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El tránsito bahiense, una obra de aventuras con muy malos actores

La mitad de los encuestados reconoció utilizar el celular mientras conducía.
Un estudio detectó dos faltas más usuales: esperar abajo del cordón para cruzar y no hacerlo por las esquinas.

Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

En 1914 la Municipalidad solicitó la colaboración de la policía buscando ordenar el cada vez más caótico tránsito bahiense, en cuyas calles convivían los primeros automóviles, mateos, tranvías, carros a caballo, ciclistas y peatones. Un agente ocupó entonces la esquina de Alsina y Soler equipado con una barita en su mano e intentó encauzar un desorden sin siquiera disponer de un reglamento sobre qué comportamiento debía mantener cada quien.

Desde entonces, y hasta hoy, el comportamiento de cada uno de esos actores sigue teñido del mismo grado de conflictividad y riesgo, con un parque automotor en crecimiento constante, calles incapaces de dar una respuesta adecuada y conductores y peatones que ignoran señales y normativas.

Conducta

Es justo indicar que, más allá de las características particulares del tránsito bahiense, la conducta de los argentinos en general es mala. Un estudio dado a conocer en las últimas semanas por la Universidad Siglo XXI concluyó que 9 de cada 10 argentinos cometen infracciones mientras manejan.

La mitad de los encuestados reconoció utilizar el celular mientras conducía --sea para hablar o leer mensajes-- mientras que el 40% admitió haber cruzado semáforos con luz roja.

Los porcentajes más elevados de incumplimientos se relacionan con el respeto a la señal de Pare --que obliga a la detención completa del vehículo--, ya que el 80% reconoció no cumplir. El 62%, en tanto, dijo no respetar las velocidades máximas, tanto la de 40 km/h que rige para las calles de la zona urbana, como la correspondiente a caminos o avenidas.

Un componente final, que deja en claro lo complicado que resulta modificar estas conductas, es la lectura que los propios conductores realizan de sí mismos. El 94% de los consultados consideró que manejaba bien y cumplía con las normas, calificándose a sí mismo con un puntaje promedio de 8,1. Lo singular es que todos consideraron que "el resto" manejaba mal, y en ese caso la puntuación media adjudicada fue de 5,2. Conclusión: parece difícil modificar conductas de quienes piensan que manejan de manera adecuada y no son parte de la manada que genera el caos reinante.

Los peatones, no menos complicados

Las calles son de los vehículos, pero las cruzan los peatones. Por eso también son parte de este informe. Porque además son los más expuestos a sufrir las consecuencias del desorden debido a la fragilidad que supone un cuerpo frente a una máquina.

Un informe dado a conocer en 2015 por el Centro de Investigación de Tendencias y Comunicación (CITEC)señala que uno de cada dos peatones infringe leyes viales. El estudio detectó dos faltas más usuales y repetidas: esperar abajo del cordón para cruzar y no hacerlo por las esquinas. La primera de las actitudes es de sumo riesgo si se considera que los conductores suelen doblar "tirando el coche" sobre estas personas, a modo de darles a entender que no deben estar sobre el pavimento.

Si bien ocurrió hace tiempo, junio de 1998, se recuerda la penosa muerte de Silvina Accavallo, hija del ex campeón mundial de boxeo. Mientras esperaba cruzar una avenida en Buenos Aires parada sobre la calle cuando fue golpeada en la cabeza por el espejo de una camioneta, situación que le causó la muerte inmediata.

Pero posiblemente la conducta más preocupante de estos tiempos es la del denominado "peatón tecnológico".

Caminar en otro mundo

Cada día crece la cantidad de personas que camina concentrada en sus celulares-computadoras. Atentos a esas pantallas sufren accidentes por no prestar atención. La asociación civil Luchemos por la Vida alertó sobre el peligro que estos dispositivos.

“La ciencia estudia las limitaciones del cerebro para realizar al mismo tiempo dos tareas que demanden atención. Los investigadores han probado lo peligroso de cruzar la calle mientras se utiliza un celular, se escucha música o se lee un mensaje. Los peatones no respetan el semáforo y cruzan a destiempo”, indicó.

Un estudio realizado en Estados Unidos determinó que las posibilidades de sufrir un accidente en la calle se duplican cuando los transeúntes utilizan su teléfono celular.

La Academia Estadounidense de Cirujanos Ortopédicos revisó los casos de caminantes que llegaron a hospitales atropellados o por sufrir algún percance en la vía pública.

