Cáñamo industrial: marcado interés para el desarrollo en el sudoeste bonaerense
“Es una oportunidad para diversificar sistemas productivos, sumar valor agregado y atender la demanda creciente de mercados internacionales”, dijo Ing. Agr. Matías Quintana, del INTA Ascasubi.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
“El cáñamo no es solo un nuevo cultivo, sino la oportunidad para desarrollar una nueva cadena agroindustrial en la Argentina”.
No podría ser más explícito el Ing. Agr. Matías Quintana, de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Hilario Ascasubi, a la hora de definir la actualidad y el futuro de otra alternativa viable para el sudoeste bonaerense, una región ávida de diversificación productiva.
“Su desarrollo en la Argentina abre una oportunidad concreta para diversificar los sistemas de producción, incorporar valor agregado y responder a una demanda creciente en mercados internacionales”, agregó.
Si bien a nivel mundial existe una creciente demanda de productos derivados del cáñamo industrial, impulsada principalmente por la fibra, que es requerida por industrias como la automotriz, textil y de materiales, lo cierto es que en la Argentina se trabaja en reimpulsar la producción, generar conocimiento actualizado y desarrollar canales comerciales.
“Este proceso involucra tanto al sector público como al privado y, en los últimos años, se ha observado un aumento sostenido en la demanda de información”, añadió.
Un ejemplo de este interés fue la jornada técnica realizada recientemente en la EEA del INTA Hilario Ascasubi, donde la convocatoria superó ampliamente la del año previo, en espacios que permiten generar intercambio y avanzar en estrategias para desarrollo.
“¿De qué se trata? El cáñamo industrial es un cultivo con una larga historia. Sus orígenes se remontan a más de 6.000 años antes de Cristo, cuando las culturas asiáticas lo utilizaban principalmente para la obtención de fibra y grano destinado al consumo humano”, aseguró Quintana.
También dijo que a lo largo del tiempo llegó a tener una gran importancia económica a nivel mundial, pero que fue perdiendo protagonismo debido al avance de las fibras sintéticas, el algodón y, en gran medida, a su estigmatización por pertenecer a la especie Cannabis sativa, que lo vinculó erróneamente con el consumo recreativo.
“En la actualidad, existe una clara diferenciación entre el cáñamo industrial y la marihuana”, aclaró el investigador, quien trabaja en este proyecto junto a Julián Pérez Pizarro, Mg. en Economía Agraria y Administración Rural, también del INTA Ascasubi.
“Si bien pertenecen a la misma especie, la principal diferencia radica en el contenido de THC, el compuesto psicoactivo. El cáñamo industrial presenta niveles muy bajos. Por este motivo, su uso está orientado exclusivamente a fines industriales, productivos y alimentarios”, añadió.
La producción está orientada a diversos usos:
—Industria textil (por la calidad de su fibra).
—Alimentación humana y animal (por el valor nutricional del grano).
—Construcción (por las propiedades de su biomasa).
—Aplicaciones cosméticas.
Una de las principales ventajas es la posibilidad de aprovechar la planta en su totalidad (hojas, tallo y grano). Además, presenta importantes beneficios ecosistémicos, como una alta capacidad de captura de CO₂, contribución a la mejora de suelos y una elevada tasa de crecimiento con buena eficiencia en el uso del agua.
—¿Cuáles son las características del cultivo?
—Se trata de una especie anual de ciclo primavera-verano, que se siembra en primavera y se cosecha hacia fines del verano o comienzos del otoño.
“En cuanto a la semilla es fundamental trabajar con genética certificada para garantizar una implantación adecuada. Actualmente, la mayoría de las variedades disponibles en el país son importadas, aunque existe un creciente interés en el desarrollo de genética nacional.
El cánamo industrial puede desarrollarse en condiciones de secano, aunque el riego permite potenciar su rendimiento.
“La siembra es similar a la de otros cultivos extensivos, debiendo prestarse atención a las recomendaciones específicas para dicha especie. Es clave sembrar con buena humedad para asegurar una emergencia rápida y uniforme. Esto favorece un desarrollo inicial vigoroso, que permite al cultivo cubrir rápidamente el entresurco y competir eficazmente con las malezas. Dado que aún no hay información consolidada sobre el uso de herbicidas en el cultivo en el país, el control de malezas se basa principalmente en esta capacidad de crecimiento rápido y generación de sombra”.
—¿Cuál es la densidad de siembra?
—Varía según el destino productivo. Para fibra, se buscan entre 300 y 400 plantas por metro cuadrado, lo que implica densidades de siembra de aproximadamente 60 a 70 kilos por hectárea. Para producción de grano, el objetivo es de 150 a 200 plantas por metro cuadrado (30 a 40 K/H). También existen variedades de doble propósito que requieren densidades intermedias.
