Una recorrida por la ciudad de los muertos
Los muros de nuestro cementerio municipal contienen una ciudad silenciosa, cuya población iguala a la que cada día se mueve y transcurre fuera de sus límites.
Pese a ser el lugar de reposo de "quienes en vida fueron" nuestros antecesores, el ámbito no escapa a los avatares propios una sociedad que ve, casi con impotencia, como la delincuencia crece y asume nuevas formas, violentas y sin límites.
Una recorrida para verificar algunos faltantes denunciados por visitantes del lugar sirvió para recorrer otras tumbas, las cuales dan cuenta de vidas e historias que exceden las fronteras artificiales de la necrópolis.
El más grande escritor
A pocos metros del acceso, sobre la calle principal, se ubica la tumba del escritor Ezequiel Martínez Estrada, fallecido en nuestra ciudad, el 3 de noviembre de 1964.
A la estatua que lo muestra pensativo, con sus piernas cruzadas, nunca le faltan flores en sus manos y sobre su regazo.
"Se despertó de repente/y se asombró al encontrarse/viviendo sencillamente", puede leerse sobre el muro de su bóveda. En el lugar también descansa su esposa y algunos de los pájaros que llegaban hasta su casa de la avenida Alem, donde se quedaban sin necesidad de jaulas que los detuviesen.
El ángel de Maffi
En la tumba colectiva de la familia Maffi reposan, desde 1942, los restos de Pílade Maffi, uno de los comerciantes más prestigiosos de la ciudad. Propietario de una casa de música, fue activo miembro de la sociedad bahiense, desempeñando durante seis períodos el puesto de concejal, al tiempo de ejercer el periodismo como corresponsal de los diarios "La Nación" y "La Prensa" y la prestigiosa revista "Caras y Caretas".
Una majestuoso ángel realizado con mármol de Carrara se impone sobre la tumba, aunque su presencia en el lugar corre peligro. De acuerdo con fuentes seguras, algunos de sus descendientes estarían tratando de vender tan significativa escultura.
Los Caronti y el intendente del obelisco
"La ciudad reconocida", puede leerse en el mausoleo levantado a los integrantes de la familia Caronti. Felipe Caronti, arribado a Bahía Blanca con la Legión Agrícola Italiana, llegó a ser el vecino más importante de la ciudad, proyectista de nuestra Catedral y un referente de la historia local. Murió en 1885 y sus restos fueron inhumados en los terrenos que hoy ocupa la plaza Pellegrini. Su hijo Luis fue el segundo intendente de la ciudad y tras su muerte, ocurrida en 1917 en Buenos Aires, donó su fortuna a la Biblioteca Rivadavia y al Hospital Municipal.
Los restos de los Caronti fueron "repatriados" en 1972. En esa ocasión también fueron trasladados, desde la bóveda familiar del cementerio de La Recoleta, las cenizas del doctor Mariano de Vedia y Mitre, esposo de Helena Caronti, nieta de Felipe. De Vedia y Mitre fue intendente de la ciudad de Buenos Aires entre 1932 y 1938, siendo responsable del gran cambio urbanístico de esa ciudad, con la ampliación de las avenidas Corrientes y 9 de Julio y la construcción del Obelisco porteño.
Jorge Moore, intendente por cinco
Nativo de San Pedro, provincia de Buenos Aires, Jorge Moore llegó a nuestra ciudad siendo muy joven, estableciendo una compañía consignataria de frutos en sociedad con don Angel Brunel.
A su prestigio vecinal y comercial sumó una intensa actividad política, siendo cinco veces intendente electo, la mayor cantidad de períodos alcanzada por un jefe comunal en nuestra historia.
Falleció en 1929, a sus 72 años de edad. Hasta los últimos meses de su vida se desempeñó como gobernador del territorio nacional de La Pampa.
Descendiente de una familia británica, la placa de mármol que cierra su nicho tiene la leyenda For ever whit the Lord.
La tumba de Angel Brunel, quien fuera su amigo y socio, fallecido en 1909, se encuentra a pocos metros del lugar, sobre el mismo pabellón de nichos.
Laspiur sin columna
Pese a que el monolito pareciera estar sano, le han quitado un valioso componente que la fotografía de archivo permite recordar: una columna de mármol y una figura ubicada en su parte superior. Es la tumba del médico Sixto Laspiur, héroe de la historia bahiense, primer facultativo de la Fortaleza Protectora Argentina y constructor de la primera escuela pública, fallecido en 1882.
En el lugar también descansa su hijo Sixto, fallecido en 1908, que fuera Intendente municipal. Detrás se encuentra la tumba de Ciriaca Palao, primera maestra bahiense, con quien el médico se casó en 1855.
Cuatro historias
A la derecha, la tumba de la familia Peralta contiene los restos de una niña que fue la primera en ser sepultada en la necrópolis. A su lado, una antigua tumba sin identificación guarda los restos de Juan Molina, prestigioso vecino bahiense cuyo nombre evoca una calle de la ciudad. A la izquierda, una singular tumba guarda los restos de Hermenegildo Hernando, piloto de aviación fallecido en septiembre de 1934, luego de chocar su avión Mercury en Sierra de la ventana.
Unos metros adelante se encuentra una tumba similar, con parte de una hélice y la figura de un cóndor. Allí reposan los restos de Víctor Hernández, fallecido en un accidente de aviación en junio de 1933, cuando descendía en el campo del señor Ardhoain, en Cabildo. Fue el primer aviador bahiense que "rindió su tributo de vida al moderno medio de locomoción", según consignó este diario en ocasión del fatal accidente.
La muerte después del amor
A 85 años de su muerte, manos anónimas sigue colocando flores en la tumba de Carolina Beltri, reconocida artista que puso fin a sus días en nuestra ciudad, apesadumbrada por una relación amorosa no correspondida. Nacida en Méjico y criada en La Habana, Beltri era, a sus 25 años de edad, una talentosa actriz que encabezaba su propia compañía con 60 integrantes. En su primera presentación en la ciudad conoció a un médico que le prometió amor eterno. Cuando regresó, en abril de 1919, el hombre había elegido a otra mujer. Beltri debutó no obstante en el teatro Colón (hoy Don Bosco) con éxito y sentido reconocimiento a su talento y humor. Sin embargo, el 2 de mayo debió ser internada de urgencia tras ingerir veneno. Agonizó durante 9 días, dejando este mundo el 11 de mayo de 1919. "Fue la tiple cómica más aplaudida que haya actuado en nuestros escenarios", mencionó una crónica de la época.
Rodrigo García-LNP