“Los peligros del ‘peatón digital’ están aumentando”, comentó la entidad. “Cada vez más caen por las escaleras, tropiezan, chocan con otras personas o entran en mitad del tráfico por estar pendientes de sus teléfonos, lo que provoca desde rasguños y moretones hasta torceduras y fracturas”.

El informe aseguró además que el 18,2% de los peatones no respeta las sendas peatonales y que el cruce en diagonal o a cualquier altura de la cuadra es moneda corriente.

Otra arista importante es la “poca paciencia” de los caminantes en esperar la señal del cruce permitido y que el 32,8% espera debajo de la vereda, algo “altamente peligroso”, según el estudio.

Para los hacedores del trabajo, los peatones --el eslabón más débil de la cadena del tránsito-- mantienen un alto porcentaje de conductas temerarias que ponen en riesgo su vida.

“La sensación de impunidad que tienen al saber que no sufrirán ninguna multa ni reprimenda complementa las conductas temerarias”.

Las voces

Como en el fútbol o en la política, el tránsito tiene tantas visiones como analistas. Existen sin embargo algunas opiniones que pueden considerarse más válidas que otras, a partir de la experiencia o conocimientos de quien las emite.

En el caso del tránsito local, Enrique Abbate, titular de una academia de conducir, menciona que no se puede generalizar sobre cómo manejan los bahienses. "Hay conductores más hábiles y otros menos", apunta, para mencionar luego que Bahía Blanca tiene "el tránsito colapsado y las calles muy rotas, situación que obliga a los conductores a realizar maniobras extrañas y riesgosas".

Criticó la implementación de carriles para ciclistas sin retirar, previamente, los autos estacionados, de modo de dar más ancho de circulación a la calle.

Puntualizó como un mal local no mantener los 10 o 20 metros --de acuerdo con la velocidad de circulación-- que deben mantenerse entre automóviles en marcha. "Acá se pone el auto demasiado cerca, lo cual genera nerviosismo. Es una conducta muy agresiva. Eso se suma a que mucha gente está muy nerviosa cuando conduce", menciona.

Otro crítico de los conductores locales es el ex piloto Juan Alberto Vallasciani, titular de una academia de manejo. "Tenemos un tránsito desordenado y se maneja sin actuar como corresponde", indica.

Entre los comportamientos inadecuados indica la falta de uso de balizas al frenar, no utilizar la luz de giro, arrancar cuando está amarillo el semáforo de la calle que cruza y utilizar el teléfono mientras se marcha.

"También es habitual que se marche a baja velocidad por la izquierda, obligando a que se lo pase por la derecha, lo cual, además de ser una infracción, es riesgoso", explica.

Fue además muy crítico con la falta de sincronización de los semáforos, que dificulta la circulación y fastidia a los conductores. "La gente termina por no respetarlos, tratando de ganar tiempo. Lo lógico es que en una ciudad como la nuestra exista onda verde. Un buen ejemplo es el eje Brown-Vieytes. Uno malo es la avenida Alem que obliga a frenar cada dos cuadras", sostuvo.

Por último remarcó el riesgo que significa circular para ciclistas y motociclistas. "Si andás en esos vehículos tenés que tener suerte para salir ileso. Para ellos salir a la calle es una aventura".

Pedro Silberman, que preside el Grupo Interdisciplinario para el estudio de la Colisión Vial integrado por profesionales de la UNS, definió a los conductores locales como “muy pocos respetuosos y solidarios", con escaso apego a las reglas de tránsito, tanto cuando conducen como cuando caminan.

Una encuesta realizada por ese grupo de trabajo, a partir de modelos serios y confiables, determinó que un 36% de los entrevistados frenó de golpe para no chocar por ir "distraído, pensativo o preocupado", un 55,1% reconoció haberse adelantado por la derecha a un vehículo que circulaba lentamente y un 50,5% estacionó, aunque sea un tiempo breve, en lugares indebidos.

En el caso de motociclistas y ciclistas, el 54% admitió que zigzagueaba entre vehículos, un 14% circuló en contramano y un 17% cruzó el semáforo en rojo. Esta última conducta alcanza porcentajes del 75,9% en ciclistas y del 50,2% en cuanto a circular en contramano y el 70,2% no realiza seña alguna para anticipar una maniobra.