—¿Respecto del consumo de agua?
—El cultivo presenta una demanda estimada de entre 500 y 700 milímetros durante su ciclo. Si bien puede desarrollarse en condiciones de secano, el riego permite potenciar de manera significativa su rendimiento. En nuestra región se están evaluando distintos sistemas, como riego por goteo, por surcos o por inundación.
—¿Se requiere de un suelo especial?
—Es un cultivo adaptable, aunque presenta mejores resultados en suelos bien drenados, de textura franca a arenosa. Y la cosecha dependerá del destino. Para grano puede realizarse con maquinaria convencional utilizada en otros cultivos extensivos.
—¿Cuáles son los requerimientos de mínima?
—Además de las condiciones agronómicas, el principal requisito es el cumplimiento del marco regulatorio establecido por la ley 27.669. Esto implica contar con autorización para producir (licencias agrícolas e industriales) emitidas por la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (Ariccame); trabajar con genética aprobada y garantizar la trazabilidad del cultivo.
—¿Cuáles son los costos para realizar una inversión?
—Hoy es difícil definirlos, ya que el cultivo se encuentra en una etapa inicial en el país. Sin embargo, los principales están asociados a:
—Adquisición de semilla: aproximadamente entre 5 y 7 dólares por kilo, según el proveedor.
—Implantación del cultivo.
—Manejo agronómico: riego, fertilización y sanidad.
—Procesamiento e industrialización. En este sentido, el principal desafío no es solo la producción primaria, sino el desarrollo de la cadena de valor.
—¿Cuál es el futuro en la Argentina en general y en el sudoeste bonaerense en particular?
—En el país el desarrollo del cáñamo industrial es aún incipiente, pero presenta un alto potencial. La regulación vigente abre oportunidades, aunque todavía es necesario generar información técnica, adaptar genética y consolidar mercados.
“En el sudoeste bonaerense el cultivo podría incorporarse como una alternativa dentro de las rotaciones, aportando diversificación productiva. Desde el punto de vista agronómico, los ensayos realizados hasta el momento muestran una buena adaptación general, con variabilidad entre materiales y resultados promisorios. Desde el INTA se considera que este es un momento clave para el desarrollo, donde resulta fundamental consolidar su base productiva y avanzar en la construcción de una cadena de valor que permita abastecer al mercado interno y a la exportación”.
—¿Cuál es el órgano de contralor?
—La actividad está regulada por la Ariccame, que es el organismo encargado de otorgar licencias, supervisar la producción y garantizar el cumplimiento de la normativa vigente.
La experiencia en el INTA Ascasubi
En este contexto de desarrollo, el INTA viene trabajando en red para evaluar la adaptación de distintas variedades a las condiciones agroclimáticas locales.
En particular, desde la Estación Experimental Agropecuaria Hilario Ascasubi —a cargo del Ing. Agr. Daniel E. Iurman— se desarrollan ensayos orientados a generar información clave para productores, en un escenario donde se proyecta un crecimiento sostenido de la demanda, tanto a nivel nacional como internacional.
Como parte de estas acciones, recientemente se realizó —junto a la Cooperativa de Trabajo PatagonianC—, una jornada de actualización técnica sobre el cultivo de cáñamo industrial en el sur bonaerense.
La actividad convocó a productores de distintas regiones del país, con diferentes niveles de experiencia e interés en el cultivo.
El encuentro se estructuró en dos módulos. El primero estuvo centrado en los ensayos que se desarrollan en la provincia de Buenos Aires y otras regiones, con exposiciones de técnicos del INTA Ascasubi y del Instituto de Recursos Biológicos del INTA Castelar, donde se destacó la importancia de avanzar en un programa nacional de mejoramiento genético.
El segundo módulo abordó la cadena de valor del cáñamo. En este espacio participó Rémy Hilgenga, representante en América de la cooperativa francesa Hemp-IT, con más de 60 años de trayectoria en el desarrollo de genética.
También expuso la Cooperativa PatagonianC, que impulsa el proyecto Cordón del Cáñamo, orientado a fomentar la producción y comercialización bajo un esquema cooperativo.
Para favorecer un desarrollo inicial vigoroso, es clave sembrar con buena humedad para asegurar una emergencia rápida y uniforme.
Asimismo, se presentó la experiencia de la empresa Cabaña Micó, que trabaja en el desarrollo de productos alimenticios a base de cáñamo, aportando una visión desde la demanda y el agregado de valor.
Como cierre, se realizó una visita a campo donde se observaron ensayos de distintas variedades, analizando diferencias en ciclo, altura y morfología.
Los ensayos en el INTA Ascasubi incluyen materiales de origen francés y chino, y constituyen un paso clave para adaptar el cultivo a las condiciones locales.