UN EJEMPLO PARA TODA BAHIA BLANCA

Tambor de Tacuarí: 25 años de amor, juegos y trabajo

13/10/2013 | 09:00 | "En estos terrenos fuimos okupas, hoy gracias a Dios y a nuestras autoridades son nuestros", refiere Isabel señalando el predio parquizado donde se levanta la biblioteca El Principito y la casa de los chicos a la que bautizaron "Recreo Juanito Bosco". Entre muchos amigos y colaboradores, más el esfuerzo y el trabajo propio, los chicos destacan la enorme ayuda que recibieron de la asociación "Vuelo nocturno" que integran descendientes de Saint Exupèry y admiradores de la antigua Aeroposta que integrara el piloto y escritor francés.


 "En estos terrenos fuimos okupas, hoy gracias a Dios y a nuestras autoridades son nuestros", refiere Isabel señalando el predio parquizado donde se levanta la biblioteca El Principito y la casa de los chicos a la que bautizaron "Recreo Juanito Bosco".


 Entre muchos amigos y colaboradores, más el esfuerzo y el trabajo propio, los chicos destacan la enorme ayuda que recibieron de la asociación "Vuelo nocturno" que integran descendientes de Saint Exupèry y admiradores de la antigua Aeroposta que integrara el piloto y escritor francés.


 "Fue mágico --relata Isabel--. Por las noches veíamos luces y después nos enteramos que por aquí pasaba una ruta aérea transitada por el autor de 'El Principito' en sus viajes al sur. El historiador Oscar Rimondi nos contactó y desde entonces unos de nuestros más grandes amigos y gran benefactor es su sobrino nieto Frederic D'Agay, quien posibilitó en gran manera esta construcción y nos ayuda permanente"


 La biblioteca cuenta con un amplio sector de lectura, un depósito de libros, cocinita y un altillo "habitado por duendes" donde se dictan talleres.


 En la casa de los chicos, rodeada de fotografías, Adriana, de 30 años y una de las iniciadoras, evoca historias y trae a su hijo Santiago de 5 años.


 "Para mí, los Chicos de la Plaza significan toda mi infancia, el protagonismo que nos dio Isabel llevándonos a todos lados, la alegría con que encarábamos todos los trabajos. Recuerdo que a la plaza la habíamos dividido en cuatro sectores, las tribus: aztecas, incas, tehuelches y huarpes, y por grupos éramos responsables de regar y cuidar los arbolitos que hoy nos enorgullecen.."


 Adriana cuenta entusiasmada que gracias a un premio literario que obtuvo el escritor Héctor González Niello la empresa Codimat les dio mil pesos que piensan destinar a la obra de agua de la casita.


 El edificio en cuestión, diseñado por los chicos, como todas sus obras, consta de un salón multiuso, dos aulas, un taller y un patio donde piensan hacer un horno de pan.


 "Aquí tenemos gimnasia, computación, taller de títeres, apoyo escolar y murga, que es lo que más me gusta", cuenta Maylen con una pícara sonrisa.


 A Jazmín no le gusta que la fotografíen, por eso prefiere seguir pintando las mesas y sillas de material en el parque.


 Un rincón particularmente emotivo es donde están las fotografías y los recuerdos de los amigos que los acompañan desde el cielo. Son innumerables y el último en ingresar a tan particular galería fue el reconocido periodista Mario Gabrielli. En un cofrecito de lata pintada guardan un preciado tesoro: la esquelita que les escribiera, de puño y letra, pocos días ante de partir otro entrañable amigo, Federico Massot.


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 Todo es alegre, el parque que rodea los edificios, el hermoso sauce que no quisieron cortar y que casi obstruye la entrada convirtiendo a la casita en una suerte de nido de hornero, y sobre todo los niños, una presencia permanente donde quiera que se encuentre Isabel, esta inspectora de enseñanza jubilada que les dedicó su vida, a una edad en que la mayoría de las personas sólo piensa en un merecido descanso.


