Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

Instinto y sentimiento

Hay compañeros que le dicen Rambo. El dice que tuvo miedo, como todos, pero que cuando vio morir a un pibe de su regimiento fue capaz de hacer cualquiercosa, como enfrentar solo a cientos de ingleses, de matar a muchos, de herir a otros y de resistir hasta cinco horas después de la rendición de PuertoArgentino. Hoy es íntimo amigo de un exoficial británico que fue escolta de la boda de Lady Di, y al que pudo haber matado en las Malvinas. O a la inversa.
Instinto y sentimiento. Sociedad. La Nueva. Bahía Blanca

El “Poltro” aprendió a usar la ametralladora antes que a leer y escribir. A la MAG, como él la llama, sólo aceptó entregarla “partida al medio”, para que no pudiera ser disparada por ningún otro.

Lo de MAG es por sus siglas en francés, que significan “ametralladora de propósito general”. Es de origen belga con un calibre de 7,62 milímetros, y puede lanzar 1.000 tiros por minuto. Una máquina de matar.

El “Poltro”, como la mayoría de los que sobrevivieron a la guerra, tuvo que ganarse la vida como pudo en la paz. Y él también pudo ser uno de los más de 500 veteranos que se suicidaron.

Hoy, a los 51 años, empleado en el Hospital de Campo de Mayo, recorre el país con el documental que muestra su historia (El héroe del monte Dos Hermanas) y para re­cibir los más diversos homenajes. Así llegó el mes pasado a Bahía Blanca, justo para el Día de la Soberanía Nacional.

El “Poltro” es Oscar Ismael Poltronieri, el soldado argenti­no al que tres veces dieron por muerto, el que salvó en Malvinas las vidas de cientos de pibes y el único conscripto condecora­do con la Cruz de la Nación Argentina al Heroico Valor en Combate, la misma que le correspondió al general San Martín.***

El 11 de abril de 1982, el “Poltro” suponía que en unas horas volvería a trabajar en algún campo cercano a Mercedes. O al menos que iría a ver a su antiguo patrón como un ciudadano que había cumplido con el Servicio Militar Obligatorio. Un día antes de la baja, lo mandaron a Malvinas. Lo subieron a un camión tan de repente que ni siquiera pudo avisarle a su madre.

Tres días después estaba en Puerto Argentino, for­mando parte de dos grupos de ametralladoras MAG del Regimiento 6. Primero los asentaron cerca de la casa que ocupaba el gobernador Mario Benjamín Menéndez, y des­pués junto al depósito de mercadería. A los dos días de instrucción se los pasaron saltando desde los helicópte­ros a la altura de un palo de la luz. Parecía que rebotaban sobre una esponja por la blandura del terreno.

Después se fueron caminando al monte Dos Hermanas. El “Poltro” siempre con la MAG lista. Se situaron a unos 300 metros de altura, lejos de todo, y también de la comida. Hombre de campo, se las ingenió para ganarle al hambre acorra­lando ovejas de los kelpers. Carneaba a unas tres por día y, con la ayuda del sargento Petrella y una cocinita de campaña, ofrecía un “banquete” para todos.

--Andá vos, Tito. Andá. Yo me quedo en la carpa. Dale, andá...

Al conscripto Poltronieri no lo asustan las advertencias del sargento Echeverría por las bombas de los barcos in­gleses, que explotan cada vez más cerca. Y que castigan noche y día.

Tito Echeverría insiste sin suerte hasta que se harta, agarra al colimba de los borceguíes y lo arrastra unos 10 metros. No bien lo suelta, una bomba impacta en la carpa.

El instinto y el sentimiento. Matar, morir o escapar. Hu­manos sometidos a la emergencia que impone la guerra decidida por otros humanos.

Ese 11 de junio de 1982, en el Dos Hermanas, la Com­pañía “Y” del Comando 45 de los Royal Marines apuraba su avance hacia Puerto Argentino cuando el “Poltro” la descubrió gracias al largavistas que le había prestado un subteniente del Regimiento Nº 4 de Corrientes.

“Los argentinos ya andábamos todos mezclados y pe­leando como podíamos. De no haberse parado la avia­ción, los ingleses no desembarcaban, y a lo mejor toda­vía estábamos allí. ¿Y qué estaría pasando ahora?”, se pregunta.--Andá vos, Tito, que tenés familia, yo aguanto... Yo me las voy a arreglar. Andá --no dudó en decirle al sargento que le había salvado la vida y que terminaba de ser papá en Mercedes.

