La venta de agua, convertida en un negocio lucrativo
La alta regularidad detectada en el consumo de agua potable envasada en la ciudad, y la tendencia positiva que se advierte en la demanda, estarían confirmando la hipótesis de que el producto se viene incorporando paulatinamente a la cultura de consumo de muchos hogares bahienses, fundamentalmente de clase media y media alta.
Las señales en tal sentido surgen de un relevamiento telefónico anónimo realizado por este diario entre 100 consumidores de agua envasada elegidos al azar, sin distinción de edad o condición, que arrojó como resultados que un 45% consume el producto desde hace 1 a 2 años, y otro 30% desde hace 2 a 5 años. El restante 25% respondió que consumía agua envasada desde hacía menos de un año.
Entre los industriales, la sensación de encontrarse frente a una demanda en franca expansión también es unánime, según expresaron.
Al indagar por las razones del consumo de agua envasada, un 65% de los encuestados respondió que se debía a su mejor calidad, basada principalmente en el mal sabor y olor del agua de red; el 15% dijo desconfiar de su condición, y el restante 20% admitió consumir agua envasada por recomendación médica.
Si bien fueron mayoría (45%) los que consideraron que la calidad actual del agua de red es "buena", y que mejoró ostensiblemente con respecto a la crisis de 1999, --en esa ocasión el municipio debió distribuir agua potable gratuitamente--, cuando se les preguntó si a pesar de ello dejarían de consumir agua envasada, un 80% de los encuestados respondió negativamente.
"Creemos firmemente que la tendencia al aumento de la venta de agua envasada continuará en el futuro, a pesar de las oscilaciones", aseguró ayer desde Soda Yguazú, Carlos Canosa.
El empresario consideró que aproximadamente el 80% de su cartera activa está representado por clientes regulares --llevan más de un año de consumo-- y ubicó en el 50% de la facturación mensual total la participación de la venta de agua.
La firma comenzó a comercializar agua unos 9 años atrás. En ese momento, "un 10% de las ventas correspondía al agua y el 90% restante a soda", pero en la actualidad, esos porcentajes se igualaron, y comercializa algo más de 100.000 litros cada 30 días.
El agua proviene de una perforación propia y es sometida a un proceso de ósmosis inversa para filtrarla. Posteriormente es ozonizada, para optimizarla bacteriológicamente, y tratada con radiación UV.
"Si el envase no es abierto, le aseguramos al cliente la misma calidad de producto durante 6 meses --el Código Alimentario prevé hasta 12 meses-- pero si lo hace, no podemos garantizarle igual calidad superados los 15 días", admitió Canosa, quien además sostuvo que cada 30 o 45 días el producto es sometido a análisis por personal del área de Bromatología de la comuna.
La disminución en la calidad del líquido, una vez abierto el envase, está relacionada con la pérdida paulatina del poder bactericida del ozono, al tomar contacto con el aire.
"La tendencia de la venta de agua envasada se consolida paulatinamente. Los niveles de venta son inferiores al pico de la crisis de 1999, cuando hizo eclosión el problema de la calidad del agua de red, pero siguen en aumento", mencionó al ser consultado desde Cimes, Horacio Del Punta.
Agregó que desde la industria se aprecia la formación de cierta cultura del consumo de agua envasada, a partir de una mayor toma de conciencia sobre el cuidado de la salud, y que más del 80% de la cartera de esa firma podría considerarse regular.
Desde Sabores Naturales, empresa que comercializa Redención, Marcelo Aspiroz coincidió en que la demanda de agua envasada viene mostrando una tendencia positiva, en particular en el segmento institucional, al que la empresa considera su principal objetivo.
Agregó que alrededor del 80% de la cartera actual está compuesta por clientes regulares --llevan más de un año consumiendo agua--, aunque manifestó que en su caso el "pico" de ventas se produjo en la etapa de ampliaciones del polo petroquímico.
Del giro de negocios de la firma, alrededor de un 7% está representado por la venta de agua envasada --comercializa además jugos, gaseosas, bebidas alcohólicas--.
El agua que se ofrece a la venta se obtiene de una perforación que llega al acuífero profundo --700 metros-- ubicada en el Frigorífico Bahiense, a la que luego se somete a un proceso de filtrado, sin el agregado de sustancias químicas.
Estabilidad de precios. En cuanto a la evolución que siguieron los precios en el mercado, se observa, por ejemplo, que pasaron de un promedio de $ 1,80 para el bidón de 5 litros, en agosto de 1999, a $ 2,50, mientras que el envase de 20 litros pasó de 7 a 8 pesos a 6 pesos.
