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Una relación desgastada y con final imprevisible

La pelea entre el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño (Buenos Aires), y el jefe del bloque justicialista, José María Díaz Bancalari (Buenos Aires), se transformó es un clásico del Congreso. Sus efectos, sin embargo, recién ahora comenzaron a provocar incomodidad e incertidumbre en el propio oficialismo.


 La pelea entre el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño (Buenos Aires), y el jefe del bloque justicialista, José María Díaz Bancalari (Buenos Aires), se transformó es un clásico del Congreso. Sus efectos, sin embargo, recién ahora comenzaron a provocar incomodidad e incertidumbre en el propio oficialismo.


 Los chispazos entre los dos principales operadores duhaldistas de la cámara sobrepasaron los límites del bloque y, durante las últimas dos sesiones, llegaron a exhibirse públicamente.


 Si el resto de los parlamentarios seguía los rounds como si se tratara de un espectáculo deportivo, la persistencia del enfrentamiento empezó a esparcir inquietud en la bancada mayoritaria.


 Graciela Camaño de Barrionuevo (Buenos Aires) amagó incluso con renunciar por los obstáculos que la pelea genera en la estrategia para cada sesión.


 "Creo que es la última vez que te acompaño como secretaria del bloque", le murmuró la ex ministra de Trabajo a Díaz Bancalari cuando el PJ fracasó en su primer intento por aprobar aumentos de penas acorde al petitorio de Juan Carlos Blumberg.


 El oficialismo acababa de perder por un voto. Pero Blanca Inés Osuna (Entre Ríos) aclaró enseguida que, si bien el registro electrónico señalaba que se había abstenido, su intención fue votar a favor. El PJ tenía chances de revertir el resultado.


 La revisión de la votación es una práctica con largos antecedentes en la cámara. Camaño, no obstante, se negó a hacerlo de nuevo.


 El costo del fracaso, por supuesto, recaía especialmente en el jefe del bloque.


 Al día siguiente, Camaño acordó personalmente con los radicales y aparecieron los votos necesarios para aumentar las penas; usó la sesión para sacar ventaja en su duelo personal.


 No fue la última vez que los choques quedaron al desnudo. El miércoles pasado, la oposición había golpeado con contundencia contra el gobierno por los aumentos de gas y el manejo de la crisis energética.


 La UCR reclamaba aprobar una preferencia para que el proyecto que fija un precio máximo para las garrafas se tratara la semana próxima. Cuando Díaz Bancalari pidió la palabra para contestar las críticas, Camaño le dijo que debía limitarse a responder por sí o por no.


 La frialdad que enmarcaba el diálogo se asemejaba más a una conversación entre dos representantes enfrentados por la política que a dos dirigentes de un mismo espacio interno dentro del PJ.


 "Es injusto que la presidencia me obligue a contestar por sí o por no", se quejó Díaz Bancalari en medio de la sesión y, tras defender la gestión gubernamental frente a la crisis, pidió disculpas por si se había apartado un poco del reglamento.


 "Menos mal que fue un poco", respondió Camaño con ironía, ante las risas de algunos y la incomodidad de otros.


 En cada oportunidad, los golpes se cruzan de un rincón hacia otro sin visos de tregua.


 La pregunta es inevitable: ¿Por qué Camaño y Díaz Bancalari están enfrascados en un combate impredecible? En la explicación se cruzan razones nacionales y bonaerenses.


 En primer lugar, el gobierno kirchnerista eligió a Díaz Bancalari como interlocutor y desplazó a Camaño, que había sido el operador del Poder Ejecutivo durante la gestión de Eduardo Duhalde (2002-2003).


 El mandamás de la Cámara Baja nunca superó el dolor de verse desplazado del núcleo de decisión gubernamental. Su objetivo es demostrar que Néstor Kirchner se equivocó al preferir a su adversario.


 "¡Ya me van a necesitar!", masculla a sus colaboradores, cuando tratan de consolarlo por la falta de llamados desde la Casa Rosada.


 Por debajo, también aparece una competencia bonaerense. Los duhaldistas aseguran que, más allá de la precandidatura de Díaz Bancalari a la gobernación, ambiciona, en realidad, quedarse con la jefatura del PJ provincial. Allí, sus objetivos también colisionan con los de Camaño.


 En la carrera provincial, el ex intendente quilmeño tiene una carta a su favor: Duhalde lo considera su mano derecha. La suerte de Díaz Bancalari, en cambio, aparece tan atada a los designios de Duhalde como al respaldo que pueda conseguir en el gobierno.


 Nadie se anima a predecir el desenlace.

Damián Nabot/Agencia DyN