El oscuro mundo del espionaje, entre cinismos y crueldades
Red de mentiras se inscribe en la línea narrativa transitada con anterioridad por dos películas también ambientadas en Medio Oriente: Syriana y El sospechoso.
El guión de William Monahan (Los infiltrados) está basado en la novela de David Ignatius, periodista veterano especializado en temas de la CIA y Medio Oriente. En la actualidad es editor asociado y columnista de "The Washington Post".
El tema es la lucha contra el terrorismo. También el espionaje y la necesidad de obtener información a cualquier precio. En ese submundo, dominado por la crueldad más inaudita, el poder no se mide en términos de armamentos, tecnología o agentes en juego, sino por el volumen de información útil que un espía puede reunir y controlar, ya sea de manera real o simulada.
En este caso, la historia se sustenta sobre cuatro personajes claves. Uno es Roger Ferris, un agente secreto de la CIA que luego de recorrer el mundo y matar sin piedad, es enviado a Medio Oriente, primero a Irak y luego a Jordania. Posee la figura de DiCaprio (quien concreta una buena actuación) y debe estar dispuesto a soportar desaires, traiciones y torturas.
Ferris responde a las directivas de Edward (Ed) Hoffman (Russell Crowe), un patético burócrata de la CIA que supervisa las acciones de sus subordinados desde Nueva York, gracias a las nuevas y sofisticadas tecnologías. Es un cínico, con un absoluto desprecio por las vidas humanas --inclusive de sus propios hijos--, que parte de la premisa que en el mundo del espionaje "nadie es inocente".
Ferris, quien habla el árabe, viaja a Jordania, donde toma contacto con el general Hani Salaam, una figura inquietante que ejerce la jefatura de los Servicios de Inteligencia de ese país. Es el tercer personaje clave y fue interpretado de manera brillante por el inglés Mark Strong.
Hani le ofrece a Ferris su apoyo, pero a condición --difícil de cumplir-- de decirle siempre la verdad. No hacerlo le significaría la expulsión o la muerte.
La misión de Ferris es sacar de su madriguera al "venerable" jefe de una organización terrorista llamado Al-Saleem (el actor israelí Alon Aboutboul), el cuarto personaje relevante de esta historia, que ordenó la ejecución de un atentado en Manchester y amenaza "desangrar" a los "infieles" norteamericanos y británicos en todo el mundo.
El plan orquestado por Ferris para capturar a Al-Saleem es hacerle creer que una organización rival se ha vuelto tan mortífera como la suya. Para ello, "crea" a un terrorista (en realidad un respetable arquitecto) y le adjudica un atentado perpetrado en Amsterdam.
En ese trajín, Ferris debe luchar no sólo contra los enemigos visibles, sino contra adversarios que recurren a estrategias muy antiguas para resguardar el secreto de sus acciones. E inclusive contra su propio jefe, que teme perder el control sobre su discípulo.
Por eso no le pierde pisada, mediante un perverso sistema satelital con el que la CIA puede rastrear su presencia (y, supuestamente, la de cualquier ser humano del planeta) y verificar sus movimientos desde miles de kilómetros de distancia.
Para compensar tanta ferocidad, los autores introdujeron una subtrama romántica --finalmente irrevelante-- entre Ferris y una enfermera oriunda de Irán llamada Aisha, quien trabaja en una clínica en Jordania y es interpretada por la actriz iraní Golshifteh Farahani. En su primer encuentro fuera de la clínica, Aisha lleva a Ferris a conocer un atroz campo de refugiados palestinos.
El director ataca el absurdo de la guerra en Medio Oriente y lo hace de una manera más explícita que en su anterior La caída del Halcón Negro. Describe de manera un tanto torpe a los terroristas árabes, pero a su vez no ahorra situaciones para mostrar el cinismo, la crueldad e inclusive el desconcierto de los norteamericanos.
Red de mentiras posee características de superproducción, pero se filmó más para consumo externo que interno, porque los estadounidenses ya están hartos de guerras y terrorismo, por más que la publicidad oficial hable de patriotismo. Porque a esta altura, todo el mundo sabe cuáles fueron los intereses que se movieron detrás de las invasiones a Irak y Afganistán.
Ridley Scott demostró en su filmografía que es un virtuoso en materia de puesta en escena, montaje, tratamiento de la imagen y dirección de actores. Y Red de mentiras es otra prueba de su talento. Aunque esto no le impidió caer en la habitual tendencia de repetir los convencionalismos y estereotipos de los clásicos filmes de espionaje.