Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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La rosácea se da mayoritariamente en mujeres

Un rubor incontrolable La padecen más mujeres que hombres en todo el mundo y suele manifestarse alrededor de los 18 años. Aún se desconocen las causas. Tampoco aparece un medicamento que cure definitivamente este mal. Allá por el 1600, los artistas retrataban a bellas mujeres, de piel blanca y rubor en sus mejillas.

Un rubor incontrolable



La padecen más mujeres que hombres en todo el mundo y suele manifestarse alrededor de los 18 años. Aún se desconocen las causas. Tampoco aparece un medicamento que cure definitivamente este mal.










 Allá por el 1600, los artistas retrataban a bellas mujeres, de piel blanca y rubor en sus mejillas.


 Pese a que lucían rozagantes, detrás de este color vívido escondían un trastorno común en la piel.


 La rosácea, musa inspiradora en los cuadros antiguos, indica que el enrojecimiento facial no siempre es una cuestión de timidez.


 Es, en tal caso, el primer síntoma de una enfermedad cutánea, sujeta a metamorfosis en el transcurso de su evolución y a conceptos imprecisos que llevan a la confusión y, en ocasiones, a un diagnóstico erróneo.




 Crónica de una enfermedad anunciada. Denominada "acné rosácea" hasta no hace mucho tiempo, hoy queda claro que si bien pueden coexistir, no van de la mano.


 Sólo coinciden en que ambas se dan en el mismo territorio: la cara.


 Otro error es vincularla con el lupus.


 A diferencia de éste, no es infecciosa.


 La rosácea se manifiesta mayoritariamente en mujeres, en especial, las de piel blanca, alrededor de los 18 años.


 No obstante, se observan casos menos frecuentes, pero más serios, en algunos hombres; como el rinofima, hipertrofia desfigurante en la nariz.


 Si bien es extraño que los negros africanos o estadounidenses la padezcan, se registran cuadros aislados en gente de tez oscura.


 Es una enfermedad crónica, vergonzante y, por lo tanto, potencia el rubor ante la mirada de los demás.


 "Sobre todo, en las mejillas, la nariz, el mentón y la frente", refiere el doctor Rubén Azcune, jefe del servicio de Dermatología del Policlínico Bancario (PO.BA.), de Buenos Aires.


 Rara vez se manifiesta en otras zonas del cuerpo, como la espalda, el tórax, el cuello, los párpados o el cuero cabelludo.


 Variados episodios se suceden tras el enrojecimiento y se observan a diario en un consultorio.




 Perdiendo el control. Un rubor persistente, durante horas o días, en la nariz, los pliegues nasolabiales y las mejillas es el primer signo de alerta, seguido de un proceso inflamatorio, que perdura varias semanas.


 El cuadro más severo, aunque el menos común se da con la aparición de nódulos. En casos extremos, acaban en los fimas, que llevan a la desfiguración del rostro.


 "La rosácea, si bien muestra su lado visible en la cara, compromete otros órganos, como la visión", remarca el doctor Azcune.


 Estos pacientes, generalmente, se quejan de dolor, ardor, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño o padecen conjuntivitis.


 La inflamación de la córnea, conocida como queratitis, en particular, tiene un pronóstico desfavorable.


 Según la severidad, puede conducir a la ceguera.




 Enigma existencial. El porqué se manifiesta la rosácea y adopta diferentes variantes, aunque con la misma esencia, sigue siendo un misterio para la ciencia que, pese a los esfuerzos, suma posibles causas, pero ninguna concreta.


 Así se atribuye la patología a la predisposición genética, el factor hereditario, los trastornos gastrointestinales, las afecciones crónicas de vesícula, la hipertensión arterial y las emociones fuertes, entre otras.


 La única realidad es el enrojecimiento, aunque se desconoce el estímulo, entre los múltiples e inespecíficos que circulan por los libros de medicina.




 Vulnerables. La piel se torna más sensible. El calor, el frío, los perfumes, los cosméticos, las tinturas, los astringentes o el peeling pueden provocar la irritación, el malestar y el ardor, además de un edema facial y la hinchazón.


 Está comprobado que el sol daña estas pieles enrojecidas.


 De ahí que el doctor Rubén Azcune insista en la importancia de las pantallas solares de amplio espectro contra la radiación ultravioleta.


 La dieta no es tan rigurosa.


 "En realidad, no existe un régimen específico para la rosácea", precisa el dermatólogo del PO.BA.


 Basta tener en cuenta ciertas bebidas o los alimentos que potencian el rubor, para evitarlos.


 No ingerir alcohol, bebidas calientes, té o café ni consumir especias, parecen ser la clave, pero no la solución definitiva.




 Remedios para este mal. Ningún tratamiento terapéutico es milagroso, pero una medicación adecuada, por lo general, da buenos resultados.


 Como contrapartida, un fármaco equivocado puede empeorar el cuadro.


 Los antibióticos indicados para el acné suelen ser eficaces en el control de la inflamación.


 No obstante, requieren de una supervisión médica, ya que algunas personas parecen volverse "adictas" a estas sustancias.


 El metronidazol, por vía oral, causa furor en los Estados Unidos.


 "En la Argentina, se prefiere en gel o en crema, debido a los efectos colaterales que produce", señala el doctor Azcune.


 Los corticoides no son recomendables para controlar la rosácea.


 Lo que en principio cura, a largo plazo, trae mayores complicaciones.


 En los episodios moderados, los remedios caseros, como las compresas frías de manzanilla sobre la piel inflamada, son un buen complemento.


 De todos modos, sea cualquiera el método indicado, el alivio no depende de una receta mágica.


 "La rosácea no se cura; se controla", coinciden los especialistas.


 Mientras los científicos buscan el tratamiento eficaz que la combata para siempre, la sumatoria entre un paciente constante y un médico confiable, parece ser, hoy, la fórmula que brinda los mejores resultados.


(destacar)

Un rubor persistente, durante horas o días, en la nariz, los pliegues nasolabiales y las mejillas es el primer signo de alerta, seguido de un proceso inflamatorio, que perdura varias semanas.


Si bien muestra su lado visible en la cara, la rosácea compromete otros órganos, como la visión. Generalmente, estos pacientes, se quejan de dolor, ardor, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño o padecen conjuntivitis.


Está comprobado que el sol daña estas pieles enrojecidas. De ahí que se insista en la importancia de las pantallas solares de amplio espectro contra la radiación ultravioleta.