Túpac Amaru: Puede morir el hombre pero no su lucha
Ricardo de Titto / Especial para La Nueva
Antiguas rivalidades enfrentaban a españoles-peninsulares con los habitantes originarios y los criollos-americanos. El salvajismo desplegado por Pizarro y Almagro en los primeros años de la conquista había dejado huellas imborrables. Luego, las encomiendas de indios convertidos en trabajadores semiesclavos y la brutal explotación realizada de las minas bajo el régimen de la mita acumularían antagonismos. Del otro lado de las ingentes riquezas extraídas del Potosí para ser enviadas a Europa quedaban las familias de aborígenes destrozadas. Cuando uno de ellos partía hacia la mina se lo solía despedir como a un futuro difunto, sabiendo que jamás regresaría…
En los años previos al desembarco de los españoles, el imperio inca, con sus cuatro regiones que iban desde el Ecuador hasta el Noroeste argentino y cuyos caminos e influencias culturales llegaban tanto a Mendoza y la Araucanía chilena al sur como al Amazonas en el oeste, vivía un período de esplendor no exento de luchas y rivalidades.
Hacia 1780, el movimiento indígena rebelde hacia las normas del Imperio se exaltó por una serie de medidas administrativas y económicas adoptadas por la Corona que alteraron el orden tradicional del sur andino. Por eso no resulta casual que en noviembre de ese año la figura del principal dirigente se encarnara en Tupac Amaru II. Él aparecía así como la continuidad de una dinastía trunca por la conquista.
Noviembre de 1536, noviembre de 1780
En efecto, suele aceptarse que el 16 de noviembre de 1532, poco después de haber terminado una guerra civil entre los dos herederos al trono, Huáscar y Atahualpa –hijos de Huayna Capac–, el ejército incaico se reunión en Cajamarca con los conquistadores que comandaba Francisco Pizarro.
Atahualpa, vencedor de su hermano, fue tomado prisionero por los españoles y poco después, el 26 de julio de 1533, ejecutado. Los españoles, con el apoyo de grupos étnicos desplazados, marcharon al Cuzco, capital del imperio e impusieron a un nuevo inca, Manco Inca… el 14 de noviembre. Como se verá esos días de primavera parecían predestinados a fijar fechas clave de la historia de lo que después sería el Perú, Alto y Bajo. Mano Inca no fue todo lo dócil que sus inspiradores esperaban y, por el contrario, encabezó una guerra de reconquista, sitiando el Cuzco y, en 1536 sitió a la recién fundada ciudad de Lima pero no logró tomarla. Así, Manco se retiró a las escarpadas montañas de Vilcabamba, donde, en 1538, instaló una nueva capital inca que logrará sostenerse hasta 1572 cuando el virrey Francisco de Toledo tomó por la fuerza el lugar y ordenó la ejecución del último de los emperadores incas, Tupac Amaru I. Así, puede establecerse que, si bien los rápidos triunfos les otorgaron a los conquistadores un poder importante en menos de dos años, el definitivo dominio del territorio demoró cuatro décadas en consumarse.
Doscientos años después de aquellos hechos es cuando entra en escena Tupac Amaru II. Una razón económica y múltiples motivos políticos y administrativos confluyeron para la explosión. Hacia 1780, cuando estalló el movimiento, la explotación de las inmensas riquezas sacadas de las minas de plata del cerro Potosí, que engrosaron durante dos siglos y medio las arcas de la Corona y a los principales banqueros europeos, estaba en franca decadencia. Por otro lado, la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, separando al Alto –la actual Bolivia– del Bajo Perú –la región de los actuales Puno, Cuzco y Arequipa–, se juntó con una serie de nuevas tasas en impuestos, como la alcabala que gravaba las transacciones económicas, la imposición de aduanas internas y con la intención de ampliar el tributo indígena a los mestizos. La razón de fondo, sin embargo, debía buscarse en los más de doscientos años de explotación de los aborígenes sometidos a regímenes inhumanos de trabajo, de tipo esclavista o de servidumbre, como la encomienda, la mita y el tributo.
La carta y el edicto de la rebelión
La rebelión dirigida por Tupac Amaru comenzó el 4 de noviembre de 1780 con la captura y posterior ejecución del corregidor Antonio de Arriaga. Pocos días después José Gabriel Condorcanqui, ahora convertido en sucesor natural del último sapa inca. Tupac Amaru se proclamó “Señor de los Césares y Amazonas”, ? y juró su coronación con un bando donde decía: “Don José Primero, por la gracia de Dios, Inca Rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina...”.
Su programa político generó amplias adhesiones, no solo en los pueblos aborígenes sino también en un sector de los criollos siempre desplazados por los ibéricos. Tupac Amaru planteó la eliminación de diversas formas de explotación indígena (como la mita en las minas, el reparto de mercancías y los obrajes), de los corregimientos, alcabalas y aduanas (14 de noviembre) y, el 16 de noviembre, decretó la abolición de la esclavitud de los negros traídos forzadamente de África, siendo así la primera vez que se adoptó esta medida en Hispanoamérica.
