Falleció el polémico arzobispo Marcinkus
CIUDAD del VATICANO (EFE) -- El arzobispo Paul Casimir Marcinkus, fallecido ayer a los 84 años en Phoenix (EE.UU.), fue el polémico protagonista del mayor escándalo financiero que salpicó la historia del Vaticano, desatado a raíz de la quiebra del banco Ambrosiano de Milán.
El hundimiento del Ambrosiano se produjo en agosto de 1982, cuando el gobierno italiano lo declaró insolvente tras descubrirse un agujero de unos 1.200 millones de dólares de la época sustraídos para distintas operaciones irregulares de las cajas de la que era la mayor entidad privada de Italia.
Apenas 2 meses antes de la quiebra, en la noche del 16 de junio, fue encontrado ahorcado bajo un puente de Londres el entonces presidente del Ambrosiano, Roberto Calvi, en un aparente suicidio que aún hoy, 24 años después, no fue esclarecido.
En aquella época, Marcinkus ocupaba la presidencia del Instituto para las Obras de la Religión (IOR, fundado por Pío XII), o Banca Vaticana, por medio del cual el Vaticano poseía el 16% del capital del Ambrosiano.
Las investigaciones judiciales emprendidas a raíz del hundimiento del banco sacaron a la luz un complejo entramado financiero, que incluía oscuros pagos a la subversiva logia masónica Propaganda Dos (P-2) y desviación de fondos para usos privados.
Tras una larga y compleja instrucción, un juzgado de Milán consideró que en aquella difusa trama estuvo implicado Marcinkus, al que en 1987 acusó de bancarrota fraudulenta junto con 2 administradores de la Banca Vaticana, Luigi Mennini y Pellegrino de Strobel.
Los magistrados sostenían que el IOR avaló diversas operaciones financieras a través de una serie de "bancos fantasmas" con los que Calvi operaba y que reportaban excelentes rendimientos financieros a la entidad.
Los jueces de Milán dictaron una orden de captura contra Marcinkus y sus 2 colaboradores, pero estos se refugiaron en el Vaticano, que dio asilo a los 3 para impedir su detención.
Tras investigar el caso, la Santa Sede aseguró que Marcinkus era inocente, exculpó a los dirigentes del IOR de toda responsabilidad y les protegió con la inmunidad diplomática, al alegar que la Banca Vaticana era una entidad de la Iglesia.
El caso llegó al tribunal supremo italiano, que en un controvertido fallo anuló la orden de captura y dictaminó la imposibilidad de procesar al arzobispo.