Con la pasión y con la cruz
" ... mi barrio fue mi gente que no está,
las cosas que ya nunca volverán.
Y desde ese día en que me fui
con la emoción y con la cruz
¡yo sé que tengo el corazón mirando al sur".(El corazón mirando al sur, de Eladia Blázquez, 1976).
Toda la letra del tango llegó desde las manos de Néstor Navarro a las del Papa Francisco. Son amigos desde 1998, aunque no sólo los une al amor al sacerdocio, sino también la "pasión fraterna" por San Lorenzo de Almagro. Y de eso, también de puño y letra, le escribió el Papa.
--¿Por qué ese tango?
–-Para que no deje de mirarnos ni de rezar por nosotros, los que seguimos en el sur --explica Néstor.
"De tanto mirar al sur ya tengo tortícolis. ¡Ah! Y no sabés la cantidad de camisetas de San Lorenzo que me han tirado en el papamóvil, tantas como alfajores argentinos y yerba. Todo muy bien, pero sigo teniendo tortícolis", le dijo Francisco en su respuesta, también por carta, que llegó por correo hasta la Curia de la avenida Colón, donde vive Néstor desde que culminó su misión en la Diócesis de General Roca, en Río Negro.
Asambleas anuales y reuniones de obispos los fueron reencontrando periódicamente. En una de esas, en 2009 y en San Nicolás de los Arroyos, el cardenal Jorge Bergoglio, hoy Francisco, llegó en un colectivo de línea al Encuentro Nacional de Misiones bajo una lluvia torrencial. Néstor, que había llegado desde Roca en auto y tenía que cumplir trámites en Buenos Aires, se ofreció a llevarlo, pero no aceptó porque había sacado pasaje de ida y vuelta.
--¿Pensaba que ese cura tan austero y de bajo perfil llegaría a ser el líder de los 1.200 millones de católicos?
--Honestamente no. En 2005, tras la muerte de Juan Pablo II, cuando tuvo posibilidades de ser su sucesor, se dijo que le había pedido a quienes pensaban votarlo que lo hicieran por Ratzinger, luego Benedicto XVI. Pasaron ocho años... y llegué a pensar que no tendría otra oportunidad, pero tuvo mucha repercusión la excelente tarea de Bergoglio en la Conferencia Episcopal de América y el Caribe, en Aparecida, Brasil, donde su documento sobre la misión de la Iglesia y los pobres fue conmovedor.
--¿El entusiasmo que despierta Francisco tras su irrupción en el Vaticano puede explicarse, también, en una opaca labor de Benedicto?
–-Benedicto fue un buen Papa y un brillante teólogo. Sucedió a una figura muy carismática, como la de Juan Pablo II. Su renuncia a todo lo que implica ser Papa, al reconocer que ya no tenía fuerzas, es un gesto revolucionario, porque demuestra que el poder es para servir y no para servirse.
--¿La Iglesia, entonces, entra en un ciclo revolucionario?
–-Ingresa en un ciclo de profundas transformaciones, porque ha dado un gran paso hacia la gente. Francisco hace lo que siempre hizo con sencillez y certeza, ahora como pastor de la Iglesia Universal, que debe armonizar a millones de fieles de distintas culturas, lenguas y políticas. Su servicio al prójimo es natural en él y su presencia se siente, porque él, tal como lo hacía en las villas de Buenos Aires, siempre está y no se limita a enviar un discurso.
--¿No le pareció que la postura de Francisco frente a la guerra en Siria y a la intervención de Estados Unidos fue mucho más comprometida que la de otros Papas?
--Todos los Papas han trabajado por la paz. Recuerdo que Juan Pablo II, en 2003, fue muy duro con la invasión a Irak. Lo más importante es no bajar los brazos ante la injusticia y la violencia, una terrible espiral que no se sabe cuándo termina, pero sí se sabe que recae en los más débiles: los ancianos y los niños. Bajo cualquier régimen y cultura, siempre el poder se legitima por el bien que se le hace a la gente.* * *
Lunes 5 de marzo de 2007. El teléfono rompe el silencio en la Diócesis de Roca.