“Nos agarraron en abanico. El primero que cayó fue Nuberger, un soldado que era de Tigre, y que estaba en mi regimiento. Me desesperé y empecé a tirar. Las papas quemaban y yo era capaz de hacer cualquier cosa por mis compañeros y por la azul y blanca que juré hasta morir. Iba de un lado al otro. Les dije a los demás que se fueran, que ellos tenían familia, que yo era un analfabeto... Y tiré. Y tiré sin parar. Me habían dejado las municiones servidas y sólo tenía que enganchar la cinta. Los ingleses no podían avanzar porque no les daba un blanco fijo. Iba y venía entre las piedras. Después supe que ellos creyeron que enfrentaban a una compañía completa. Mientras tanto mis compañeros, éramos unos 120 más los correntinos, que ya habían sufrido mu­chas bajas, se iban caminando a Puerto Argentino”.  

El infierno se extendió a Tumbledown, donde el 13 de junio el “Poltro” se unió a un grupo de infantes de Marina que intentaba detener la marcha del II Ba­tallón de Guardias Escoceses.

“Nos cortamos solos con el teniente de corbeta Waldemar Aquino. Fuimos unos 200 metros para adelante y vimos a unos ingleses. Él bajó a un guardia y tiró una granada de mano que no llegó a explotar. Se la devolvieron y estalló. Lo di por muerto, pero pudo sobrevivir y lo tomaron prisionero. El año pasado me enteré de todo eso. Ya lo voy a encontrar. Se retiró como capitán de corbeta”.

Peleó sin parar hasta las 3 de la tarde del 14 de ju­nio. Como pudo, desandó los 15 kilómetros hasta Puerto Argentino, donde ya no flameaba la azul y blanca. La rendición se había firmado a las 10 de la mañana. Fue al cementerio, el lugar donde estaban sus demás compa­ñeros, quienes no podían creer que él estaba vivo. Tres veces lo habían dado por muerto en combate.

Rodeado de ingleses, el “Poltro” no estaba dispuesto a entregar su MAG. Es más, ya tenía fichados a sus guar­dias y estaba seguro de que no le sería difícil bajarlos. --Yo los volteo --se le escapó en voz baja. --No lo haga. Entregue el arma o nos matan a todos...--le ordenó el teniente Esteban La Madrid. El colimba partió la MAG contra una piedra y obedeció, en cambio su pistola sigue enterrada en un lugar de Puerto Argen­tino al que volverá para recuperarla.

Retornó al continente en el buque “Bahía Paraíso”. En un avión lo llevaron a la base de El Palomar y de allí, en camión y escondido, a la Escuela de Suboficiales Sargen­to Cabral. Finalmente, otra vez a Mercedes. --¿Cómo fue el regreso a la “paz”? --Quedé un tiempo bajo tratamiento psicológico por or­den del Ejército. No me sentía mal, pero tenía unos com­pañeros sin piernas o brazos y otros que sufrían problemas psicológicos. Allí empezó la otra guerra. Buscábamos tra­bajo digno y nada. Entre nosotros había muchos padres de familia que debían sostener su hogar, pero nos cerra­ban todas las puertas, sobre todo las estatales. Ninguno, a pesar de que veníamos de manejar armas, salió a robar o a matar. Nos traicionaron, hubo cientos de suicidios. Y después, intentos de suicidios de sus hijos. Recién ahora se dan cuenta de la puñalada por la espalda que nos dieron. Deambulé sin laburo, vendí calcomanías y otras cosas en los trenes hasta que me tomaron en un campo de Olivera, cerca de Mercedes, y después en la planta de La Serenesíma, en General Rodríguez, a la que me hizo entrar Juan Carlos Mareco, que era muy famoso en la tele. A mí ya me conocían porque me habían condecorado. Por eso estuve en Polémica en el bar, un progra­ma muy visto en esa época, con Mingui­to Altavista, el Gordo Porcel, Rolo Puente y Yuyito González. También fui al de Bernardo Neustadt. Pasé más de 10 años con los Mastellone y cuando el Grupo Da­none compró La Serenísima me quisieron hacer firmar un papel como que empeza­ba de cero. Me perdía la antigüedad. No arreglamos y me fui.

De vuelta al campo, el “Poltro” entró al haras General Urquiza, de Entre Ríos. Se había casado en Mercedes y tuvo cuatro hijos: Jonathan, hoy de 22 años; Melina, de 21; Lucas, de 20, y Matías, de 17. Casi 28 años después de la guerra trató de ahorcarse. Lo salvó Matías. Dice que se le juntaron muchas cosas personales, como la enfermedad de su mamá, y que no las pudo controlar. --¿Cómo se refleja ese momento en el presente?


