Murió Sylvia Kristel, el mito erótico de los '70
BUENOS AIRES (Télam y EFE) -- Nacida en la ciudad de Utrech, en Holanda, el 28 de septiembre de 1952, Sylvia Kristel fue modelo, actriz y cantante, pero su vida no hubiese sido la misma si no fuera por su protagónico de Emmanuelle, la película de Just Jaeckin que puso su nombre en labios de todos, aun de quienes no la habían visto.
Transcurría 1974 y el filme era censurado en varios países --entre ellos la Argentina-- porque su protagonista, la esposa de un diplomático en un país asiático, se daba gustos sexuales que por entonces parecían excesivos o por lo menos llamativos.
Había alguna escena de sexo en trío --Emmanuelle, un galán y el viejo amigo que interpretaba Alain Cuny--, un encuentro íntimo en el baño de un avión (que muchos desearon emular) y una escena de autosatisfacción entre la protagonista y una amiga en la que la intensidad de las miradas era lo esencial. No había un solo instante de sexo explícito.
En Europa se formaban eternas filas delante de los cines y hasta un paparazzo estampó a Jacqueline Kennedy Onassis cuando salía de verla, pero vista con ojos actuales, Emmanuelle quedó a kilómetros de lo que vino después, aun en el cine no pornográfico.
Sin embargo, Kristel tuvo un aura de sexualidad y misterio que la persiguió durante años, pero que se fue apagando incluso cuando volvió frente a las cámaras para rodar Emmanuelle 2 (1975), de Francis Giacobetti, y Adiós Emmanuelle (1977) de François Leterrier.
Fue Claude Chabrol quien vio en ella algo más que una piel incitante y en la borgeana Alicia o la última fuga (1977) logró extraerle momentos de verdadera bravura actoral, más allá de un espléndido desnudo, seguramente exigido por los productores.
Su leyenda de "comehombres" y exhibicionista la puso también en manos del polaco Walerian Borowczyk, con el que rodó La marge (Una mujer de la vida) y del especialista Roger Vadim, quien la dirigió en Una esposa infiel, hasta que en 1981 reincidió con su pigmalión Jaeckin en El amante de Lady Chatterley, también con desnudos y una fotografía que permitía imaginar más de lo que se veía.
De todos modos las boleterías se ocuparon de explotar su mito, y así llegaron Lecciones privadas, de Alan Myerson, Amor en primera clase, de Salvatore Samperi --a la que se le agregó la palabra "Emmanuelle" como señuelo--, El despertar del sexo, de Sigi Rothemund, Emmanuelle 4, de Francis Leroi, Caliente al rojo vivo, de Robert Collector, donde era acompañante de Linda Blair.
Chica de infancia torturada por el abandono de su padre cuando ella tenía 15 años, ganó el concurso Miss TV Europa 1973 y parece haber tenido una turbulenta vida pasional, que se mezcló con drogas, alcohol y la búsqueda del amor en hombres mucho mayores.
En su biografía Nue (Desnuda), publicada en 2006, cuando las fotografías de promoción mostraban que ya no era lo que había sido, Sylvia contó que su primera relación importante fue con Hugo Claus, un belga casi 30 años mayor que ella, a la sazón padre de su hijo Arthur. La segunda, con Ian McShane, diez años mayor.
En una vieja entrevista con un medio argentino señaló que sus películas eran "eróticas pero no pornográficas, jamás acepté filmar una escena que me pareciera vulgar o que mezclase la violencia con el sexo; cuando discuto con las feministas les digo que mis filmes no perturban a nadie y jamás sugerí que fuesen aptas para chicos: mi hijo Arthur sólo me vio en una película, Aeropuerto 79".
En los últimos años, vivía en su Holanda natal, en Amsterdam, donde ocasionalmente exponía sus pinturas.
10
años ininterrumpidos se mantuvo en cartel, en París, la película Emmanuelle, considerada como una de las películas puntales del cine erótico moderno que batió récords de taquilla allí donde fue exhibida.
Años de adicciones.
En 2006 publicó su autobiografía, Desnuda, en la que confesaba sus adicciones a las drogas y el alcohol. Seis años después, cuando su todavía bello rostro no podía ocultar los excesos, sufrió un derrame cerebral que la llevó al hospital, donde se le diagnosticó, además, un cáncer de garganta, enfermedad que ha acabado con ella.