Un muchacho y una guitarra
Un día cualquiera de abril del 76. Punta Alta se despereza en la tarde otoñal. La peluquería de "Chiche" Gennari, atestada de clientes. Nuestro personaje evocado, el entonces "Gordo" Tejeda espera su turno y mira con fruición la guitarra que desde siempre espera algún ejecutante en un rincón.
De pronto aparece un flaco amorenado, colimba naval para más datos, saluda y toma el instrumento entre sus manos. Se siente como en casa. Dibuja un par de acordes para verificar la afinación y se larga de digitar. A puntear. A tremolar.
Toca los 6 minutos completos del tema "Homenaje a Baden Powell", una partitura por demás exigente, como si estuviera jugando.
Todos, incluido nuestro "Gordo", quedan boquiabiertos. Es un eximio guitarrista. Los peluqueros y los clientes, casi todos músicos ellos, le preguntan por su nombre. "José Luis Salinas", responde y sigue ensimismado en las bordonas.
El tiempo lo hace amigo de la peluquería y de sus contertulios. El "Gordo" empieza a admirarlo y el tiempo le depararía una gran sorpresa con ese marinero flacucho.
El mentado "Gordo", libriano bautizado con nombres de reyes --Carlos Arturo-- y bahiense de nacimiento, llegó a este pago bajo la Cruz del Sur a los 7 años, por el pase de su padre guitarrero y cantor.
Este suboficial cordobés le infundió el amor por el arte de combinar sonidos, aunque al principio Carlitos, con apenas 10 años, estudió a regañadientes con el profesor Norman Muñiz Vercesi, toda una autoridad.
Ya de purrete debió enfrentar al público. Debutó en LU2 Radio Bahía Blanca, nada menos que en el inolvidable programa "La Pandilla Bahiense". También hizo lo propio en cientos de escenarios familiares, escolares y barriales que ofrecieron sus tablados para que despuntara el vicio en conjuntos folklóricos y ¡con pantalones cortos!
Pero allá por el 62 o el 63 aparecieron unos locos en Liverpool que se hacían llamar The Beatles y le dieron vuelta la cabeza. Escuchar sus nuevas y revolucionarias melodías y cambiar la guitarra clásica por la eléctrica fue un solo paso. De aquel grupo denominado Los Norteños --porque sus integrantes eran del Barrio Norte-- pasó a integrar las huestes de Los Satánicos en los bailes populares.
En los 70 realizó una gira con el músico capitalino Antonio Bisio y con el percusionista local "Perico" Micelli. Un lustro después integró Sombras junto a otros grandes de estos pagos como Néstor Dendri, "Magoya" Giunta, Oscar Salomón, Luis Valerio y Alberto Fernández.
De aquellos años locos muchos recuerdan aquel dúo inefable Gordo Tejeda - "Chiche" Gabarini, músico y médico, guitarrista y cantante.
Más acá en el tiempo, en 2005, esta vez a cargo del bajo, fundó Larga Duración, acompañado del "Bambino" Ostertag, Edgardo "La Mona" Beratz, Ricardo Sosa, el "Fino" Bressan, Luis Valerio y la joven Antonella Sánchez, cantante solista, banda que recibió el premio Néstor Francischelli por la mayor convocatoria.
¿Qué escenario no pisó Carlos Tejeda por todo el sur bonaerense, el Valle del Río Negro, Neuquén o Mendoza? Tocó junto a los más famosos instrumentistas como los pianistas Luisito Cicive y Carlos Mastrángelo, el bandoneonista Alberto "Loco" Haedo, Raúl Girón, y el violinista Baldacin de la Sinfónica de Bahía Blanca.
El Taller de Armas del Arsenal Naval Puerto Belgrano lo recibió diariamente durante 15 años como empleado civil, pero la música pudo más y abrió un negocio de venta de discos y de instrumentos. Estuvo en la Galería Cometa, luego en la Barbini y actualmente en Brown 330. Este escriba debió pagarle en cuotas una acústica de 12 cuerdas que supo acompañar a las voces de Claudia Acosta, Franco Barberón y el querido Daniel Schwindt.
Volvamos al principio pero al revés. Hace muy poco el hoy gordo José Luis Salinas --reconocido como uno de los mejores guitarristas del mundo-- y el hoy flaco Carlos Tejeda se reencontraron en un espectáculo en Bahía Blanca. La circularidad de la historia.
Toda la música de Carlos Tejeda estará dispuesta esta noche en el Teatro Colón para quienes asistan a su espectáculo en celebración de sus 55 años dedicados a este métier. Enhorabuena. El menú incluye una composición suya en homenaje al Padre Francisco del Brío inspirada en una de estas evocaciones sabatinas. Allí estaremos.
Sergio Soler.