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Piñón Fijo reavivó las fragancias de la infancia

Los chicos, los padres, los abuelos... la familia. El payaso cordobés y sus hijos Sol y Jeremías ofrecieron ayer un espectáculo en el Don Bosco.
Por más que pase el tiempo, Piñón Fijo, ahora con sus hijos, sigue despertando sonrisas.

Por Ricardo Aure / haure@lanueva.com

Cuando los ecos del último aplauso, del último grito, del último y multiplicado beso, del último “Piñón, te amo” parecen esfumarse en la inmensa soledad del teatro vacío, el payaso se asoma entre el telón, se baja despacio del escenario y se sienta frente a Jusepina, le toma las manitos, le ofrenda la más grandes de sus sonrisas y se queda disfrutando de esas fragancias de la infancia.

El payaso es Fabián Gómez, tiene 49 años, es cordobés y hace 25 que Piñón Fijo es su nombre.

Zapatitos blancos, pollerita negra con brillante cinta rosa, remera a rayas blancas y negras, Jusepina, de 21 meses, no sale de su asombro mientras su abuela no para se sacarle fotos.

Fue el otro final del nuevo paso de Piñón por aquí, el que ayer se dio en el colmado Centro Cultural Don Bosco para agregarse a una historia cuyo principio se remonta al sábado 26 de abril de 2003, cuando 10.000 bahienses lo aclamaron en dos funciones consecutivas cumplidas en el estadio de Estudiantes, un hecho que no volvió a repetirse.

“Cada vez que me maquillo, en cada pincelada me pregunto por qué hago lo que hago. Al principio creía que yo había elegido este oficio pero ahora, como me pasó en Bahía, al ver cómo, a no sé cuántos kilómetros de la habitación donde las escribí, miles de pibes y grandes cantan mis canciones, debo decir que fue el oficio el que me eligió”, confidenció.

Piñón, 25 años en familia fue el nombre del espectáculo de ayer, protagonizado también por Sol y Jeremías, sus hijos, que por casi 90 minutos entusiasmó con las clásicas canciones que a coro compartieron los chicos, los padres, las madres con sus hijos a upa, los abuelos, los productores...

Hay un saxo, hay un saxo,

Hay un saxo en la bolsa, en la mochila, en la casita de Piñón.

Hay un saxo en la bolsa, en la mochila, en la casita de Piñón.

Con la participación como premisa central, Piñón propuso, por ejemplo, divertidas competencias de memoria sobre acelerados estribillos de sus temas y armó tres equipos: los chicos, las mujeres y los hombres. Su dictamen, abierta ayuda a los hombres mediante, fue cuestionado a viva voz con el ¡in-jus-ti-cia! Que lideró Sol.

Banderas al aire, carteles y gorros amarillos por todo el teatro. Además, los típicos “saxos cloacales” del payaso armados con caños de PVC, tan reclamados por los chicos en la entrada (¡Dale, pa, comprame uno...!), se hicieron escuchar con fuerza. A Teo, de inquietos 3 años, le sorprendía que todos fueran diferentes.

Al final todo se transformó en un mismo escenario: chicos corriendo, saltando o bailando en los pasillos o sobre los hombros de sus papás, y mamis muy emocionadas que de repente volvían a las fragancias de sus infancias. Cuando parecía que todo había terminado, el insistente “otra, otra” hizo volver a Piñón quien puso el bis a la consideración del público para que Chu Chu Ua ganara por aclamación.

¡Compañía!

Brazo extendido...