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Alsogaray abanderado

Hace 75 años, el 9 de enero de 1930, llegó a nuestra ciudad, de paso hacia Bariloche, el cadete del Colegio Militar Alvaro Alsogaray, quien, hasta hacía 4 años, había sido nuestro convecino. La llegada del fundador de la Ucedé a Bahía Blanca tuvo que ver con el nombramiento de su padre, Alvaro, como máxima autoridad del Regimiento V de Infantería. A sus diez años de edad, ingresó en el colegio Normal, donde cursó 4º y 5º grados, rindiendo libre 6º, para así ingresar al secundario en el Colegio Nacional.


 Hace 75 años, el 9 de enero de 1930, llegó a nuestra ciudad, de paso hacia Bariloche, el cadete del Colegio Militar Alvaro Alsogaray, quien, hasta hacía 4 años, había sido nuestro convecino.


 La llegada del fundador de la Ucedé a Bahía Blanca tuvo que ver con el nombramiento de su padre, Alvaro, como máxima autoridad del Regimiento V de Infantería. A sus diez años de edad, ingresó en el colegio Normal, donde cursó 4º y 5º grados, rindiendo libre 6º, para así ingresar al secundario en el Colegio Nacional.


 Vivía entonces en calle Zelarrayán 260, en una vivienda de altos cuya planta baja era ocupada por don Enrique Julio, director propietario de este diario.


 Aún hoy, a sus 91 años de edad, recuerda las tardes de verano en el balneario Maldonado, la actividad que desarrollaba como socio que fue de la Sociedad Sportiva y las clases de piano que recibía del profesor Luis Bilotti.


 Su paso por nuestra ciudad, en 1930, se generó en una corta escala camino a sus vacaciones en Bariloche. Por entonces, su nombre ya tenía peso propio, ya que, por primera vez en la historia del Colegio Militar, un alumno de primer año llegaba a abanderado de esa institución, como consecuencia de ser, desde siempre, un alumno "contraído, inteligente, juicioso y pundonoroso".


 Ese mismo año, y en su condición de abanderado, le tocó ingresar al frente de los cadetes que ocuparon la Casa Rosada, en ocasión del golpe militar que terminó con el gobierno de Hipólito Yrigoyen.


 En la década del 50, ya recibido de ingeniero mecánico aeronáutico y retirado del Ejército con el grado de capitán, comenzó su vida política, que lo llevó a ser, entre otros cargos, ministro de Economía, embajador, diputado y candidato a presidente. Representante, por décadas, de las ideas privatistas, su frase "hay que pasar el invierno" forma parte del acervo cultural argentino.