Exito y calidad resumen la edición de corsos 2011
Los denominados Corsos Oficiales 2011 siguen siendo tema de conversación y, como se dice popularmente, todavía dejan mucha tela parta cortar.
Las 21.363 entradas vendidas durante las tres noches y la recaudación de alrededor de 100 mil pesos son un claro indicador del éxito obtenido por la entidad organizadora, la Asociación de Bomberos Voluntarios de Punta Alta. Hechos los descuentos de rigor por los gastos operativos, y en base a lo declarado en conferencia de prensa por el referente de la institución, Héctor Fernández, la ganancia neta fue de unos 50 mil pesos.
Sin embargo, no todas fueron rosas a la hora de sacar cuentas. El citado Fernández dijo que tienen un tema pendiente con un comerciante local con quien la institución había concretado un acuerdo por la venta de espuma dentro del predio. Según indicó, la institución se ha vio perjudicada en una importante cantidad de dinero, estimada en 35 mil pesos.
Números aparte, y dada la masiva asistencia del público rosaleño y de ciudades de la región, la entidad organizadora anunció que, de obtener la autorización correspondiente de las autoridades municipales, comenzará a trabajar inmediatamente en la organización de los corsos del año próximo.
Cuentan para ello, con la experiencia adquirida en las dos últimas ediciones y en las mejoras a implementar en base a las críticas y sugerencias recibidas.
Importante manifestación cultural. No cabe duda del interés por las fiestas carnestolendas que a criterio de organizadores, participantes y asistentes, y dado el rédito económico, se consolidan como una manifestación cultural de cara al futuro y apuntan a recuperar el prestigio de otrora.
La afluencia masiva, que fue in crescendo en cada jornada, es una clara demostración de que los rosaleños gustan de asistir a este tipo de espectáculos si la propuesta es organizada y de buena calidad, algo que ocurrió ciertamente y satisfizo la expectativa general.
En el balance, la columna del haber indica que la organización, excepto por detalles menores, no dejó margen para quejas. El sonido estuvo acorde a las circunstancias. No hubo, en general, disturbios y el comportamiento de la gente fue bueno.
En la del debe, en tanto, se consignan los retrasos en el inicio y las repetidas aglomeraciones en algunos tramos del circuito, especialmente en cercanías del palco oficial y en las esquinas, lo cual afectó el avance de los desfilantes y provocó no pocas molestias.
Y que, al término de cada desfile, los vecinos del sector y quienes pasaban por el lugar, debieron esperar un tiempo considerablemente largo para que se efectuara la limpieza y se recogieran los miles de aerosoles desperdigados por las calles y veredas.
El mérito mayor, empero, le corresponde a las agrupaciones que participaron de la fiesta carnestolenda para mostrar sus coreografías y vestimentas, y dejar escuchar sus creaciones musicales. Ellas apostaron a su lugar y al engrandecimiento de la fiesta, a diferencia de algunas que, como ha acontecido en los últimos años, salen a mostrarse en otros escenarios.
Cabe destacar que lo que se ve en cada pasada es producto de un arduo trabajo, de muchos meses de entrenamiento previo y de consideraciones logísticas que van desde la confección de la vestimenta, pasando por el armado de los bailes, hasta la obtención de fondos. Por eso es loable el esfuerzo.
La característica saliente de estos corsos, que ya se venía anunciando en ediciones anteriores, fue la supremacía adquirida por las batucadas. El arsenal de surdós, repeñiques, redoblantes, casetas y sicuallos usados por todos los percusionistas fue impresionante.
En tal sentido, lo de Batucuerda fue significativo por su sincronización, la precisión en los cambios de ritmos y la apuesta por las melodías autóctonas, algo que su líder, Marcelo Falaschi, maneja a la perfección. A ello le agregó la también sincronizada coreografía de sus bailarinas y los disfraces de gladiadores.
No le fueron en zaga los 30 músicos ataviados como piratas y las 12 danzarinas de Samba Libertad, que, a las órdenes de Santiago Oviedo, desplegaron un sorpresivo número, que incluyó junto al batir de parches, una muy afiatada danza con canto incluido.
Los jóvenes debutantes de Kadiz, por su parte, demostraron que están dispuestos a copar la parada batuquera. Los dirigidos por el enérgico Ariel Silva, asombraron con el paso de sus percusionistas, quienes dibujaron unas figuras muy originales.
Lo de La Murga de la Abuela fue notable. Su espectáculo de neto corte candombero, nacido en las calles de los barrios pobres a ambos lados del Río de la Plata, se reflejó en el convulsionado y frenético baile de sus saltimbanquis, en el revoleo de sus estandartes, en el contenido de sus composiciones musicales, en el golpe de los tambores y los platillos. Tanta energía desplegada contagió a todos por el frenesí.
Las comparsas Renacer, Alborada y Diamante Azul también dejaron su sello, en este caso basado en el modelo de sus pares correntinas y entrerrianas, en las que sobresale el contoneo de bailarina y pasistas, y abundan las espalderas y los cascos emplumados en la vestimenta.
Los chicos la primera, provenientes de Villa del Mar y encabezados por Miguel Cisneros y Cintia Marchesi, hicieron un esfuerzo descomunal para salir al ruedo a pesar de su reciente formación el 5 de enero. También hicieron lo propio los de la segunda, desde el barrio Luigi II adonde nacieron como un sueño de la familia Carrasco. Lo mismo aconteció con la tercera.
La mayor expectativa la concitó la Asociación Cultural Comparsa Punta Alta que, dirigida por el diseñador Gustavo Bouscayrol, desfiló con la estructura completa, comisión de frente con su correspondientes destaque y portaestandarte, su pareja de embajadores, los grupos de bailarinas y de bahianas, y su batucada con la infaltable pasista. La calidad de las confecciones, el colorido plumaje y la gracia de sus integrantes fueron premiados con los mayores aplausos. Sus organizadores anunciaron que van por más en 2012.
La calidad de las propuestas, la inocente guerra de espuma de miles de chicos y grandes, la afiatada organización y el orgullo de ser un referente carnestolendo regional, ameritan a pensar que el Rey Momo tendrá muchas fiestas en el futuro.
Sergio Soler/Especial para "La Nueva Provincia"