--Che, Néstor, ¿no tenés algún hincha de Boca cerca?
--Noooo, huyeron todos.
El domingo, San Lorenzo le había ganado 3-0 a Boca en La Bombonera y el cardenal Bergoglio disfrutaba y compartía la alegría de ese triunfo llamando desde Buenos Aires. Unos meses después, para el centenario del club, le regaló una camiseta azulgrana. "La de Bernardo Romeo, uno de nuestros grandes goleadores", precisa Néstor.
El año pasado, una de las últimas veces que se vieron, con San Lorenzo al borde del descenso, Néstor llegó a pedirle que imaginara "algún decreto" para evitarlo. "A este paso, tengo miedo de que lleguemos a jugar el clásico con Huracán en la B", le contestó Bergoglio. Al final, hubo una sufrida "salvación".
Como la religión, el fútbol también tiene sus misterios, como la eterna fidelidad a un club, eso de la pasión inexplicable.
--Francisco iba al viejo estadio de San Lorenzo de la mano de su papá y el amor por un club, que nace desde chico, es para toda la vida. Claro que tanta pasión provoca emociones exageradas.
--¿También en un sacerdote?
--Bueno... sufro con cada derrota, con cada gol en contra. Y como trato de no ser masoquista, tomo ciertas precauciones. Por ejemplo, entro a Internet para ver cómo va San Lorenzo y de eso depende que prenda el televisor. Pero en mi caso todo no pasa de las bromas que, así como van, vuelven.
--¿Cómo nació su santa pasión?
--Por un tío, porque mi papá era de Boca. De chico, iba a la casa de Manuel García, un amigo de Cabildo, para escuchar los partidos por radio. Una tarde de 1943, ese mismo tío me llevó a la cancha de Olimpo para ver a San Lorenzo contra la selección de la Liga del Sur. Ganamos 1-0 con gol de Isidro Lángara, un fenómeno de la época. Después, de seminarista, fui mucho a la cancha.
Mientras Francisco ha dicho que nunca olvidará el gol que le vio marcar a René Pontoni en 1946, frente a Racing, Néstor todavía sigue gritando el del Rodolfo "Lobo" Fischer a Estudiantes de La Plata, cuando "salimos campeones en 1968 y con un primo fuimos por error a la tribuna contraria . Nos tuvimos que quedar callados".
Claro que el hoy monseñor Navarro que al fútbol lo mira por TV, antes lo vivió como protagonista. En 1949, llegó a la quinta división de Sporting, y con esa camiseta rojinegra debutó en la Primera, siempre como mediocampista, porque por entonces no se hablaba de volantes o carrileros. "Y por lo general suplente, porque al titular, Pedro Pablo Barrionuevo, tan gran jugador como persona --aclara--, ni siquiera se resfriaba".
Había pensado colgar los botines cuando se incorporó al Ejército, para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. En la compañía Abastecimiento del Regimiento de Infantería 5 se armó un buen equipo y uno de sus compañeros, "Chiche" Pallero, lo convenció para jugar en Libertad. Y justamente contra Sporting se lastimó la rodilla. En 1958, Néstor decidió cerrar el círculo por el principio con la misma camiseta rojinegra.
--Ud. recuerda goles que hicieron los grandes jugadores de San Lorenzo, pero, ¿y los suyos?
--No fueron tantos ...
--El mejor, o el que más gritó.
--Fue el 1 de noviembre de 1958, en la cancha de Olimpo, en un clásico de reserva contra Rosario. Yo me había hecho un gol en contra. Después de un rebote en el palo, me llevé la pelota por delante y la verdad... con la cancha llena, me quería morir. Encima, nos habían expulsado un jugador, pero Dios me ayudó.
Lobo se llamaba aquel puntero de Sporting que corrió por la derecha y tiró el centro al área. Navarro, como impulsado por el Espíritu Santo, llegó a toda velocidad y le pegó a la pelota como venía, como si fuera Pontoni o Fischer: go-la-zo. Hasta el referí fue a congratularlo.