Mientras tanto, el envase de 12 litros se entrega a domicilio a un valor promedio de $ 4,50 con IVA incluido.
Los efectos de la crisis del agua potable desatada a mediados de 1999, se vieron reflejados rápidamente en el comercio. Las cifras de venta de aguas de mesa en una de las principales cadenas de la ciudad llegó en agosto de ese año a 688.230 litros, mientras que se vendieron 555.738 litros de agua mineral, con y sin gas.
Un año después --agosto de 2000-- esos valores habían descendido a 230.417 litros y 216.900 litros respectivamente.
El otro punto de inflexión de la curva de demanda fue el abandono de la convertibilidad. A partir de diciembre de 2001 los volumenes mensuales en los dos rubros descendieron 100.000 litros aproximadamente.
La recuperación llegó en 2004, e involucra entre 25.000 y 60.000 litros mensuales más --comparando con igual período de 2003--, con una clara tendencia a la consolidación.
Desde Sierras del Sol, única firma con planta de extracción y envasado en Sierra de la Ventana --ruta provincial 76, kilómetro 238--, Gustavo Rafine ratificó el crecimiento de la demanda.
La empresa comercializa unos 100.000 litros mensuales entre ciudad y zona, de agua de bajo contenido en sodio y débil mineralización, obtenida de vertiente natural.
"La venta en el sector institucional varía con la estacionalidad y es más estable, pero a nivel domiciliario hay una clara tendencia de crecimiento", explicó Rafine.
Definió al mercado como "estable" en general, por la regularidad de la demanda.
En este caso, el agua es sometida a un proceso de filtrado, ozonizada y luego irradiada con UV, para hacerla bacteriológicamente apta.
Jubahi, otra de las empresas que operan en el sector desde hace algún tiempo, también confirmó a través de su vocero, Pablo Zafe, el crecimiento de la demanda, repartida en partes iguales entre el sector domiciliario y el corporativo, con alrededor de un 80% de cartera considerada regular y no menos del 40% de participación en la facturación general por venta de agua.
"Consideramos que la venta de agua seguirá creciendo y que habrá mayores oportunidades comerciales", dijo Zafe.
En este caso, el agua obtenida de perforación se somete a un proceso de ósmosis inversa para potabilizarla, y luego sale a la venta.
PET o PVC. En la industria se admite una rentabilidad neta del 35% en la comercialización de agua envasada, como un número "razonable", sin dejar de considerar a la calidad del envase como uno de los principales factores para abaratar el costo final del producto, incluso aumentando la ganancia obtenida. La diferencia está planteada entre el uso de PVC (policloruro de vinilo) --más barato-- y de poliptereftalato de etilenglicol (PET).
Según fuentes de la industria, quienes utilizan recipientes de poliptereftalato tienen un costo de 8 pesos + IVA, más flete, por cada unidad de 12 litros.
Esto incluye desechar el bidón retornable (PET) luego de 25 rotaciones --aproximadamente un año de consumo--, algo que no todos los industriales respetarían a rajatabla.
La condición del envase guarda relación con el estado de conservación del producto, especialmente con su sabor, ya que como el PVC se deteriora más rápido que el PET, eso puede permitir la odorización del agua, si el envase se ve sometido a alguna fuente que emana fuertes olores.
Según las especificaciones del Código Alimentario Nacional, el uso de PVC sólo está permitido en envases descartables.
Confianza versus información
Con respecto al grado de confianza que despiertan entre los consumidores las especificaciones fisicoquímicas que aparecen en los envases, un 90% de los consultados dijo confiar "plenamente" en su proveedor, si bien de las respuestas se deduce un muy escaso acceso a la información.
Muchos de los encuestados respondieron a la pregunta sobre los motivos que los llevaron a consumir agua envasada, diciendo que la apreciaban "más liviana" que el agua de red. Esto guarda relación con el contenido de sodio, uno de los minerales presentes en mayor concentración en el agua subterránea que se obtiene en la ciudad.
Esta condición de "bajo contenido en sodio" es utilizada por algunos fabricantes como un importante elemento de marketing. Paradójicamente, quienes continúan hoy abasteciéndose de agua de algunos de los surgentes públicos, especialmente el instalado en el Parque de Mayo, creyendo que de esa manera no agravan su condición de hipertensos, seguramente ignoran que el contenido de sales, --principalmente sodio--, en el acuífero profundo no es homogéneo, y que ese mineral está presente en dosis importantes en el líquido.
Todavía se sigue observando en la ciudad personas que se abastecen de agua en los surgentes, como en este caso.
Rodolfo Angeletti