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Art Buchwald: adiós a un emblema del periodismo

Tras un año viviendo "de prestado", la muerte alcanzó ayer, a los 81 años, al columnista Art Buchwald, uno de los grandes maestros del periodismo estadounidense. En febrero de 2006, Buchwald decidió dejarse morir en un hospital cuando renunció a someterse a la diálisis por una irreversible falla renal.


 WASHINGTON -- Tras un año viviendo "de prestado", la muerte alcanzó ayer, a los 81 años, al columnista Art Buchwald, uno de los grandes maestros del periodismo estadounidense.


 En febrero de 2006, Buchwald decidió dejarse morir en un hospital cuando renunció a someterse a la diálisis por una irreversible falla renal.


 Los médicos le dieron no más de tres o cuatro semanas de vida. A lo largo de esos días, amigos y autoridades desfilaron por su residencia para despedirse de él y otorgarle todo tipo de condecoraciones y agradecimientos, "como si estuviesen visitando Lourdes", recordó Buchwald en "The Washington Post".


 Sin embargo, tal vez arrastrado por el mismo espíritu de contradicción que lo ha convertido en una de las plumas más respetadas, Buchwald no murió tan rápidamente.
Esta inesperada prórroga fue bien aprovechada por el periodista, que llegó a escribir un libro, Demasiado pronto para decir adiós, sobre su experiencia.



 Buchwald, que ganó el premio Pulitzer en 1982, escribió más de 8.000 columnas y más de 30 libros.


 Su humor sarcástico está íntimamente ligado a su dura experiencia infantil, cuando creció entre orfanatos junto a sus hermanas, después de que su madre quedó internada en un psiquiátrico.


 Como recuerda en su libro Irse de casa, "debía tener como seis o siete años, estaba desesperadamente solo y confuso, cuando me dije: 'Esto apesta. Me haré humorista'".


 Más tarde, se enroló en los Marines para pelear en el frente del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial.


 En 1948 comenzó su carrera periodística en París, donde trabajó como corresponsal del "International Herald Tribune", antes de regresar a Washington en la década de los 60 para someter a los políticos y otros personajes públicos al escrutinio de su ácida visión.