Los 90 años de Norman Borlaug
AUBURN, Alabama (PRNewswire/DyN) -- Jimmy Carter, George McGovern y varios científicos se unieron a la celebración del AgBioWorld Foundation, con motivo de haber cumplido anteayer 90 años de edad Norman Ernest Borlaug, Premio Nobel de la Paz.
"La pasión que caracteriza la vida del Dr. Borlaug es una inspiración para todos nosotros", observó el ex presidente norteamericano Jimmy Carter. "Ha sido un honor poder colaborar con el Dr. Borlaug. Es un verdadero humanitario y un querido amigo".
En 1970, la entrega de Borlaug a favor de la productividad agrícola le valió el Premio Nobel de la Paz. En la década de los años 40, Borlaug desarrolló el cultivo de nuevas variedades de trigo en Méjico, con lo cual se logró un rendimiento dos veces mayor en el país.
Después, trabajó en India, Pakistán, China, el Oriente Medio, Sudamérica y Africa y logró iguales éxitos. La variedad de cosechas y las mejoras en los procedimientos agrícolas que él ayudó a desarrollar encendieron la llama humanitaria de lo que se conoce hoy como la Revolución Verde. Frecuentemente, se atribuye a estos adelantos que hayan salvado más de mil millones de vidas.
"Norman Borlaug fue el padre de la Revolución Verde, que transformó una gran parte del Tercer Mundo", señaló el ex senador George McGovern. "El liderazgo científico del Dr. Borlaug no sólo salvó a muchos a morir de inanición, sino también millones de kilómetros de vida silvestre que se hubieran sacrificado para dedicar esas tierras a la agricultura. Es uno de los grandes hombres de nuestra época", señaló.
"Norman Borlaug es la encarnación de esa inquietud humana por lograr un mundo libre del hambre", observó también M.S. Swaminathan, de la Fundación de Investigaciones M.S. Swaminathan en India (www.mssrf.org) y el principal científico que trajo a Borlaug al continente asiático. "Su vida es su mensaje".
"Norman Borlaug es uno de los más grandes humanitarios que haya vivido", afirmó C.S. Prakash, presidente de la Fundación AgBioWorld y profesor de genéticas de plantas en Tuskegee University, Alabama. "No sólo es un científico, sino un hombre de resultados y un activista que cree en el poder que tiene la ciencia para mejorar la vida de las personas en todas partes, especialmente en el mundo en vía de desarrollo".
"La contribución inigualable de Borlaug a la humanidad fue que demostró que la genética desempeña un papel crucial en la producción agrícola para satisfacer la demanda mundial de alimentos", según Malcolm Elliott, director del Instituto Borlaug en el Reino Unido.
A pesar de su edad, Borlaug es hoy uno de los principales consultores del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT) y es profesor eminente de Agricultura Internacional en la Texas A&M University. También es presidente de la Asociación Africana de Sasakawa y, junto con Jimmy Carter, es un líder del programa agrícola Sasakawa-Global 2000 en el Africa subsahariano, un programa que ha trabajado con varios millones de campesinos en 15 países de la región para incrementar la producción de alimentos.
En el INTA Bordenave
Una calurosa tarde del 71
En diciembre de 1971, Norman Borlaug afirmaba que la Argentina "necesita producir mucho más y exportar también mucho más". En tal sentido, abogó por el empleo de las técnicas modernas, inclusive la fertilización. "Debe darse cada vez mayor importancia a las experimentaciones y al aprovechamiento de los recursos naturales", agregó.
Sus palabras fueron escuchadas por una concurrencia integrada por funcionarios oficiales, directivos universitarios y productores. El escenario: la Estación Experimental Bordenave del INTA, a la que llegaba por cuarta vez. En rigor, sus visitas a la Argentina se iniciaron en 1956.
En aquella calurosa tarde, expuso durante una hora y luego se enfrascó en un diálogo de otros 120 minutos para cambiar ideas y responder a las innumerables preguntas de los asistentes.
Entre otros, se encontraban allí el presidente del INTA, ingeniero Ernesto Lanusse; el ingeniero Walter Kugler; el doctor Ramón Rosell, director del Departamento de Agronomía de la UNS, y representantes de la Junta Nacional de Granos, de la Universidad Católica Argentina, de la Facultad de Agronomía de la UBA, del Banco de la Nación y de escuelas agrarias e instituciones del agro y del comercio.
Borlaug --recuerda la crónica de entonces-- vestía ropas deportivas y botas de media caña. Entonces tenía 57 años y mostraba una conmovedora sencillez, aunque su antecedente inmediato era nada menos que haber sido elegido Premio Nobel de la Paz 1970, como reconocimiento a sus extraordinarios aportes a la lucha contra el hambre, con la creación de más de 30 variedades de trigo, entre otros logros.
