Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Sangre que se enferma

La mielofibrosis, un grave trastorno de la médula ósea, podría diagnosticarse en forma temprana, si se prestara atención a ciertos signos de fácil identificación, desde anormalidades en un análisis de sangre completo (hemograma con plaquetas) hasta un bazo agrandado, que se detecta al palpar el abdomen.

 La mielofibrosis, un grave trastorno de la médula ósea, podría diagnosticarse en forma temprana, si se prestara atención a ciertos signos de fácil identificación, desde anormalidades en un análisis de sangre completo (hemograma con plaquetas) hasta un bazo agrandado, que se detecta al palpar el abdomen.


 Así lo aseveraron especialistas en hematología, quienes coincidieron en afirmar que, por lo general, el paciente llega demasiado tarde al diagnóstico.


 Esta afección se produce por una insuficiencia en la médula ósea que lleva a un crecimiento del bazo y síntomas debilitantes que disminuyen la calidad de vida.


 Una de las claves para la detección temprana es estar atento ante un conteo sanguíneo en el que aparezca anemia, aumento del recuento de glóbulos blancos, irregularidades en los niveles de plaquetas y anormalidades en la forma y madurez de los glóbulos rojos y blancos.


 El diagnóstico completo incluye, generalmente, una aspiración y biopsia de la médula ósea.


 Lamentablemente, el paciente suele tardar en llegar al diagnóstico porque, por lo general, se lo estudia por anemia o aumento de glóbulos blancos y se retrasa la consulta con el hematólogo.


 El doctor Emilio Alberto Lanari Zubiaur, director asociado de Docencia e Investigación y Miembro del Servicio de Hematología del Hospital JR Vidal, de Corrientes, expresó que el tiempo del diagnóstico es variable.


 "Los estudios pueden demandar entre uno y tres meses y depende de la consulta a un lugar entrenado en el diagnóstico y tratamiento de este tipo de pacientes, como es nuestro servicio hospitalario", apuntó.


 En la práctica, se está ante una enfermedad extremadamente rara.


 A nivel mundial, se estima que hay menos de 0,5 casos por cada 100 mil habitantes.


 Sin embargo, gracias a varios avances que se produjeron en los últimos siete años en el campo de la mielofibrosis, en la actualidad la comunidad médica y hematológica tiene un mayor nivel de alerta para el diagnóstico y detección de la mielofibrosis.


 Distintos estudios demuestran que luego de 10 años del diagnóstico, aproximadamente, alrededor del 20 por ciento de los pacientes podría desarrollar una leucemia mieloide aguda (LMA), forma agresiva de la enfermedad que es virtualmente intratable y tiene una sobrevida promedio estimada en menos de 2,6 meses.


 "La consulta precoz permite un adecuado tratamiento de los síntomas que empeoran significativamente la calidad de vida de los pacientes", acotó el doctor Lanari.


 Si bien al presente existen opciones muy limitadas contra la mielofibrosis y la mayoría de ellas involucra riesgos substanciales sin resultados a largo plazo, hoy en día se tiene la posibilidad de nuevos tratamientos en investigación, que esperemos mejoren significativamente la calidad de vida de la gente.

Los diez síntomas




 Es importante que tanto los pacientes como sus médicos de cabecera tengan en cuenta los siguientes síntomas, que pueden ser indicios de mielofibrosis:

1. Aumento del tamaño del bazo y del hígado






 Para compensar la producción irregular de células sanguíneas en la médula ósea, el bazo y el hígado aumentan la producción de glóbulos y se agrandan. El bazo de un paciente con mielofibrosis puede crecer hasta alcanzar varias veces su tamaño normal, en algunos casos, hasta 10 kilos de peso y 36 centímetros de largo, mientras que un bazo normal pesa alrededor de 150 gramos y mide aproximadamente 11 centímetros.

2. Fatiga y falta de aire






 Decaimiento y falta de energía que afectan la calidad de vida, limitando la capacidad para ejercer su actividad diaria a nivel profesional, familiar, social y deportivo.

3. Sudoración nocturna






 La producción irregular de glóbulos rojos induce una aceleración anormal del metabolismo, con el que aumenta también la temperatura corporal.

4. Pérdida de peso






 El aumento del tamaño del bazo genera distensión abdominal y dificultad para ingerir alimentos. Además, se acelera el metabolismo, lo que causa adelgazamiento.

5. Fiebre






 Las anormalidades en la médula ósea alteran la producción de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, lo cual predispone a sufrir infecciones y fiebre. El metabolismo acelerado también incita un aumento de la temperatura corporal.

6. Palidez






 Este síntoma está asociado con los niveles de anemia típicos de la mielofibrosis.

7. Moretones y propensión a las hemorragias






 Las irregularidades en los niveles de plaquetas generan un aumento de hematomas y sangrados que parecen no tener explicación.

8. Dolor o malestar en el abdomen y el hombro izquierdo






 El crecimiento anormal del bazo de los enfermos de mielofibrosis en muchos casos provoca compresión y malestares en la parte superior izquierda del abdomen o dolor en la parte superior izquierda del hombro.

9. Picazón o prurito






 La producción irregular de glóbulos rojos conlleva a una alta viscosidad de la sangre, que se concentra en algunas áreas produciendo enrojecimiento de la piel y prurito, especialmente después de un baño o una ducha caliente.

10. Dolor en los huesos, en especial en las piernas






 Los severos dolores en los huesos típicamente anuncian un pronóstico complicado, que podría indicar el desarrollo de leucemia mieloide aguda.

Opiniones

Como avanza

Dr. Miguel A. Pavlovsky (*)










 Por causas desconocidas se produce una fibrosis, una atrofia de la médula ósea.


 Por ello, las células madre de la médula viajan por el torrente sanguíneo a otros lugares.


 Se agranda el tamaño del bazo y ello genera síntomas debilitantes.


 Por ejemplo, distensión de abdomen con dolor abdominal, saciedad precoz con pérdida de peso, fatiga, picazón, traspiración nocturna, febrícula, sudoraciones y anemia, entre otros.

(*) Médico hematólogo del Centro de Hematología Pavlovsky y director médico y científico de FUNDALEU (Fundación para Combatir la Leucemia).

¿Por qué?

Dr. Juan José García (*)










 No hay factor predisponente conocido que pueda favorecer su desarrollo.


 Si bien suele aparecer en edades de entre 55 y 60 años, últimamente se ve con mayor frecuencia en gente más joven.


 Tiene una evolución prolongada en los pacientes diagnosticados precozmente pero, por lo general, avanza a una leucemia aguda o a complicaciones infecciosas y hemorrágicas importantes que causan la muerte.

(*) Jefe del Servicio de Hematología y Oncología del Hospital Privado de Córdoba.