Relaciones laborales: entre el amor, el silencio y la zona gris
El 57% de los trabajadores vivió un romance en su empleo, pero la mayoría lo mantuvo en secreto.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
En la rutina diaria del trabajo —entre reuniones, objetivos y largas jornadas— también hay lugar para los vínculos personales. Y, muchas veces, para el amor.
Según el estudio “Match en el Trabajo” elaborado por la empresa de empleo Bumeran, el 57% de las personas trabajadoras en Argentina reconoce haberse enamorado en su lugar de trabajo.
El dato no solo confirma una tendencia consolidada, sino que además muestra un crecimiento: son cuatro puntos porcentuales más que en 2025, cuando el 53% había declarado lo mismo.
Pero no se trata solo de sentimientos pasajeros. El 72% de quienes se enamoraron afirma que la relación fue correspondida, y en muchos casos avanzó: el 32% llegó a mantener una relación amorosa formal, el 27% tuvo citas ocasionales, el 17% formó una familia, el 15% convivió y el 9% incluso se casó.
Lo público y lo privado
A pesar de la naturalidad con la que surgen estos vínculos, la mayoría opta por la discreción. El 38% de las relaciones laborales se mantuvo en secreto, mientras que el 35% fue completamente pública y el 27% solo conocida por algunos compañeros.
Esta tensión entre lo personal y lo profesional también se refleja en el impacto sobre el desempeño. Para el 54% de los trabajadores, la relación tuvo efectos positivos: mayor motivación (32%), apoyo emocional (22%), mejor clima laboral (18%) y reducción del estrés (10%).
Sin embargo, el 46% señala consecuencias negativas, como afectación de la reputación (38%), distracciones (25%) o conflictos emocionales (25%), entre otros factores.
Sin reglas claras
Uno de los datos más relevantes del informe es la ausencia de marcos institucionales. El 80% de los trabajadores asegura no haber recibido información sobre cómo manejar relaciones amorosas en el trabajo, y el 66% afirma que en su organización no existe una política formal al respecto.
En ese contexto, las percepciones individuales varían: el 40% considera que estas relaciones son aceptables si no interfieren con el desempeño; el 26% las valida plenamente; y el 14% las aprueba solo si no implican relaciones de poder.
¿Qué ocurre cuando las empresas las prohíben? El 36% intentaría una solución interna, el 27% respetaría la norma y el 25% continuaría con la relación pese a la prohibición.
La otra cara
El informe también pone el foco en una problemática sensible: el 25% de los trabajadores afirma haber sufrido acoso en su ámbito laboral. En la mayoría de los casos, provino de pares (14%), aunque también de supervisores (7%) y directivos (4%).
Aun así, el 80% de las víctimas no tomó ninguna acción, lo que evidencia barreras para la denuncia o falta de confianza en los canales institucionales.
Entre quienes sí actuaron, el 9% cambió de trabajo, el 8% recurrió a Recursos Humanos y apenas el 3% formalizó una denuncia.
Un desafío empresarial
Desde la mirada de especialistas en Recursos Humanos, el panorama no difiere demasiado: en el 81% de las organizaciones argentinas no existen políticas específicas sobre relaciones amorosas en el trabajo, el porcentaje más alto de la región.
En los casos donde sí hay regulaciones, el 44% prohíbe directamente los vínculos románticos, mientras que el resto adopta posturas más flexibles o condicionadas.
En cuanto al impacto en el rendimiento, el 58% de los expertos considera que estas relaciones no influyen en el desempeño, mientras que el 25% cree que lo afectan negativamente y el 17% que pueden ser beneficiosas.
Ambito de sociabilización
El estudio deja en evidencia una realidad compleja: el trabajo no es solo un espacio productivo, sino también un ámbito de socialización donde se construyen vínculos significativos.
Sin embargo, la falta de reglas claras, sumada a los riesgos de conflictos, desigualdades o situaciones de abuso, plantea un desafío urgente para las organizaciones y también para los ámbitos gremiales: cómo acompañar estas dinámicas con marcos que protejan derechos, promuevan el respeto y garanticen entornos laborales saludables.
Porque si el amor puede surgir en cualquier lugar, también necesita condiciones justas para no convertirse en un problema.