Juan Gil Navarro analiza su flamante "maldad interior"
BUENOS AIRES (Télam) -- Juan Gil Navarro, antagonista de Facundo Arana en la novela Vidas robadas que Telefé lanzó esta semana, dijo no sentirse preocupado por encarnar al jefe de una organización que trafica personas, ya que busca hacer "un personaje creíble, no necesariamente querible"
Hijo del periodista Manuel Gil Navarro, quien trabajó en las agencias noticiosas Télam y DyN, Juan eligió la actuación como forma de expresión y eludió recorrer el mismo camino que su padre, a pesar de que su casa era un apéndice de las redacciones donde se desempeñaba Manuel.
"Cuando era niño quería ser piloto de avión, agrónomo o arqueólogo, pero cuando terminé el secundario elegí ser actor. El periodista requiere mucha paciencia y saber jugar un ajedrez muy particular, pero como actor también puedo denunciar temas sociales porque cubro esto de vivir otras vidas en una sola", evaluó.
Entrañas de un personaje
-- ¿Quién es Nicolás, tu composición para la tira?
-- Mi personaje está realmente enamorado del de Mónica Antonópulos, con quien tiene un hijo y va a hacer todas las locuras que se le ocurran porque la pierde a manos del personaje de Facundo.
"Pero además en su rol de cabeza de una organización de traficantes de personas, él tendrá como protegida y amante a la hija desaparecida de Soledad Silveyra".
-- ¿Qué características tiene la personalidad de Nicolás?
-- Todo lo malo que se les ocurra, mucho más de lo que se vio en los primeros capítulos. Es un ser resentido, borracho de poder. Un muchacho de traje y corbata de las más altas esferas que trafica chicas cubierto por comisarios, jueces y políticos, porque Vidas robadas, más allá de la historia de amor, es una novela de denuncia para que la gente sepa cuántas personas sufrieron esta situación.
El testimonio
-- ¿Sirve hacer novelas con contenido social?
--- Sí, porque hay organizaciones que secuestran a niñas de 10 años porque tienen determinadas características y las tienen esclavizadas y drogadas durante 15 años, y luego, cuando consideran que no sirven más, las tiran en un zanjón.
"Haciéndola, por ejemplo, nos enteramos que en este país no hay un ley que castigue el tráfico de personas y si no se sanciona habrá otras chicas que se sumarán a las 500 actualmente secuestradas".
-- ¿Tuviste miedo de aceptar semejante papel que puede encasillarte y estigmatizarte ante los ojos del público?
-- No, porque decidí tomar este rol para crecer profesionalmente y creo que la gente te respeta más cuando elegís arriesgar. Y también debemos tener en cuenta que la actuación es jugar a no ser uno y a que el público te crea.
"Además, resulta fascinante ver el mal de cerca porque tiene que ver con un morbo y una maldad que nos surge en determinadas situaciones. Igualmente, lo correcto sería no hacer otro villano después de éste.
"Pero la gente sabe diferenciar, como pasó con Roberno Carnaghi, quien hizo de malvado en Montecristo y toda la gente, que entendió que el actor de verdad es aquel que construye un personaje y busca contar una historia que resulte creíble, sabe que Roberto es un gran actor y una gran persona".
-- ¿No te preocupa que en el futuro te propongan sólo papeles de malo?
-- No le tengo miedo al encasillamiento. Por ejemplo yo hice Floricienta y mientras tanto grababa Historias de sexo de gente común. Pienso que en el trabajo del actor es posible esta dualidad y el oficio siempre va más allá de si te quieren o no.
Sin presiones
-- ¿Creció la presión en Telefé luego del levantamiento de "Una de dos", la "sit-com" encabezada por Florencia Peña?
-- No le doy importancia a la presión y además estamos muy confiados porque nos gusta mucho lo que estamos haciendo. Obviamente tenemos la ansiedad de quien espera que su programa funcione, pero soy de los que consideran que si el proceso creativo está envuelto en la presión del rating o el minuto a minuto, se destroza al proyecto.
"Por eso le corresponde a otras personas involucrarse en el tema del rating. Nosotros tenemos que hacer un producto que sea el mejor posible".