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Una secuela que va perdiendo peso

La historia de la saga inició en 2001, en el garage de la casa del texano Robert Rodriguez (El mariachi, Planet Terror, Machete y hasta Sin City) había decidico hacer películas de entrecasa para entretenimiento de sus hijos. La resultante fue una cinta para enlistar en la clase B, pero un producto que le dio oportunidad de convocar a estrellas de Hollywood dispuestas a divertirse y ofrecer tres secuelas y una spin off que no es otra que Machete.

 La historia de la saga inició en 2001, en el garage de la casa del texano Robert Rodriguez (El mariachi, Planet Terror, Machete y hasta Sin City) había decidico hacer películas de entrecasa para entretenimiento de sus hijos.


 La resultante fue una cinta para enlistar en la clase B, pero un producto que le dio oportunidad de convocar a estrellas de Hollywood dispuestas a divertirse y ofrecer tres secuelas y una spin off que no es otra que Machete.


 La última es esta Mini Espías y los ladrones del tiempo que pulió su estética de filme casero y se plegó a la movida 3D para intentar un entretenimiento para niños y más de un grande.


 Ahora con Jessica Alba, la trama ubica una vez más a dos niños que se inmiscuyen en una misión más grande que sus supuestas capacidades, la de atrapar a Timekeeper, un villano que se quiere apoderar del tiempo a través del robo de una piedra mágica.


 El conflicto se produce cuando los chicos descubren que su madrastra es una espía que ha tomado licencia a partir de su reciente maternidad y que deben unirse a ella, antes de que el mundo caiga en caos. Y contarán para su labor con la ayuda de un nuevo personaje: el perro Argonaut.


 Planteado como las ficciones que los pequeños generan para sus juegos, el argumento no escapa al sesgo de sus anteriores, aunque el guión procura una irreverencia en ocasiones chocante y por momentos abúlica.


 El peso del filme se diluye y distrae cuando recae en la ya conocida habilidad que Rodriguez tiene para crear universos fantásticos, sumamente atractivos para la franja infantil intermedia, necesaria, claro está, para mantener el sello de la saga, aunque no suficiente si se trata de captar el interés.


 De lo visto y resumido, es fácil concluir que, de continuar con su propuesta, Rodriguez tendrá que afinar el lápiz a la hora de la letra y apostar al gancho para los padres, inevitables acompañantes cuando se trata de sentar a los chicos en la butaca durante poco menos de hora y media.

Calificación: 6

María Inés Di Cicco
mdicicco@lanueva.com.ar