El sargento no ha muerto
John Harley Robertson tiene 76 años y fue un soldado de la unidad de Green Berets, fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos en la guerra contra Vietnam del Norte. Casado y con dos hijas, su helicóptero fue derribado el 20 de mayo de 1968, mientras cumplía una misión secreta sobre Laos.
El ejército estadounidense, que trataba de cortar las líneas de aprovisionamiento del Vietcong (la guerrilla vietnamita), fue incapaz de lanzar una misión de búsqueda de supervivientes. Robertson fue declarado desaparecido en acción y en 1976 fue oficialmente dado por fallecido en combate.
Su nombre es uno de los más de 60.000 inscriptos en el monumento de Washington que les rinde tributo a los soldados estadounidenses muertos en Vietnam, pero según el cineasta canadiense Michael Jorgensen, que en la noche del último día de abril estrenó su filme documental Unclaimed (Sin reclamar), en Toronto, Robertson no murió en el ataque a su helicóptero, sino que durante los últimos 44 años ha vivido sin casi memoria de su pasado y olvidado por su país en una remota área rural de Vietnam.
Según la película, tras sobrevivir malherido al ataque, Robertson fue capturado por guerrilleros vietnamitas que lo acusaron de ser un espía de la CIA y lo torturaron sistemáticamente durante cuatro años.
"Me encerraron, en lo alto de la selva, en una jaula. La tortura y el hambre hacían que perdiese la conciencia regularmente. El soldado norvietnamita me golpeaba en la cabeza con un palo, gritando 'americano'. Y me golpeaba otra vez más fuerte. Pensé que moriría. Nunca dije nada a pesar de la tortura", dice Robertson.
A pesar de meses de cautiverio y maltratos, física y mentalmente deteriorado, Robertson escapó. Durante un tiempo se escondió en la selva hasta que fue descubierto por la viuda de un soldado survietnamita leal al gobierno que apoyaba Estados Unidos.
La mujer, enfermera de profesión, lo protegió y cuidó. Robertson asumió la identidad de su marido fallecido, Dan Tan Ngoc, se declaró vietnamita de origen francés y tuvo cuatro hijos con su nueva esposa.
Según el director del filme, Robertson siente "una increíble lealtad" a la mujer que lo salvó de una muerte segura.
Durante décadas, Robertson vivió como un campesino vietnamita hasta que, en 2008, Tom Faunce, un veterano dedicado a buscar a los centenares de soldados estadounidenses desaparecidos durante la guerra de Vietnam, lo encontró.
Para entonces, Robertson mostraba los primeros rastros de demencia y había olvidado incluso su inglés.
"Es el síndrome del segundo lenguaje", explica el psicólogo de la Universidad de Alberta (Canadá) Martin Mrazik, entrevistado en el documental por Jorgensen, y para quien Robertson olvidó su idioma porque era "lo único que tenía sentido en el mundo que lo rodeaba".
Tras entrevistar a Robertson, Faunce estuvo seguro de que el campesino vietnamita era en realidad el soldado de las fuerzas especiales estadounidenses olvidado.
Faunce convenció a Jorgensen y los dos empezaron a investigar la historia de Robertson. Uno de los soldados que lo conoció, Ed Mahoney, viajó con Faunce y Jorgensen a Vietnam y reconoció inmediatamente a su antiguo camarada.
El director y el activista estadounidense consiguieron que Robertson se extrajera una muela para analizarla y probar que había crecido en Estados Unidos.
En 2010, Robertson acudió a la embajada de su país en Vietnam para intentar su identificación a través de sus huellas dactilares. La respuesta que Faunce recibió de las autoridades estadounidenses es que "no hay suficientes pruebas que demuestren que es John Hartley Robertson".
La única prueba que queda por realizar es comparar su ADN con el de familiares vivos. Pero las dos hijas estadounidenses de Robertson se han negado a someterse a una prueba de ADN.
Según Jorgensen, aunque una de las hijas de Robertson aceptó inicialmente realizar la prueba, poco después de reunirse con el general de las fuerzas especiales de Estados Unidos Ed Reeder, cambió de opinión.La prueba final
Imposibles las pruebas de ADN con las hijas norteamericanas, la última alternativa fue la única hermana viva de Robertson, Jean Robertson-Holley, de 80 años de edad.
Pero después de que Faunce y Jorgensen reuniesen a John y Jean en Canadá en 2012, una de las escenas más emotivas del filme, Jean no tiene ninguna duda de que el campesino vietnamita es su hermano.