El abandonado y enigmático chalet de Villa General Arias
Por Fernanda Martel / Archivo Histórico Punta Alta
A la vera de la ruta 229 se lo puede ver, derruido por el paso del tiempo y el abandono. Aquel viejo chalet, "el castillo", como muchos erróneamente le dicen, atrae la atención de cualquiera que pase y despierta la curiosidad. ¿Cuándo se construyó? ¿Quién era su dueño?
Se sabe que fue construido a principios del siglo XX, entre 1912 y 1927, y perteneció al doctor Ramón Ayala Torales, quien fuera el primer médico con que contó nuestro pueblo de manera estable.
En efecto, aquel galeno se radicó en Punta Alta en 1908, estableciendo su residencia particular y consultorio en Rivadavia 120.
Pocos años después emprendió la construcción del chalet en Villa Arias, destinado a ser la casa de fin de semana, para celebrar fiestas familiares y encuentros de amistades.
Emplazado en un solar parcialmente cercado, de una hectárea de extensión, formaba parte de un predio de 400 hectáreas que se extendían hasta la costa y era utilizado como coto de caza menor o para cabalgatas de los residentes y visitantes.
Cabe aclarar que el frente original de la casa se ubica hacia el interior de Villa Arias. Lo que se observa desde la ruta 229 es en realidad la parte posterior del edificio.
Las rejas, las tejas y otros elementos denotan el estilo colonial. El casco principal tiene tres plantas y en su interior, innumerables y pequeños ambientes.
Antaño lucían murales realizados por el propio Ayala Torales para perpetuar los rostros de familiares y amigos.
Arruinados con el paso del tiempo fueron restaurados en 1978 por el artista plástico Hernán Silva, aunque en la actualidad muestran graves signos de deterioro.
Siete fogones, uno de ellos con tres bocas, revestidos en antiquísimos azulejos o mármol de Carrara completaban el conjunto.
La propiedad le perteneció a la familia Ayala Torales hasta 1976, luego varios propietarios que sucesivamente adquirieron la casa tuvieron intenciones de poner en marcha diversos emprendimientos como una casa de té, un asilo de ancianos o un boliche bailable. Ninguno prosperó. En la actualidad le pertenece a Lisandro Mauricio Sejas.
Paradójicamente nunca circularon en torno a aquella antigua casona rumores acerca de fantasmas o apariciones. Las mayores suspicacias surgieron en relación con dos elementos constructivos. Uno de ellos es el mirador, ubicado en la parte más alta de la vivienda. La memoria popular quiso que su función sea el de avistar desde lejos el ataque de indios maloneros, cosa bastante imposible teniendo en cuenta que la casa fue construida en época posterior. Otro de los elementos es una especie de calabozo.