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El cuadro que denuncia otro tipo de conflicto

Lejos de la rutina por unos días, o semanas, se desacomodan los hábitos. El tiempo y el espacio varían de repente. Y así se contraen con el final de las vacaciones. Entonces, de no mediar un pronto ajuste, no habrá coordinación entre lo que se nos demanda y lo que podemos dar. "Huir hacia el futuro o hacia el pasado, lugares en los que solemos situar los buenos momentos, nos aleja de nosotros mismos", advierte la licenciada en psicología Liliana Villagra.Aunque no está aceptado como una enfermedad, al síndrome posvacacional se le está dando cada vez una mayor importancia. ¿Otro efecto de la agitada vida moderna? (Fotos: Pablo Presti-LNP)
El cuadro que denuncia otro tipo de conflicto. Sociedad. La Nueva. Bahía Blanca

In-so-por-ta-ble.

¡Es la hora!, avisa el despertador.

El salto de la cama y el baño que ayuda a tomar un poco más de conciencia de que todo vuelve a ser como antes.

Ni ganas quedan de un café a las apuradas. La espera del colectivo, el viaje enmarcado por el escenario urbano a la misma hora que hasta hace poco recién nos acostábamos. Los ojos que miran sin ver.

Fi-nal-men-te, el tan temido regreso al trabajo y el reencuentro con un compañero que lo recibe con el letal: "Es mi último día".

En la entrada espera un almanaque desafiante con los 11 meses que quedan por venir y, también, hay que admitirlo, con cierto consuelo por el cercano feriado largo de carnavales.

De todos modos, lo cierto es que el tiempo más esperado del año quedó en el ayer, aunque parezca ayer cuando por fin nos fuimos de vacaciones.
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El llamado síndrome posvacacional es un concepto que refiere a la ansiedad o presión emocional que debemos afrontar al readaptarnos a las tareas laborales tras un período de vacaciones.

"No se puede considerar enfermedad, sino más bien un proceso adaptativo a la vida laboral que, tras el descanso, para algunas personas, puede resultar difícil", indica la bahiense licenciada en psicología Liliana Villagra (matrícula provincial 00404).

También señala que la vuelta a las rutinas no supone ningún trastorno para la mayoría y que, aunque todos reaccionamos ante los cambios, el estrés no nos afecta por igual, ya que además de las características propias del entorno laboral existe una variable que es personal: la percepción subjetiva que cada uno tiene de la vuelta a sus ocupaciones.

Insomnio, molestias musculares y gástricas, pérdida del apetito, debilidad generalizada, desmotivación, tristeza, ansiedad, tendencia a la irritabilidad y disminución de la capacidad de concentración son algunos de los signos que pueden acompañar ese final de las vacaciones.

"Es un cuadro característico al que algunos profesionales llaman síndrome posvacacional. Si bien no hay acuerdo en considerarlo una patología, se lo toma como un desajuste temporal de los hábitos que se estabiliza al restituir las rutinas, que puede extenderse entre 3 y 15 días", puntualiza.

En general, se trata de una dificultad más, que requiere adaptación a una realidad que no siempre es la deseada.

Desde dicho enfoque, Liliana Villagra agrega que el síndrome posvacacional debe centrarse en la reinserción a un trabajo que no siempre genera placer (y en muchos casos, displacer), de modo que constituye en sí mismo un cuadro de estrés.

Advierte, además, que puede encubrir insatisfacción laboral o personal de origen y consecuencias profundas, las que debieran ser identificadas para aprender a mirar desde una nueva y más saludable perspectiva.
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–Me angustia pensar que se terminan mis vacaciones, que se acaba lo bueno y que debo organizarme de nuevo con mi reloj y mi agenda. Ahora, a esperar que llegue el próximo enero... –se resigna Daniela, de 34 años.

¿Qué es lo que en realidad angustia?

¿Cuál es la significación que ella da a ese reloj y agenda?

