La narcoinvasión de la Argentina

8/10/2016 | 08:32 |

Por
Fernando Monacelli

¿Cuál es el grado de narcoinvasión que sufre la Argentina? Nadie lo sabe.

Más bien daría la sensación de que se vive un estado de incertidumbre y tal vez de negación.

Nadie dice ya que en la Argentina no se consume droga. Tampoco se niega que en la Argentina se comercialice droga a escala, ni que, incluso, en la Argentina operen grandes narcos. Pero eso se sabe desde un contexto de incertidumbre sobre cuál es el alcance del “narco” como mafia organizada y cuáles son ya sus daños a nivel estructural. Esto es, a qué profundidad de las instituciones está operando, tanto en las fuerzas de seguridad como -y sobre todo- en la política, que es a partir de donde el narco hace su metástasis terminal en un Estado.

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Hace un año, Aníbal Fernández perdió las elecciones a gobernador en Buenos Aires porque mucha gente consideró verosímil una denuncia que lo vinculaba al triple crimen narco de General Rodríguez y muchas otras denuncias que lo mencionaban como un protector de los importadores de efedrina.

Esta semana apareció muerto en Tucumán el sacerdote Juan Viroche que denunciaba la narcocriminalidad y el poder; y esta semana, también, en un causa que investiga el tráfico de cocaína a España, allanaron el aeropuerto de San Fernando para revisar seis aeronaves. Dos de los aviones bajo sospecha eran oficiales, uno de la gobernación de Tucumán y el otro del Chaco.

Dicen expertos que la década del 90 fue la época en que el narcotráfico llegó al país para lavar su dinero (en Bahía Blanca, por ejemplo, lavó el cartel de Juárez) y que luego, durante el kircherismo, además de maniobras de lavado, comenzaron a operar activamente los cárteles de la droga, gracias a “una política de puertas abiertas”.

Si la Argentina es un país de consumo, producción o tránsito (la discusión que suele oírse) es un debate de seguridad pública; si el narco ya invadió estructuras políticas es casi un debate de supervivencia como sociedad.

¿Que aquí no puede pasar, que no somos Colombia o los estados del norte mejicano? Hay quienes sospechan que esta es la convicción social preferida de los narcos, porque los vuelve invisibles. En su último mensaje en Facebook, el cura fallecido en Tucumán, dijo: “No soy un profeta de las calamidades, pero esto se está poniendo feo”.

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