 --Con agradecimiento, por la mucha ayuda que recibí, y con alegría, porque aprendí a disfrutar todo lo que me está dando la vida, como el inmenso placer de tener un nietito. También estoy muy contento con mi trabajo en el Hospital de Campo de Mayo, aunque tenga que viajar todos los días desde Mercedes. --¿Qué siente que tiene que hacer a 31 años de la guerra? --Representar a todos los veteranos. Hace poco, un compañero dijo en la tele que yo soy el Rambo argentino. La verdad es que soy de carne y hueso, que también tuve miedo y que recién me estoy dando cuenta de lo que hice en la guerra, por las invitaciones que me llegan de todo el país. Ahora me han llamado desde San Rafael, Mendo­za, porque le pondrán mi nombre a una plaza. --¿Pudo aprender a leer y escribir? --Bueno, ya conozco las letras.HÉROE DE PELÍCULA

Premiado en el Concurso del Bicentenario El camino de los héroes, el documental El héroe del monte Dos Hermanas, estrenado en 2011, fue dirigido por Rodrigo Hernán Vila y se extiende por 99 minutos.

En Bahía Blanca se presentó el miércoles 19 de noviembre, en adhesión al Día de la Soberanía Nacional, en la Biblioteca Popular Almafuerte (Enrique Julio y Sixto Laspiur). Poltronieri, que se alojó en dependencias del Ejército, acompañó la proyección y fue homenajeado por la Unión Obrera Metalúrgica, el Centro de Veteranos, la Unión de Suboficiales Veteranos de la Guerra de Malvinas y la radio FM de las Américas. Un día después, también fue distinguido en el Concejo Deliberante.Biografía

Hijo de Ismael Abel y María Esther Luciani (fallecida hace 3 años), Oscar Ismael Poltronieri nació el 2 de febrero de 1962 en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Es el mayor de 5 hermanos. El papá, que hoy vive en San Antonio de Areco, era puestero en la estancia Santa Catalina, donde su hijo vivió hasta los 10 años. Separados sus padres, se fue con su madre a Mercedes. Dejó la escuela y empezó a trabajar. A los 13 años se fue a la cosecha de maíz, cerca de la ciudad de Roque Pérez. De allí en más cumplió las más diversas faenas rurales. También fue empleado en una cámara frigorífica de pescado marplatense.

 Algo positivo del horror GABRIELA COCIFFI (*)

“Tuve la suerte de conocer a dos personas extraordinarias y los tres nos hicimos amigos para toda la vida. Creo que mi pequeño aporte para el 'Poltro' y Mark, quienes se habían jugado la vida por sus países, fue ayudarlos a entender que el horror que habían vivido podía dejarles algo positivo, como esta amistad, y que sólo por una guerra habían sido enemigos en un tiempo y en un espacio, pero no en la vida. Hoy ellos dicen que se sienten hermanos. Y eso es maravilloso”. (*) Corresponsal de guerra en Malvinas en 1982, escribió para la revista “Gente” la nota sobre el encuentro de Poltronieri y Curtis en París. Hoy es la directora de la emblemática publicación de la Editorial Atlántida.Ese gran amigo inglés

En abril de 1984, por gestión de la revista “Gente”, Poltronieri viajó a París para reunirse con un exoficial inglés mutilado en Malvinas: Mark Curtis.

“Pude haberlo matado. O él a mí. No sé. De habernos enfrentado era su vida o la mía. Tampoco sé a cuántos bajé en el Dos Hermanas. Ya no siento odios ni rencores. Con Mark somos muy amigos, tanto que él vino cuatro veces a visitarme. En febrero de 2011 viajó con su hijo para festejarme el cumpleaños. ¿Quién hace eso? Un amigazo. También pasó unos cuantos días en casa y le regalé una parrilla y un disco para su granja”, cuenta el “Poltro”.

Mark, como miembro de los Royal Marines, fue escolta de élite el 29 de julio de 1981 en Londres, durante la boda de Lady Di y el príncipe Carlos. Menos de un año después, perdió una pierna en Malvinas. Tras la guerra, se recibió de ingeniero especializado en aguas y fue contratado para trabajar un tiempo en Chile. Hoy, radicado en Canadá, ya casi no acepta hablar de la guerra, aunque casi todas las noches quiere hablar con el “Poltro”. Por eso está aprendiendo español.