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Pura sangre criolla

Tiene 39 años y dice que es feliz. Y lo repite. Además, lo prueba cada palabra referida a su marido, Esteban Cruz, a sus hijos --Agustina y Santiago, de 4 y 2 años respectivamente-- y sus caminos junto a la música y la justicia. "Mi hogar está constituido por cantores, pues Esteban y yo lo somos, pero este año he asumido, además, la responsabilidad de funcionaria en el Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, como directora de Protección a la Víctima", apunta Yamila Cafrune.
Pura sangre criolla . Sociedad. La Nueva. Bahía Blanca


 Tiene 39 años y dice que es feliz. Y lo repite. Además, lo prueba cada palabra referida a su marido, Esteban Cruz, a sus hijos --Agustina y Santiago, de 4 y 2 años respectivamente-- y sus caminos junto a la música y la justicia.


 "Mi hogar está constituido por cantores, pues Esteban y yo lo somos, pero este año he asumido, además, la responsabilidad de funcionaria en el Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, como directora de Protección a la Víctima", apunta Yamila Cafrune.


 Firme en sus convicciones, la otrora "turquita" --así la llamaron durante años-- recuerda que pasó su adolescencia en Córdoba, hasta que obtuvo el título de abogada. Muy pronto, siguió la huella de su padre, tomó al folklore como bandera y dejó su diploma guardado en un cajón.


 La Plata es su cotidiano escenario en la función pública, y los más diversos puntos del país, los que la convocan para escucharla cantar. Pero, claro está, a ellos se suma el enmarcado por su casa.


 "Admito que mi vida en el hogar se me complica bastante, porque estoy ocupada durante toda la mañana. Tardo dos horas en llegar a mi trabajo y otras dos para volver. Por eso es muy poco el tiempo que puedo ver a los chicos despiertos. Encima, Augustina va a la escuela, aunque más allá de todas las dificultades, la vida familiar es llevadera porque tengo un muy buen compañero".


 Respecto de Esteban, asegura que él la ayudó muchísimo a valorarse como mujer.


 "Por él acepté el cargo en la justicia provincial. Además, acabo de hacer un viaje a Méjico porque Esteban me alentó. Su aporte y su entrega son importantísimos. Nos amamos y nos respetamos, al punto que él dejó su carrera artística por apoyar la mía".


 Cuenta, entre risas, que Agustina (nacida el 15 de julio de 1999), es la "novia" de mi marido y que Santiago (8 de febrero de 2002), es su "novio".


 "También es muy valioso lo de las abuelas. La de Tandil (mamá de Esteban), viene a casa para cuidar a los chicos con mucha frecuencia. La Cafrune es más difícil, porque tiene que viajar desde Córdoba".


 Autodefinida como una "mamá mimosa", indica que hasta se atreve a cocinar para sus hijos, aunque se considera una muy mala cocinera.


 "Los chicos se conforman con las clásicas milanesas con papas fritas y Esteban me tolera todo lo que hago, pero debo reconocer que ha comido cada mamarracho...".


 Más adelante, señala que los paseos en familia se reducen a ciertos sábados o domingos y que pueden disfrutar de las salidas con tranquilidad.


 "No es tanta mi fama. Días pasados, estuvimos en el zoológico casi toda la tarde y sólo una persona me reconoció y se acercó a saludarme. En realidad, me siento una trabajadora más, aunque a veces le quito horas a mi familia y es lo que trato de evitar. Por lo demás, creo mucho en la gente y defiendo el valor de la honestidad. No traiciono los principios morales que me legaron".


 Y a propósito de legados, el final de la charla es para su padre, un personaje de la cultura gaucha que brilló hace más de 30 años.


 "El papi siempre está. Su recuerdo y su figura flotan permanentemente en el aire que respiro. Lo extraño muchísimo, A pesar de que hace 26 años que no está, hay noches en las que me despierto sobresaltada y convencida de que escuché su camioneta Chevrolet. También lo veo bajar con su traje blanco, sus botas y su guitarra... Agustina me pide escucharlo y yo siento que mi padre es su ángel de la Guarda que la protege y la relaciona con seres de fantasía".

Pasos

* Yamila nació en la Capital Federal, pero pasó su niñez en Santa Fe. Su vida transcurrió entre cantores, poetas, jineteadas y largos viajes acompañando las cabalgatas de su padre, el legendario Jorge Cafrune.
* Al morir su papá, el 1 de febrero de 1978, se radicó en Córdoba, donde trabajó en el Registro Civil y se recibió de abogada, el 11 de diciembre de 1991.
* Su trayectoria junto al canto criollo se inició en La Europea, una confitería de Cosquín.
* Instalada en Cañuelas (provincia de Buenos Aires), junto a su esposo, Yamila ha cantado varias veces en Bahía Blanca. El último 25 de mayo, lo hizo en el Teatro Municipal y en el Centro Comunitario San Roque.

La "morocha" de Brandsen

Tamara Castro eslabona sus melodías de amor en vuelo













 Por los caminos del folklore también anda otra mujer: Tamara Castro.


 Agitada y preocupada, termina de llamar, por segunda vez, a su casa. Necesita saber de sus hijas.


 "Siempre es así. Tais y Malena acaparan toda mi atención. Son preciosas y muy buenas... ¿Exagero?. Bueno, pero son los motorcitos de mi existencia. Ambas fueron a Cosquín a mis actuaciones. Tais, que tiene dos años y ocho meses, es una estrellita. Malena, de cinco meses, también brilla con luz propia y de su adaptación a la mamadera dependió esta gira. Con ellas, yo paso a segundo plano y creo que todo padre o madre me deben entender", asegura y suspira.


 Claro que antes de este presente de mamá dichosa, hay una historia de esfuerzo y de paciencia.


 Con el rasgo de sencillez que más la identifica, la folklorista llegó hace poco a nuestra ciudad para actuar por primera vez. Exhibió su espíritu festivalero y la delicada modulación de su muy clara voz para obras que requieren del silencioso respeto.


 Tamara nació el 4 de diciembre de 1972, en Ensenada, pero desde muy pequeña vivió en Coronel Brandsen, provincia de Buenos Aires.


 "A los tres años, comencé a estudiar danzas con Mabel Pimentel y Oscar Murillo, quienes eran muy amigos de mis padres. Yo fui la mascota del grupo. Aprendí, entonces, sobre la responsabilidad, el buen gusto y el tomar en serio las cosas para el trabajo profesional", apunta.


 Sostenida por el amor de sus padres, a los 19 años se instaló en la casa de su tía, en la Capital Federal.


 "Allí conocí al mayor orientador de mi trabajo profesional, Jorge Mlikota, quien me recibió como pupila y mejoró la selección de mis temas con sus consejos y arreglos".


 En 1994 surgió su primer disco, Pasiones.


 "¡Lo que anduve..! Cantaba dos o tres veces por semana en peñas o clubes. Quería que me conocieran. De a poco, este éxito mío, chico y humilde, se afirmó como consecuencia del trabajo".


  Del segundo álbum (Revelaciones), dice que fue más trabajado y que estuvo más incentivada por el cariño de la gente. Así se proyectó con Zamba de amor en vuelo, Río verde o La vieja.


 "Después vino Resplandor, con temas como La Flor Amarilla, Chacarera para mi vuelta o El dedo en la llaga. Enseguida, la discografía de Tamara sumó un compilado de todas sus obras.


 Hoy, cada vez más firme en su senda, la mamá-cantante y exitosa nunca se olvida de sus padres, porque dice que gracias a ellos comprendió el valor de la humildad.