Para la psicóloga es preciso bucear en esa tristeza e identificar las motivaciones profundas por las que tanto sufre la vuelta al trabajo.

"Es importante incorporar a nuestra vida diaria actividades gratificantes, pero fundamentalmente debiéramos aprender a vivir en el presente, disfrutando cada instante. Huir hacia el futuro o hacia el pasado, lugares en los que solemos situar los buenos momentos, nos aleja de nosotros mismos, de nuestro ‘aquí y ahora’. Y la felicidad es un estado que no depende tanto de lo que ocurre alrededor, sino de nuestra manera de situarnos ante los acontecimientos y la interpretación que les damos".

  Por lo tanto, para Liliana Villagra lo que nos perturba no son las circunstancias en sí, sino la forma en que las interpretamos. Aprender a saborear lo que la vida ofrece y encontrar los propios recursos internos para afrontar las diversas situaciones puede ser un inicio.
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–Estoy muy cansado y tendría que sentirme mejor. Vengo de mis vacaciones. No tengo ganas de nada y mucho menos de trabajar. Estoy a punto de estallar.

¿Qué es lo que realmente cansa a Sergio, de 40 años?

Indagar su sensibilidad, su grado de perfeccionismo, idealismo, su responsabilidad en el trabajo, su estrés laboral y su relación con jefes y compañeros puede acercarnos a una respuesta.

"Las vacaciones invitan a desconectarnos por unos días de nuestras preocupaciones, pero al volver a la rutina reaparecen, y es posible que, si estamos insatisfechos con nuestro trabajo o con otros aspectos de nuestra vida, nos vamos a sentir alicaídos, abúlicos y hasta enojados", explica Liliana Villagra.

En consecuencia, el síndrome posvacacional no tiene lugar en las vidas de quienes están entusiasmados y con proyectos. Considerar el trabajo como una actividad negativa, obligada y sacrificada suele traer falta de interés por él; pero si lo asumimos como algo creativo, con sentido en sí mismo y digno, el regreso de las vacaciones no tiene por qué resultar desagradable ni estresante.

"Es lógico pensar que cuando lo hemos pasado muy bien nos cueste volver y hasta que haya un dejo de tristeza. Pero eso no implica necesariamente estar deprimido. El llamado síndrome posvacacional es liviano y pasajero, un estado transitorio de readaptación. La depresión tiene otras características: una mayor duración y requiere de apoyo profesional".

Sin embargo, ante la duda, Liliana Villagra advierte que es importante estar alerta y consultar, sobre todo cuando el malestar se prolonga más allá de los 15 días.
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–Se terminan las vacaciones y todo es obligación, disciplina, presiones, malhumor, desgano –se queja Ezequiel, de 28 años.

Cabe preguntarse, alerta la psicóloga, si hay lugar en su vida para las actividades gratificantes, si puede planificarlas a lo largo del año y no concentrarlas sólo en sus vacaciones.

"No se debe perder de vista que los días libres y los fines de semana tienen ese propósito y que hay que reservar un espacio para el ocio. Luego, al retornar, asumir una actitud positiva hacia la tarea y las obligaciones. Y considerar que cuando ésta no surge de modo espontáneo, puede ser ejercitada y aprendida", recomienda.

Por último, Liliana Villagra anima a tener en cuenta que hubo una tendencia a "patologizar" procesos normales de la vida, por desagradables o problemáticos que resulten. Sin embargo, detrás de la abulia, el cansancio, la irritabilidad y la falta de concentración no siempre está la enfermedad.

El síndrome posvacacional es una respuesta normal del ser humano a un cambio de rutinas y requiere de un tiempo de readaptación. Si una persona percibe su trabajo como una amenaza o acoso, es esperable un cierto monto de ansiedad, que posiblemente requiera una mirada profesional.

De todos modos, habrá que asumir que no es saludable pasarse seis meses deseando que lleguen las vacaciones y otros tantos lamentando su partida.
¿Y los chicos?