 "Tengo una sola frustración: todavía no logramos que se construya la Escuela Primaria N° 79 'Soldadito Cosme Maciel', en homenaje a aquel soldado de 16 años a quien por buen compañero y patriota Belgrano encomendara izar por primera vez la bandera argentina. Tenemos el lugar, nos aprobaron el número y el nombre pero no se construye porque dicen que restaría matrícula a otras escuelas del sector. A mí no me parece, de lo contrario no vería a tantos chicos tomando el colectivo para dirigirse a la 22 y a otras escuelas más distantes. Pero no perdemos las esperanzas. Creemos, como Sarmiento, que por cada escuela que se abre se cierra una cárcel", sostiene Isabel.

Tras las huellas de un grande: Antoine de Saint Exupèry






 Aquel verano del 87, yendo con su hijo Rosamel a la pileta, Isabel Trujillo aceptó que los acompañara un vecinito de su querido barrio Noroeste. Lejos estaba de suponer que se estaba iniciando una obra grande, que perduraría en el tiempo y que serviría de promoción y contención a centenares de chicos.


 "Yo nunca pensé en hacer el Tambor de Tacuarí, nació solo --dice entre risas la hacedora--. El primer día vino Guillermo, después su amigo Alejandro y a los tres días ya era un grupo grande".


 El verano terminó y los chicos se siguieron reuniendo en el garaje de Isabel, un lugar cálido donde nunca faltaron los libros, el mate, las tortas fritas y la alegría. Lo llamaron "El Nido".


 Para festejar el día de la primavera, el año siguiente fueron hasta la Plaza Moreno. A la vuelta hubo que traer a Mariano en brazos porque tenía 4 años. "Isabel, ¿por qué no tenemos plaza en el barrio? Porque no la hicieron y... bueno, hagámosla".


 La maestra de alma recuerda que los sentó a todos en el predio desierto y les pidió que la imaginaran con los ojos cerrados. "¿Qué ven?", les preguntó. "¡Juegos!", fue lo primero que contestaron, antes de árboles y canteros, hasta que finalmente dijeron "un mástil y una bandera".


 "Pidámosla a la Base Naval", fue la idea y así lo hicieron. Habían nacido "Los Chicos de la Plaza Tambor de Tacuarí", que desde hace 25 años son un ejemplo de ciudadanía y perseverancia para toda Bahía Blanca.


 Los mayores todavía recuerdan aquel gris y ventoso 14 de octubre de 1988, cuando rodeados de muchos amigos plantaron los primeros 43 pinitos en la que siempre consideraron su plaza, y recibieron aquellos coloridos libros de cuentos que serían el germen de la biblioteca popular "El Principito" que hoy, con 12.000 ejemplares y una preciosa sede, es orgullo del barrio.


 No es casualidad que le pusieran el nombre "El Tambor de Tacuarí" homenajeando a Pedrito Ríos, aquel niño de 12 años que ofreció su vida por la patria en la terrible batalla belgraniana.


 En tiempos de paz estos niños decidieron ofrendar sus manos por ese pedacito de patria que es ese sector del barrio Noroeste.


 Los logros se multiplicaron, la plaza, el Jardín de Infantes 946, la cancha de básquet, la de fútbol 5, la biblioteca, la bandera del bicentenario que llegó a tener 1.200 metros, el libro "Recuerdos noroesteños", el homenaje al Regimiento 7 de Caballería, los carnavales infantiles, la murga "Los Trapitos", los festejos de cumpleaños del General San Martín, las fogatas de San Juan, entre montones de iniciativas.


 Sin embargo, lo más importante, tal como ellos mismos reconocen, es que no faltan a ningún acto patrio, portando siempre su Bandera de Ceremonias.

Festejos






 El viernes próximo tendrán lugar los festejos principales en los que se izarán las banderas argentina y francesa, se entonarán el Himno Nacional y La Marsellesa, se entregarán diplomas y medallas a los chicos de la plaza que se destacaron por su trabajo a lo largo de 25 años y hablarán Franco Blanchini, por los chicos, Alain D'Etigny, sobrino nieto de Saint Exupéry, y el intendente municipal Gustavo Bevilacqua.







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