. Tenía 40 habitaciones y lujos poco frecuentes para la época.
“Era algo increíble puesto en el medio de la nada, frente al mar. Tenía energía eléctrica propia y todos los servicios, un casino, cocheras cubiertas para carros, alquiler de botes y caballos, cine, billares, servicio de lavado y planchado de ropa, fábrica de soda y hielo, alquiler de trajes de baño. Era un 4 o 5 estrellas, sin dudas”, cuenta Sorensen.
“Por eso decimos que el hotel no se hizo sólo con la madera de la Lucinda Sutton, sino con una enorme inversión. Y quizá por eso la sociedad tuvo problemas comerciales y, al final de aquella primera temporada, se disolvió”, agrega.
El hotel, en efecto, llegó a su segunda temporada en posesión exclusiva de Dufaur, quien le agregó 20 habitaciones. Tiempo después lo vendió a Antonio Benito Costa junto con 186 hectáreas circundantes.
“Costa es otro actor clave en nuestra historia, porque tenía una clara idea: desarrollar un pueblo alrededor de ese hotel”, dice Sorensen.
El nuevo dueño inició la apertura de calles y el loteo de las tierras cercanas al Hotel de Madera. Gracias a eso, entre fines de la década del '20 y principios de la del '30 aparecieron las primeras casas y, en 1941, la Provincia declaró al asentamiento como pueblo. Había nacido oficialmente Monte Hermoso.
A partir de allí el balneario no paró de crecer. El hotel, en tanto, comenzó a marchitarse. El triste final llegó en el '57, cuando se decidió su demolición. Para ese entonces había tenido varios dueños, su mantenimiento era muy caro y tenía nuevos y modernos competidores.
“Hay una foto de 1957 en que se ve que la arena llegaba hasta el techo del ala oeste del hotel. Fue un final inevitable”, lamenta Sorensen.
Siete u ocho años después comenzó la construcción de varios de los edificios que hoy están en el predio, pero el recuerdo seguirá presente por siempre.
“Nuestra historia le debe mucho a los tres visionarios que construyeron aquel hotel y a Antonio Costa. Todos ellos dieron origen, nada más y nada menos, que a un pueblo”, finaliza.