Las vacunas del viajero y la "maldición de Moctezuma"
Viajar no es dejar de cuidarse
Viajar lejos y visitar geografías muy distintas puede implicar colateralmente, también, exponerse a enfermedades para las que el organismo, adaptado a un ambiente determinado, no tiene defensas adecuadas. Afortunadamente no faltan medidas de prevención y en la Argentina existen casi todas las vacunas necesarias a excepción de la antigripal para el Hemisferio Norte y la de la encefalitis europea.
El SARS o neumonía atípica lo hizo evidente en el 2003 y ahora, el temor por la gripe aviar: si no se toman adecuadas medidas de prevención, viajar puede implicar el riesgo de contraer y de transmitir enfermedades infecciosas.
Una parte fundamental de esos cuidados pasa por las pautas higiénicas.
De acuerdo con la doctora Silvia González Ayala, jefa del departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Sor María Ludovica de la ciudad bonaerense de La Plata, las principales medidas que se aconsejan son:
* El cuidadoso lavado de manos antes de ingerir los alimentos.
* Evitar las concentraciones en lugares cerrados y mal ventilados.
* Salir del lugar de residencia con el calendario de vacunación completo, tal como está establecido en el país.
* Consumir preferentemente alimentos cocidos y calientes.
Si se comen frutas o verduras crudas, debe ser lavadas con aguas seguras y/o peladas con las propias manos limpias.
"Precisamente, indica, uno de los problemas más frecuentes es la conocida diarrea del viajero, que en el caso de los países de América es llamada `la maldición de Moctezuma'".
Lo clásico de quien viene del Hemisferio Norte al Sur es la llamada por nuestras abuelas `diarrea por el cambio de agua'.
"En realidad --aclara la doctora-- lo que uno varía es la contaminación microbiológica: estamos acostumbrados a una flora y cambiamos y el resultado en general es una diarrea".
Por esa razón, si el viaje tiene como destino algún país de América Central, países del Hemisferio Sur como los del Africa Subsahariana o el Sudeste asiático, especifica la medica infectóloga, tenemos que extremar esas medidas higiénicas.
No obstante, también puede sobrevenir la diarrea del viajero cuando uno se traslada desde la ciudad hacia una población menos urbana, como les sucede a muchos estudiantes.
Endemias y epidemias.
En lo referido a la vacunación, será necesario tener en cuenta las enfermedades endémicas o epidémicas del lugar adonde se viaja.
Un ejemplo se dio el año pasado en Brasil, donde había determinadas zonas en las que hubo fiebre amarilla, o en Paraguay, donde hay epidemia de difteria, una enfermedad, en este caso, prevenible mediante vacunas--gratuitas-- que están incluidas en el calendario nacional argentino.
La vacunación contra la fiebre amarilla, por otra parte, debe ser suministrada dos o tres semanas antes del viaje, ya que la creación de los anticuerpos protectores en el organismo demanda alrededor de 10 días.
La encefalitis transmitida por garrapatas, que es una enfermedad propia de las regiones boscosas centroeuropeas, requiere la aplicación de otra vacuna específica, la cual en este caso no se consigue e la Argentina, sino que requiere ser aplicada en el país de destino, también con el mismo grado de anticipación, advierte la doctora.
En cuanto a las vacunas contra la gripe, se sabe que son diferentes las que existen en el hemisferio Norte que las del Sur.
Por lo tanto, será necesario aplicársela en el país de destino, si es que se viaja allí en temporada otoñal.
"Esta es la mejor manera de no tener la gripe común y es la mejor forma de estar preparados para una hipotética gripe aviar", asegura la especialista.
Por último, cada país tiene regulaciones en las que se especifica cuáles son las vacunas necesarias.
"Por ejemplo, en el norte de América del Sur, países del Africa subsahariana y del sudeste asiático, es conveniente la vacuna contra la fiebre tifoidea.
En tanto, las personas que hacen turismo de aventura, que van por la cuenca amazónica o viajan por Bolivia, tienen que ir por profilaxis antirrábica.
En Bolivia, recuerda, se han registrado casos de la fatal rabia canina.
Según señala, por otra parte, el doctor Hugo Paganini, médico infectólogo de los hospitales porteños Juan Garrahan, Alemán y Francés, la única vacuna que impone el Reglamento Sanitario Internacional es la que evita la fiebre amarilla, enfermedad que sin la prevención adecuada tiene una tasa de mortalidad entre el 20 y el 60 por ciento.
A nivel local.
Puesto que todavía existe transmisión vectorial de la enfermedad de Chagas por parte de la vinchuca en muchas provincias del Norte argentino, se recomienda evitar la exposición nocturna a la picadura del insecto, que no siempre habita sólo en ranchos.
Asimismo, en las regiones subtropicales hay que evitar la picadura del Aedes aegypti, mosquito causante del denguen, y en Tucumán, Salta y Jujuy existe la lechmaniasis, transmitida por una mosca.
Para el paludismo, explica González Ayala, no hay vacunas: sólo la quimioprofilaxis (cloroquina, mefloquina).
En la Argentina funcionan varios centros de Medicina del Viajero, una especialidad de creación relativamente reciente, como el dirigido por el doctor Orduna, en el Hospital Muñiz de Buenos Aires, el FUNCEI, la Dirección de Sanidad en Fronteras y el puesto sanitario de la Aduana en Rosario.
Otras enfermedades.
Según el doctor Paganini, las características físicas de la persona, la edad (si se trata de niños, adultos o ancianos) y el perfil inmunológico de cada viajero, así como la situación sanitaria en su destino y las escalas que realice, son datos relevantes para que puedan formular un consejo adecuado.
El doctor agrega que la hepatitis A --prevenible mediante vacunación-- es también común en los turistas y puede llegar a manifestarse al regreso del viaje.
En los niños, la proporción de casos fatales es menor de 1 por cada mil, pero en mayores de 50 años alcanza hasta un 3 por ciento.
La hepatitis B, más contagiosa que el VIH, se transmite por contacto íntimo o mediante la asistencia odontológica o médica brindada por estructuras asistenciales no confiables.
La gripe aviar afecta por ahora sólo a las aves (domésticas y salvajes), que generalmente mueren por causa de la enfermedad, salvo algunas especies como los patos, que se convierten en portadoras.
Desde 2003 se comunicaron sólo 120 casos en humanos, todos ellos en gente que tenía contacto permanente con aves.
Momentáneamente sólo puede sugerirse al viajero evitar el contacto con aves y en lo posible no consumir carne de pato.
Dónde informarse
En la página web www.cdc.gov/travelers, del Centro de Control de Enfermedades estadounidense, puede verse un detalle más acabado de las enfermedades que atañen a cada zona geográfica.
(destacar)
La única vacuna que impone el Reglamento Sanitario Internacional es la que evita la fiebre amarilla, enfermedad que sin la prevención adecuar tiene una tasa de mortalidad entre el 29 y el 60 por ciento.
Es aconsejable consumir, preferentemente, alimentos cocidos y calientes.
La vacunación contra la fiebre amarilla debe ser suministrada dos o tres semanas antes del viaje, ya que la creación de los anticuerpos protectores en el organismo demanda alrededor de 10 días.