Jerarquiza tal distinción que los otros candidatos al premio instituido por la Academia Sueca eran las Naciones Unidas, el Concilio Mundial de Iglesias y monseñor Helder Cámara.
Borlaug nació en Cresco, una pequeña población del estado norteamericano de Iowa, donde su padre tenía una chacra de apenas veinte hectáreas, en la que alternaban la agricultura y la ganadería. Se graduó en la Universidad de Minnesota en la carrera de fitopatología y su primera experiencia fue en el área de la forestación. Trabajó en la Fundación Dupont de Nemours y luego en la Fundación Rockefeller, que le encargó estudios de mejora genética en cereales a realizar en Méjico.
Allí se radicó en 1944, para comenzar una labor titánica al frente del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), desde el cual se difundieron al mundo sus extraordinarias conquistas tecnológicas. La India y Pakistán fueron dos de los principales escenarios en los que se aplicaron sus técnicas, al punto de haber alcanzado por entonces rendimientos de hasta 5.000 kilogramos de trigo por hectárea, cuando la media histórica era de 700.
Este redactor tuvo la ocasión de dialogar durante una hora con Borlaug en Bordenave. El calificado visitante admitió que, tras recibir el Premio Nobel, debió dedicar demasiado tiempo a dar conferencias y cumplir compromisos derivados de esa trascendental instancia de su vida, restando horas a su tarea en el laboratorio y en el campo.
El padre de la Revolución Verde, al referirse al hallazgo del triticale --un cruzamiento de trigo y centeno--, dijo: "Todos los cereales que conocemos hoy día, y que son la base de nuestra agricultura, fueron desarrollados por los primitivos agricultores hace 7.000 o 9.000 años. En los últimos tiempos, con la manipulación científica, se mejoraron las plantas, pero son los mismos cereales de entonces,. Si la Naturaleza ha hecho esa selección y permitió que se desarrollaran el trigo, la avena, la cebada y el maíz, ¿por qué el científico, con todos sus conocimientos y los medios técnicos de que dispone, no puede desarrollar una planta con mayor potencial y diferentes características, con la esperanza de servir mejor a la humanidad?".
Pero su inquietud no estribaba sólo en el crecimiento de la producción agrícola para dar más alimentos a la humanidad. Veía con honda inquietud que el mundo estaba teñido por los dramas de conflictos en distintas regiones. "Fundamentalmente, insisto en que necesitamos tener paz en el mundo y no destrucción", culminaba la entrevista.
"El agro debe ser cada vez más eficiente, para alimentar al mundo, porque la población será el doble de actual en el año 2000", vaticinaba.
Dijo también que la labor en las estaciones experimentales es altamente valiosa, aunque no del todo representativa "porque los resultados que se obtienen en las chacras suelen ser diferentes". De todas maneras, instó a los agricultores a interesarse por el asesoramiento que brindan dichas instituciones y a acompañar la tarea de los técnicos.
Casi treinta años más tarde, se pronunciaba a favor de la biotecnología, por considerar que "no representa una modificación genética" en la elaboración de productos alimenticios.
Subrayó que "la naturaleza, desde siempre, provocó modificaciones genéticas en los suelos. Lo que permite la biotecnología es facilitar ese mejoramiento".
Borlaug cuestionó a los grupos ecologistas que intentan ejercer presión para combatir el desarrollo de la técnica en el mundo y sostuvo que "es coyuntural", como sucedió antes con otros productos alimenticios, por lo cual no compartió la idea que los alimentos sean etiquetados cuando resulten producto de un grano modificado en sus genes.
Dijo que los cuestionamientos responden "más bien al proteccionismo europeo, que quiere tener la palanca para decidir qué puede ingresar en su mercado y qué no".
"El etiquetado de los organismos genéticamente modificados es costoso e innecesario", dijo, ya que "no hay que temerle al progreso. Sería como desconocer hoy la fuerza y la importancia de Internet".
Acerca de la oposición de organizaciones ecologistas, afirmó que "se está creando mucho escándalo a nivel mundial" y que quienes lo impulsan "son extremistas ambientales, ya que esos cuestionamientos no tiene asidero científico".
"Son corporaciones que manejan muchísimo dinero en su arcas" y "saben controlar con mucha eficiencia a los medios de comunicación. Un ejemplo es la organización Greenpeace, pero hay varias más", destacó.
"No existe ninguna evidencia que indique que los alimentos provenientes de organismos genéticamente modificados puedan dañar la salud humana o el medio ambiente", precisó.
Norman Fernández