Convertido ya en Inca de las más vastas regiones de América del Sur escribió una carta a su primo Bernardo Sucacagua. Fechada el 15 de noviembre de 1780, le da instrucciones precisas de actuar “en nombre del rey de España” pero actuar sin piedad contra sus representantes. Dice así:
Muy Sr. mío: tengo orden superior para extinguir corregidores [funcionario real], la que comunico a Usted para que haga lo mismo que yo. Se impondrá Usted de la copia que va adjunta, y en su virtud publique Usted personalmente en forma de bando, en todos los pueblos, y que se planten horcas para todos los renitentes. Hecha esta diligencia, en voz del Rey, nuestro señor, convoque Usted toda la provincia y los que fuesen necesarios, y habiéndolo preso al corregidor presente, como al pasado, pondrá Usted sus bienes en buena guardia y custodia.
Esta orden no es contra Dios, ni contra el Rey, sino contra las malas introducciones. Deseo que Dios guarde la vida de Usted muchos años.
Mande sacar copia del edicto original, para que se fije en los pueblos de esa provincia y puertas de iglesias, para que llegue a noticia de todos, y ninguno alegue ignorancia, poniéndolo el original en la capital de la provincia.
Y acompañaba la carta con el siguiente Edicto:
Por cuanto el Rey me tiene ordenado proceda extraordinariamente contra varios corregidores y sus tenientes por legítimas causas que por ahora se reservan, y hallándose comprendidos en la real orden el corregidor de la provincia de Lampa y su teniente general, y no pudiendo yo practicar las diligencias que el caso exige, por tener otras a la vista que piden mi física asistencia para su remedio; para que tenga el efecto debido la real orden, subrogo en mi lugar al gobernador D. Bernardo Sucacagua, quien inmediatamente prenderá con la mayor cautela y sigilo al corregidor y su teniente, convocando para el fin la soldadesca e indios de dicha provincia, manteniendo a los reos en la más segura prisión con guardias de vista, negándoles toda comunicación, hasta que se determine otra cosa; haciendo inventario s legales y formales de todos los bienes y papeles que se les encontrasen, sin reserva de cosa alguna, de lo que se me dará la más segura noticia. Pues todos estos bienes corresponden al real patrimonio y buena administración de justicia, para resarcir por este medio los agravios que los indios y otros individuos han sufrido hasta el día.
A pesar de contar con el apoyo de decenas de miles de aborígenes movilizados y armados, Túpac Amaru evitó un enfrentamiento abierto y prefirió sitiar pero no penetrar en la ciudad de Cuzco, antigua capital dela región, con lo cual, posiblemente, solo intentó evitar muertes innecesarias. Hecho cautivo, fue ejecutado –al igual que su esposa y dos de sus hijos– y su cuerpo, mutilado y descuartizado, se envió, en trozos, a distintas localidades para “escarmentar” a los sublevados. Su ejecución y posterior descuartizamiento se concretó el 18 de mayo de 1781; Tupac Amaru tenía 43 años.
Carta encontrada en los bolsillos de Túpac Amaru
La siguiente carta, fechada en Tinta el 6 de abril de 1781 fue hallada en los bolsillos de su saco en mayo de 1781.
D. José I por la gracia de Dios Inca, Rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires, y continentes de los mares del sud, duque de la Superlativa, Señor de los Cesares y Amazonas con dominio en el gran Paititi, Comisario distribuidor de la piedad divina por erario sin par, etc.
Por cuanto es acordado en mi Consejo por Junta prolija por repetidas ocasiones, ya secreta, ya pública, que los Reyes de Castilla me han tenido usurpada la Corona y dominio de mis gentes, cerca de tres siglos, pensionándome los vasallos con insoportables gabelas, tributos, piezas, lanzas, aduanas, alcabalas, estancos, catastros, diezmos, quintos, virreyes, audiencias, corregidoras y demás ministros, todos iguales en la tiranía, vendiendo la justicia, en almoneda con los escribanos de esta fe, quien más puja y quien más da, entrando en esto los empleos eclesiásticos v seculares, sin temor de Dios; estropeando como bestias a los naturales del reino; quitando la vida a todos los que no supieron robar todo digno del más severo reparo. Por eso. y por los clamores que con generalidad han llegado al Cielo, en el nombre de Dios Todo-Poderoso, ordenamos y mandamos, que ninguna de las personas dichas pague ni obedezca en cosa alguna a los ministros europeos intrusos, y sólo se deberá tener todo respeto al sacerdocio, pagándoles el diezmo y la primicia como que se da a Dios inmediatamente, y el tributo y el quinto a su Rey y Señor natural, y esto con la moderación que se hará saber, con las demás leyes de observar y guardar. Y para el pronto remedio de todo lo susoexpresado [sic], mando se reitere y publique la jura hecha mi Real Corona en todas las ciudades, villas y lugares de mis dominios, dándome parte con toda la verdad de los vasallos prontos y fieles para el premio igual, y de los que se rebelaren, para la pena que les compile remitiéndose la jura hecha, con razón de cuanto nos conduzca, etcétera.
Al enviarla a las autoridades quienes hallaron la carta agregaron una esquela: “Fecho en tantos de tal mes y año, etc. Ítem se dice se le encontró al rebelde su retrato coronado, y a los pies, por trofeos, los muertos de las primeras batallas que son sabidas desde la rebelión. Es copia a la letra de otro original que se manifestó en esta presidencia. Plata, 15 de agosto de 1781”. (Plata, es otro nombre de la ciudad de Potosí o Cerro de la Plata)