Se alejó de las canchas en 1959.***
Néstor Navarro habla despacio, respetuoso del silencio que reina en el patio de la Curia, tan cerca y tan lejos del ruido de la avenida Colón. Y mientras camina entre un parral que promete muchas uvas, desde un sobreviviente pequeño pedazo de tierra al pie de tantos rascacielos, dice que prefiere Bahía porque puede compartir el tiempo con gente muy cercana, como el arzobispo Garlatti, "un compañero de mi época de seminarista", o Pedro Laxague, con quien trabaja desde 1992. Además, están sus familiares, sus amigos y sus excompañeros del Servicio Militar, como Jacobo Frenkel, quien se encarga de reunirlos todos los años.
En un rato, tendrá que oficiar misa en Aldea Romana, después un casamiento y, más tarde, una reunión y otra... La vida de un cura como Néstor no tiene muchas pausas. Y encima está San Lorenzo, aunque para esa pasión no tiene cura. ***La infancia
Hijo de un español de Andalucía y de una argentina, Néstor Hugo Navarro nació el 26 de marzo de 1934 en la casa que alquilaban sus padres en Cabildo. Teodoro, su papá, era peluquero y operador de cine. Fue el primero en proyectar una película sonora en Bahía Blanca. A su mamá, Francisca Lucía Escudero, hija de un ferroviario, todos las conocían como Paca.
Fue bautizado en mayo de 1939 y tomó la Primera Comunión a los 12 años. De su infancia atesora muchos recuerdos ligados a Punta Alta, donde pasaba los veranos con sus abuelos maternos.
Dos años después de terminar el primario, sus padres se radicaron en Punta Alta. Siempre vivieron en Passo 763. Los sábados y domingos ayudaba a su papá en los cines Colón y Belgrano. Luego ingresó en la Escuela de Aprendices Operarios de la Base Naval Puerto Belgrano. Como personal civil de la Armada trabajó hasta 1961.El sacerdote
Se graduó como técnico nacional mecánico en la Escuela Industrial de Punta Alta y cumplió el primer año de Ingeniería en la Universidad Obrera, hoy UTN, en la Regional Bahía Blanca, en horario nocturno. Comenzó Historia en la Universidad Nacional del Sur, cuando decidió entrar en el Seminario Mayor San José. Estuvo en La Plata desde 1961 al 21 de diciembre de 1968. Sus primeros pasos como sacerdote los dio en el Seminario La Asunción, de Bahía Blanca, donde dictó clases de latín.
Director de Cáritas Arquidiocesana hasta 1975, fue párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Villa Sánchez Elía, y desde 1987, de Nuestra Señora de Lourdes. Durante años, su reflexión cerró la programación de Canal 9. En 1992 el arzobispo de Bahía Blanca, Rómulo García, lo designó vicario general de la Arquidiócesis,y en 1998 el Papa Juan Pablo II lo nominó obispo auxiliar.
Fue arzobispo de la diócesis de General Roca, provincia de Río Negro, desde 2003 a 2010. Pedro Pablo Barrionuevo, "un señor con todas las letras"
"¿Cómo que no juega más? ¿Qué le pasó?", se sorprendió Pedro Pablo Barrionuevo aquella tarde, ni bien llegó al vestuario de Sporting para otro entrenamiento, al enterarse de que Néstor Navarro había decidido ingresar al seminario. Pedro, un cordobés de Alta Gracia, era una de las grandes figuras de Sporting, club que lo integró en 1951 tras incorporarse al Servicio Militar Obligatorio, en la Base Naval Puerto Belgrano.
"Fue una época muy linda. Hicimos buenas campañas. A mí me tocó ser el titular porque dicen que jugaba bien, pero Néstor era un excelente futbolista y un señor con todas las letras, tanto en la cancha como fuera de ella. Y lo sigue siendo. Lo reencontré cuando ya había tomado los hábitos. Hoy lo siento un amigazo", indica con su inalterable tonada.
Barrionuevo cambió a su Córdoba natal por Punta Alta, donde formó su familia, y cada tanto se reúne con Néstor para cenar en Bahía Blanca, junto a otras glorias del fútbol de los años 50 y 60.