Cuando los accesos hablan: una manera distinta de mostrar la ciudad
No hay mayor pobreza estética y paisajística que la que muestran los distintos accesos a la ciudad. El bicentenario puede ser una buena excusa para ponerlos en valor y darles una impronta que refleje la historia y el potencial de la ciudad.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Los ingresos a Bahía Blanca son de una pobreza extrema. Es una realidad. Desde el momento que ninguno de sus varios nodos o puntos de acceso –muchos de ellos definidos con una rotonda reconocible—jamás han tenido tratamiento alguno, más allá de los típicos carteles con el nombre de la ciudad.
Estos sitios son puntos clave para una ciudad que, como la nuestra, no se encuentra en una continuidad construida sino que aparece de pronto, luego de recorrer kilómetros de llanura, como un elemento aislado y discontinuo.
Sus accesos debieran entonces ser aprovechados como estrategia para generar un impacto simbólico, perceptual y turístico. No es solo una cuestión estética o de prolijidad: es una forma de construir identidad urbana y presentar a la ciudad a partir de sus elementos más significativos.
Es un “umbral” que comunica de inmediato qué ciudad es, qué valora, que elementos la definen, qué la hacen distinta. Esculturas, tipografía urbana, materiales locales o referencias históricas ayudan a reconocer una identidad, a explicar un territorio.
El visitante no llega entonces a un espacio mustio y llano, muchas veces descuidado y desprolijo y cada acceso deja de ser parte de una infraestructura vial para ser un dispositivo de interpretación: puede contar si la ciudad es portuaria, industrial, agrícola, cultural.
La primera impresión es la última
Y si la primera impresión es la que vale, Bahía Blanca no aprovecha esa oportunidad. "No hay una segunda oportunidad para causar una primera impresión", escribió Oscar Wilde. Es un concepto fundamental en la comunicación, asumiendo que el cerebro humano forma juicios sobre confianza, competencia y calidez de una persona o lugar en unos pocos segundos.
La existencia de varios accesos –como es el caso de nuestra ciudad, donde confluyen rutas de distintos sentidos--, permitiría incluso alternar distintos componentes de la historia local, su perfil portuario, ferroviario, industrial, petroquímico. También es llanura, fuerte de frontera y viento, es ciudad universitaria y capital nacional del básquet, cuna de la aviación y de un premio Nobel.
La cercanía del bicentenario es una oportunidad para generar situaciones de este tipo. Redefinir accesos e imagen urbana, recuperar espacios simbólicos y construir nuevos hitos. Que repasen el pasado pero con énfasis puesto en el mejor futuro.