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"Esta carrera les resulta fascinante a los graduados"

A pocos días de haber asumido su segundo período como director-decano del departamento de Agronomía de la UNS, el ingeniero agrónomo, docente e investigador cuenta cuáles son los desafíos educativos para maximizar el abordaje científico del campo, la principal fuente de la riqueza nacional.  (Fotos: Sebastián Cortés y Facundo Morales-LNP)
"Esta carrera les resulta fascinante a los graduados". Sociedad. La Nueva. Bahía Blanca

--¿Qué balance puede hacer de su primer período de cuatro años como decano de Agronomía?

--El balance es positivo. La verdad es que en Agronomía siempre existió una continuidad institucional. Tengo muy buena relación con todos los anteriores decanos, nunca hubo enfrentamientos y siempre nos manejamos dentro de un ambiente calmo. Creo también que tuvimos una ventaja en estos años y es que contamos con un buen presupuesto universitario, lo que llevó a que el departamento pueda tener una buena posición económica, algo que, de otro modo, nos limitaría mucho en el desarrollo de las actividades curriculares. No olvide que la carrera de Ingeniería Agronómica es una de las más caras del país, junto con las de Medicina y Veterinaria, porque requiere de laboratorios, insumos y traslados. En estos primeros cuatro años del decanato, hemos logrado cumplir con varios desafíos, como la consolidación del posgrado y la ampliación de la parte de extensión y vinculación, en el marco del Plan Estratégico Agroalimentario del Ministerio de Agricultura.

--¿En qué consiste ese trabajo?

--Bueno, la vinculación más importante hasta el momento fue la que hicimos el año pasado con un grupo de escuelas agrotécnicas de la región –en Rivera, Ascasubi, Patagones, Coronel Dorrego y Villa Ventana–, buscando transferirles conocimientos tanto a alumnos como docentes, y despertarles inquietudes e intereses sobre temas como olivicultura, invernáculos o seguridad alimentaria, que hoy es un asunto muy vigente. Nunca habíamos hecho desde el departamento una experiencia así, tan directa de vinculación, y no sabíamos qué respuesta íbamos a tener. Pero las escuelas nos recibieron realmente con los brazos abiertos y nuestros docentes quedaron muy felices por la experiencia, y tenemos pensado repetirlo este año, posiblemente a partir de abril.

--Al mencionar el trato con escuelas agrotécnicas, no puedo dejar de preguntarle cómo es el vínculo con la Escuela de Agricultura de la UNS.

--El vínculo es bueno. De hecho, nos llevamos muy bien con sus autoridades, pero en general nos manejamos como instituciones separadas. Lo que sí puedo remarcar es que son muchos los chicos que, una vez que finalizan la cursada en la escuela, se inscriben para iniciar su formación en Agronomía. Hay una clara correlación en ese sentido, principalmente porque los chicos ya vienen con una importante formación orientada hacia lo que es el campo.

--¿Les resulta difícil atraer nuevas camadas de estudiantes?

--Es complicado y la verdad es que nos cuesta mucho. Esta es una carrera que les resulta fascinante a los graduados. Aparte, tiene mucha salida laboral: un ingeniero agrónomo puede dar clase en una universidad o un secundario, vender productos para las compañías, ir a una empresa, trabajar en cooperativas, asesorar campos. Es decir que tiene un terreno de acción muy amplio. Y es un profesional muy buscado. Esto genera un problema grande, porque las empresas siguen buscando graduados jóvenes, pero las carreras cortas nos están sacando alumnos. Este mismo año estamos disminuyendo en la cantidad de ingresantes. En los últimos tres años, el promedio fue de 152 y ahora estamos alrededor de los 130. Pero este inconveniente no es algo que pase solamente acá. Sucede en todo el país. 

--¿Por qué cree que cuesta tanto la valoración del abordaje científico del campo?

--Es complejo de entender, porque somos un país con una gran potencialidad de producción agropecuaria, tanto agrícola como ganadera. Y, en ese sentido, la tarea del ingeniero agrónomo es realmente muy necesaria, porque es una persona que conoce todas las actividades relacionadas con el ámbito y puede brindar aportes y ayudas de utilidad. Se trata de un profesional con conocimientos sobre Biología, Economía y Ecología, además de interiorizarse en numerosos aspectos de la labor rural. Y además, como los planes de estudio se van renovando constantemente, hoy también desde las materias se les da un tratamiento importante a cuestiones como la toxicología o la contaminación de aguas.

--¿Hay algún rasgo específico en la currícula local, considerando las particularidades geográficas de la región?