Por último, en el caso de los peatones, el 89,2% cruza por la mitad de cuadra, el 32,2% lo hace mientras utiliza el celular y el 41% camina por el borde de la calle.

Campañas y horizontes

Ramiro Frapiccini, director de Tránsito y Transporte del municipio, reconoció que el bahiense no tiene mucho apego a las normas de tránsito. "No creo que sea algo exclusivo de nuestra ciudad, pero tenemos mucha desprolijidad y distracción en el manejo. Se conduce como si fuéramos una ciudad de 100 mil habitantes antes que de 350 mil".

Reconoció la importancia de las campañas educativas, más allá de admitir que no todas tienen el mismo efecto. "Sirven cuando son sostenidas en el tiempo. Las que hicimos para el uso del cinturón de seguridad tuvo un impacto muy favorable. No hubo la misma respuesta en el caso del uso de celular. Por eso siempre estamos buscando nuevas manera de comunicarnos", indicó.

Anticipó la voluntad de modificar el examen práctico a la hora de tramitar la licencia de conducir, hoy reducido a estacionar entre vallas y realizar un slalom entre conos.

Para Mauro Plaide, a cargo de la Guardia Urbana, el tránsito local no llega a ser "un caos", aunque no tiene dudas de que los bahienses "son hijos del rigor" y que basta que adviertan la falta de un agente para quebrar las normativas. "Hacen lo que quiere", señaló. Mencionó también la mala conducta de los peatones, que no respetan los lugares de cruce ni los semáforos. "Cada día es más habitual los que caminan usando el celular, mirando el piso o el horizonte. Son un problema y un riesgo".Por último se consultó a dos conductores locales.

Carla Danelli, licenciada en Ciencias Sociales, un poco alejada del denominador común, señaló que en Bahía Blanca "no se maneja tan mal" y que poco a poco los conductores "se van amoldando al crecimiento en la cantidad de automóviles". Mencionó como las faltas que más la perturban las de estacionar en lugares indebidos, sobre todo en las consideradas "vías rápidas", y que no se hagan señas cuando se frena o dobla.

"Tenés que adivinar qué van a hacer", dijo. También consideró un destrato que no se respete a los peatones a la hora de cruzar cuando se dobla en un semáforo verde. Una curiosidad es que admite que como conductora actúa mejor que como peatón. "Cuando camino suelo cruzar por cualquier parte de la calle".

Andrés Ceballos se reconoció como "un infractor serial" en materia de semáforos. "No soporto la falta de respeto de estos aparatos, que te obligan a frenar en cada esquina y lo único que hacen es complicar el tránsito. Con los cuidados del caso, en general los paso".

Reconoció en cambio que no atiende el celular mientras conduce --"ya comprobé como te distrae"-- y advierte el poco uso que hacen los conductores de los espejos retrovisores.

"Les parece que van solos por la calle y a veces circulan por la izquierda sin advertir que una fila de coches pretende pasarlos", reflexiona.

Un poco de historia

El 17 de agosto de 1896, al cruzar la calle Dolphin Terrace, en Londres, Bridget Driscoll, una mujer de 45 años de edad, fue atropellada por un automóvil de la French Motor Company. La velocidad de marcha del coche era de 13 km/h pero el impacto provocó un fuerte golpe de cabeza a Dolphin, quien falleció horas después.

Se trató de la primera víctima en el mundo por el choque de un automóvil y por ese hecho cada 17 de agosto se celebra el Día Mundial del Peatón. La Justicia estableció que la muerte fue accidental y el juez se esperanzó en que nunca más volviera a suceder "esa clase de absurdo".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que en la actualidad mueren 1,25 millones de personas cada año en el mundo como resultado de los accidentes de tránsito. De ese total, la mitad corresponde a los "usuarios vulnerables de la vía pública", es decir peatones, ciclistas y motociclistas.

Uno de los primeros accidentes fatales en nuestra ciudad data de abril de 1912, cuando el arquitecto y vicedirector del Colegio Nacional, Joaquín Saurí, atropelló en la esquina de San Martín y Las Heras a Eduardo Gutiérrez cuando descendía del tranvía, quien falleció como consecuencia de las heridas sufridas. Saurí resultó libre de culpa y cargo. Las crónicas de época dan cuenta de su estado de abatimiento y culpa, al cual relacionaron con su muerte pocos meses después, a causa de un aneurisma cerebral. Tenía 37 años.