Caos en la República Centroafricana
La República Centroafricana es un país periférico, paupérrimo y sin salida al mar. Es, además, una de las naciones más pobres del mundo. Con sólo mencionar que sus apenas 5,1 millones de habitantes tienen un ingreso per cápita anual de apenas unos 800 dólares, la pobreza queda a la vista de todos. La miseria se refleja en su lamentable expectativa de vida al nacer, de sólo 50,5 años. El hambre y las enfermedades son responsables de este desastre. El 44% de su población es analfabeta. A una situación como la descripta, no es demasiado extraño que corresponda una enorme fragilidad política, alta corrupción e inestabilidad.
Por esto el gigantesco caos en que hoy está sumido el país. Pero por esto también pocos, muy pocos, hablan de ello. Como si nada que tuviera que ver con la República Centroafricana pudiera tener trascendencia. Como si no perteneciera a este mundo.
Su presidente, el corrupto François Bozizé, ha huido de la capital, Bangui, una polvorienta ciudad de 600.000 habitantes, y está ahora refugiado en la vecina República Democrática del Congo. Para ello tuvo apenas que cruzar el río Ubangi, que baña la ciudad y obra a la manera de frontera natural.
Bozizé había tomado el poder mediante un golpe de estado en el 2003 y se había "legitimado" luego mediante elecciones fraudulentas en 2005 y en 2011.
Una presunta coalición denominada "Seleka", de corte islámico, ha conquistado --por las armas-- el poder y controla todo el territorio del país. Los saqueos, asaltos, ejecuciones sumarias, violaciones y toda suerte de delitos se han transformado en cosa habitual. La razón la tiene, en cada ocasión, simplemente el más fuerte. Los trescientos soldados sudafricanos que custodiaban a Bozizé han tenido más de 100 bajas --muertos--, sin que Sudáfrica se haya inmutado para nada.
La potencia colonial, Francia, envió a unos 350 soldados --que se sumaron a unos 250 que ya estaban en Bangui-- para, con ellos, proteger a los pocos expatriados franceses que allí residen. Es suficiente. Pero ese y, no otro, es su mandato.
La República Centroafricana ha sido independiente desde 1960. No obstante, ha recibido toda suerte de azotes desde entonces, uno de los cuales fue el período en que gobernara el corrupto "emperador" Bokassa primero.
Los rebeldes que han tomado el poder vinieron desde el norte. Son islámicos, y muchos de ellos fundamentalistas. Los acompañaron en la conquista sus pares llegados de Sudán y del Chad, aventureros y cazafortunas. Armados hasta los dientes, con modernos pertrechos que quedaron disponibles a la caída de Gadaffi, en Libia. Los musulmanes, sin embargo, sólo conforman el 15% de la población local. Los demás son predominantemente cristianos. Pero sólo los musulmanes están armados y organizados para la lucha. Por esto triunfaron, casi sin resistencia.
Su rebelión es consecuencia del fracaso de los acuerdos de "unión nacional" alcanzados en Libreville, en enero de este año. El gobierno de Bozizé los incumplió. Resucitarlos ahora será una tarea casi imposible: Bozizé ya no tiene sustento. Por esto la labor será extremadamente compleja y no sería demasiado extraño que, al menos por un rato, los islámicos controlen a los demás. Con todas las penurias y peligros que se derivan de este tipo de situaciones con componentes étnicos y religiosos.
Gustavo Chopitea es analista internacional del Grupo Agenda Internacional.