--Sí, de hecho el 25%, aproximado, de la carrera tiene aspectos regionales. Por ejemplo, así como en Mendoza aprenden sobre vitivinicultura, nosotros trabajamos más sobre la parte de los cereales de invierno, fundamentalmente el trigo, y también sobre el manejo en zonas semiáridas. Esto, en particular, es lo que atrae a muchas facultades de otras partes del país, que nos invitan a dar charlas porque acá se sabe mucho sobre degradación del suelo y la adversidad climática en general. Es un tipo de clima y de suelo que demanda mucho trabajo y mucha investigación. Por eso tenemos una relación muy estrecha con las estaciones experimentales del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) en Ascasubi, Bordenave y Barrow. E, incluso, ahora se está construyendo la Oficina de Extensión del INTA en Bahía, que va a funcionar dentro del predio de la UNS, al lado de Agronomía.

--¿Qué potencial académico les va a ofrecer este acercamiento?

--Para nosotros es importante porque queremos que el personal del INTA también sea docente en el departamento. Es decir, queremos interactuar y experimentar en conjunto, aprovechando que ambos hacemos tareas de investigación y extensión aplicada. Quedan por delante muchos desafíos, como la captación de mercados externos para la producción agropecuaria, un problema habitual de esta zona, además de hacer mejoras en la ganadería o trabajar sobre la contaminación con plaguicidas, en especial analizando la distancia que debe haber con los centros urbanos cuando se pulveriza y la cantidad que se emplea por hectárea.

--¿Cuáles serán las metas y prioridades del departamento para el ciclo lectivo 2013?

--Por lo pronto, la perspectiva más importante que tenemos está relacionada con repetir la experiencia con las escuelas agrotécnicas. Ya lo estamos armando y esperamos comenzar dentro de pocos meses. Después, también estamos interesados en renovar las vinculaciones con el INTA que, por suerte, cada vez son mayores. Y en lo que tiene que ver con las carreras que dictamos –Ingeniería Agronómica, Técnico Superior Agrario en Suelos y Aguas, Técnico Universitario Apícola y Técnico Universitario en Manejo y Comercialización de Granos, entre las de grado, y el doctorado en Agronomía y la Maestría en Ciencias Agrarias, en el posgrado– están muy estabilizadas, pero nos gustaría crear algunas nuevas. Tenemos en mente algunas especializaciones o algún magíster profesional, quizás con orientación hacia lo que es la Biotecnología, en donde tenemos una muy buena masa crítica de docentes. Eso es algo que me gustaría gestionar en este segundo período y espero poder lograrlo antes de 2017.Datos

57 años de trayectoria tiene el departamento, desde su creación en 1956 con el nombre de Departamento de Agrozootecnia.

4 carreras de grado se dictan. Se trata de Ingeniería Agronómica, Técnico Superior Agrario en Suelos y Aguas, Técnico Universitario Apícola y Técnico Universitario en Manejo y Comercialización de Granos.

2 de posgrado: Doctorado en Agronomía y la Maestría en Ciencias Agrarias.

1.400 alumnos cursan algunas de estas carreras en forma regular.

40 nuevos ingenieros agrónomos es la cantidad promedio de egresados anuales.

50 profesores, 54 auxiliares graduados y 25 ayudantes alumnos conforman el cuerpo docente.

32 proyectos de investigación del departamento están en marcha, con temáticas como biotecnología agrícola, manejo de suelos degradados y apicultura, entre otros.

1 revista, llamada AgroUNS, se encarga de divulgar, en forma semestral, la actualidad académica del departamento.
Protagonista

Bahiense, de 57 años, Mario Ricardo Sabbatini vive en el barrio Patagonia con su esposa Josefina, con quien está casado desde hace 31 años. Ambos son padres de Pedro (28 años), dedicado al comercio; Nicolás (25), estudiante de Administración Financiera en el Instituto Juan XXIII, y Mary (22), estudiante de Veterinaria.

Egresado de la UNS en 1979 con el título de Ingeniero Agrónomo, completó el magíster de la especialidad en 1989 y, dos años más tarde, cursó en la Glasgow University (Escocia) un doctorado en Ecología y Control de Plagas. "Fue una experiencia realmente muy linda", destaca.

Es profesor titular de la materia Protección Vegetal y Control de Plagas e investigador del Conicet, en el Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (Cerzos). Además, transita por su segundo período de cuatro años como director-decano del departamento de Agronomía de la UNS.

"Escuchar música y viajar" es su respuesta acerca del tiempo libre. En un caso, las preferencias pasan por el rock ("Manal, Moris, Almendra, Los Beatles y, sobre todo, King Crimson") y, en el otro, por las costas ("Mar del Plata, Necochea y, también, San José, en Entre Ríos, un lugar muy tranquilo").