La maleza avanza sobre la Estación Sud, un lugar cargado de silencio y olvido
Clausurado a todo uso, el paso del tiempo comienza a hacer mella sobre el inmueble y su entorno.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
“Se queda mirando las vías vacías/La luz que se pierde del tren que pasó/Y después se aleja murmurando cosas/El viejo Matías, ogro del lugar”. Víctor Heredia
Una de las primeras señales del abandono que sufre un edificio y su entorno es el avance de la naturaleza, el pasto ganando espacio y creciendo sobre lo existente.
Es como un aviso en el camino a la ruina. Eso es lo que se empieza a percibir en la estación Bahía Blanca de avenida Cerri, cancelado el único servicio ferroviario en 2023 y clausurada en 2025 de manera definitiva.
Las vías van perdiendo su brillo porque el acero deja de pulirse por el roce de las ruedas, tomando un color opaco, oxidado. Crecen yuyos entre los durmientes, primero hierbas bajas, después arbustos. Sobre el andén la maleza agrieta la carpeta y gana terreno.
El silencio se hace escuchar: desaparecen los anuncios, el golpeteo, las conversaciones. Los relojes se detienen, las boleterías permanecen cerradas, las salas de espera se ven clausuradas con cadenas y candados. No hay más personal ni jefe de estación, se fueron los obreros, los perros y hasta el ocasional personaje durmiendo en alguno de los bancos. La estación es hoy un lugar detenido en el tiempo, que el paso de los días desgasta, incesante.
Esa realidad es además una manifestación, un testimonio de la desidia, de la falta de acción, de la justa valoración de un lugar histórico.
Nadie
“Contó Roberto Arlt que aquel “hombre que está solo y espera” de Scalabrini Ortiz era el hombre que llegaba a una estación después de que el último tren había partido. Ha pasado mucho tiempo. Y muchos trenes. El hombre de Scalabrini ha devenido un pueblo. Y ese pueblo merece una nueva historia. Y un nuevo tren. En él pensamos. Y para él escribimos”. Oscar Taffetani
El edificio de líneas clásicas y detalles franceses está hoy en manos de nadie. La Agencia de Administración de Bienes del Estado Nacional, organismo que administra el uso y destino de estos bienes, jamás dio señales de vida, no acciona, no define, no responde, no sabe, no hace.
Es un edificio que admite muchos usos. La municipalidad ha hecho el pedido formal de sus instalaciones. Allí pueden funcionar dependencias estatales, oficinas, tener un destino gastronómico, recreativo. Lo único no admisible es este presente.
Imagine
La Inteligencia Artificial permite dar forma a algunos de esos destinos, a algunas adecuaciones, sin dejar de lado un presente que podría haber tenido como parte del sistema de transporte urbano.
Lo que no fue ni será. El tren no evolucionó como medio de transporte. Estatizado en 1947 comenzó un largo camino a la edcadencia, ramales cerrados, estaciones abandonadas, galpones usurpados, señales robadas.
Un espacio de encuentro. Una de las posibilidades que ofrece el lugar, el uso del sector de andenes y eventualmente el de las vías, en desuso y sin futuro. Una propuesta gastronómica acompañada por exposiciones contando la historia del lugar.
Un tren. Preservar los rieles es una posibilidad, incorporar un tren que haga las veces de museo, centro cultural recreativo.
El edificio a pleno. Con un estado general bueno, el edificio principal admite muchos usos, sea estatales o para privados. Con el gran potencial del inmueble y el aprovechamiento de su playa anterior.
La otra mirada. Visto desde la avenida Parchappe el edificio admite un tratamiento paisajístico y eventualmente puede tener, por caso, un uso educativo.