Es clave que, muy gradualmente, los padres ayuden a sus hijos con antelación a la reanudación de los estudios.-- Ajustar los horarios de acostarse y de levantarse.

-- Reactualizar lo aprendido en los años pasados.

-- Preparar alegremente los útiles escolares y la ropa.

-- Recuperar los ritmos para asumir las pruebas que llegan con el nuevo ciclo.

-- Instrumentar todo dentro de un clima de relajación y afecto.

Los demás

  Tanto en el trabajo, con los compañeros más cercanos, como en el hogar, con los familiares, las actitudes que devienen del síndrome posvacacional pueden resultar muy dañinas para la convivencia.


Dichos y hechos

"Tal vez te resulte raro, pero nunca sufrí el síndrome posvacacional. Mi vida docente se desarrolló siempre dentro de la educación especial. En esta actividad, los maestros nos involucramos tanto con cada uno de estos niños y sus familias, que pasan a ser parte de nuestras vidas. He llegado a extrañarlos mucho en mis vacaciones, regresar al trabajo significó volver a abrazarlos y a compartir otro año de aprendizajes, juegos, fiestas y viajes".
 (Susana Rodríguez, consejera escolar).

"Verdaderamente, no puedo precisar si al llegar el momento de reanudar mi trabajo tengo algún tipo de síntoma o malestar. Sí es cierto que la primera semana estoy como más lento y con pocas ganas, pero todo se activa con una, dos o tres guardias".
(Nicolás Muñoz Cruzado, instructor de la residencia en Emergencias del Hospital Municipal).
"Trato de comenzar el trabajo poco a poco y, en lo posible, por lo más grato. Es importante, también, usar el tiempo de comer como un momento de descanso y de ruptura con nuestras actividades profesionales. Además, a propósito de regresos, busco no volver el último día como parte de un proceso de readaptación de horarios. Con estas precauciones, a lo sumo en una o dos semanas me sentiré de nuevo en marcha. Respecto del síndrome posvacacional, y sus trastornos frecuentes en las consultas de Atención Primaria de Salud, algunos en los que está presente el dolor o la tensión (cefaleas, lumbalgia, artritis, dolor crónico, fatiga, etcétera), creo que sería óptimo analizar la sustitución del tratamiento farmacológico, donde se considere necesario, por la psicoterapia de técnicas cognitivas conductuales, que han demostrado ser más eficaces y eficientes a mediano y largo plazos".
(Silvia Godoy, titular del Colegio de Farmacéuticos de Bahía Blanca y docente de la Universidad Nacional del Sur).

"Los docentes empezamos nuestras vacaciones el 2 de enero. Los directivos debemos regresar el 4 de febrero y, aunque se me hace muy corto el tiempo para descansar, volver a la escuela no me genera tristeza, porque nunca me alejo de ella y me apasiona esta profesión. Además, tengo muchos planes y deseos para este año: por ejemplo, continuar con los logros alcanzados por la Educación Técnica en la ciudad, con el acompañamiento de nuestras autoridades y de los padres que nos han elegido".
(Zulma Elisa Gómez, directora de la Escuela Técnica Nº 2).


Seis sugerencias

1- Eliminar actitudes negativas y conflictivas para regresar de las vacaciones con buena predisposición.2- Reflexionar y ver el trabajo con optimismo, de manera positiva. Si no puede hacer lo que quiere, trate de querer lo que hace.

3- Considerar que el trabajo es sólo un ámbito de la vida y que, aunque muy importante, también debemos darles lugar a otras actividades y desempeñar otros roles.

4- Buscar actividades gratificantes: descanso, salidas recreativas, encuentros, deportes, lectura y momentos de ocio, que permitan el equilibrio no sólo en tiempo de vacaciones.

5- Procurar alguna actividad artística que, además de estimular la creatividad, memoria y demás, libere la expresión de las emociones.
6- Tener en cuenta que la readaptación puede durar unos días. Si el malestar persiste en el tiempo, habrá que consultar con un psicoanalista.