Bahía Blanca | Domingo, 31 de agosto

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Dos bahienses brillaron junto con el Coro del Tabernáculo que deslumbró en Buenos Aires

En el marco de su gira mundial “Canciones de Esperanza”, el legendario Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo se presentó por primera vez en Argentina con dos funciones en el Movistar Arena. Entre los artistas invitados, brillaron los músicos bahienses Julián Mansilla y Edelvais Montani, quienes aportaron su arte en una velada que combinó majestuosidad coral, música popular y emoción colectiva.

Edelvais Montani y Julián Mansilla brillaron en el Movistar Arena. Fotos: Mollie Shutt y Tess Crowley

“Fue una experiencia única, y que no sé si se va a volver a repetir. Para quienes seguimos al coro, sabemos que es uno de los mejores del mundo, y poder tocar con ellos y presentar arreglos fue algo súper especial”, confesó el bandoneonista bahiense Julián Mansilla.

La propuesta nació de su deseo de que, en esta gira, sonara música argentina.

“Cuando me enteré que el coro iba a venir, pensé que genial estaría poder hacer sonar algo de nuestra música. En este caso pensé en Piazzolla y por eso se me ocurrió proponer la idea de hacer algo con el coro”, cuenta. Así fue como su arreglo de "Adiós Nonino" fue aceptado por el director Mack Wilberg, y poco antes de la llegada de la formación recibió la confirmación de que participaría en los conciertos. Además, colaboró en arreglos para artistas invitados como Soledad, Maggie Cullen y Alex Melecio, en la conmovedora versión de "Todo Cambia".

Mack Wilberg (director) consultando un arreglo a Julián Mansilla durante un ensayo en el auditorio de "La ballena azul"

El debut fue en el Palacio Libertad, en la Ballena Azul (ex CCK), en un concierto institucional. “Ahí también compartí el escenario con Raúl Lavié, donde cantó algunos temas”, recuerda.

Luego llegaron las dos noches en el Movistar Arena, viernes y sábado: "Fue una vivencia única por toda la energía de la gente y el público, que me devolvió muchos mensajes especiales, agradeciendo y compartiendo que sintieron algo muy especial al escuchar 'Adiós Nonino' con coro, algo poco común en el tango. Pude compartir la obra junto al violinista rosarino Leandro Curaba con quien también compartimos las mismas creencias y cariño por el coro y la música. Esta gira nos dio la oportunidad de intercambiar nuestra cultura con ellos entre ensayos y charlas. Una gran parte de los integrantes del coro han servido en su juventud como misioneros en Argentina y otros países de Sudamérica y eso hacía que vinieran con ganas de hablar nuestro idioma y sentir nuestra cultura como parte de ellos".

Entre coro y orquesta, sumaban casi 450 personas. “Fue una experiencia de intercambio cultural muy rica, donde ellos se llevaron un gran cariño por la Argentina y por nuestra cultura. Soledad, Maggie Cullen, los chicos de 2 más 1 y Raúl Lavié fueron muy sencillos y mostraron un perfil muy humano al compartir momentos juntos en la previa y después del concierto”.

Leandro Curaba (Violín) y Julián Mansilla (Bandoneón) junto a la orquesta y el coro durante uno de los conciertos.

Todos juntos con el Coro del Tabernáculo

Para Mansilla, más allá del prestigio internacional del Coro, lo más valioso fue el espíritu que se generó en esos días. “Fue un desafío, un aprendizaje y una oportunidad maravillosa”, resume, con la satisfacción de haber llevado el sonido del bandoneón y la música argentina a un escenario de escala mundial.

Edelvais y Julián

 

Un sueño hecho realidad

En el caso de la flautista bahiense Edelvais Montani, los días que vivió asegura que le "quedarán grabados para siempre en su memoria"

Integrante de la Filarmónica de Río Negro y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días “de toda la vida”, fue invitada a participar en las dos funciones del Movistar Arena junto al histórico Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo, en lo que fue la primera visita de la agrupación a la Argentina.

“Siempre fue un sueño para mí poder unirme a ellos y tocar con ellos. Ojalá algún día pueda llegar a hacerlo en su casa, pero ya es todo un hito haber podido estar ahí”.

Edelvais Montani en el concierto

En su historia familiar hay un vínculo fundacional con la Iglesia: su bisabuelo —al igual que el de Julián Mansilla— fue el primer miembro en Bahía Blanca, abriendo el camino para las generaciones que siguieron. Y hasta su nombre encierra un relato.

“En realidad se escribe Edelweiss, como el hotel de Bariloche y como la canción de La novicia rebelde, pero en el registro civil de Bahía no le permitieron a mis padres inscribirlo así, así que lo castellanizaron y quedó con v corta, a y s”, cuenta entre risas.

Para Montani, la magnitud del evento fue tan impresionante como su carga simbólica.

“El Coro del Tabernáculo es como el símbolo de nuestra Iglesia. Nos representa a nivel musical y espiritual; nos ha acompañado toda la vida, primero en cassette, después en CD, luego en Spotify y ahora en YouTube”. Explica que la formación cuenta con 360 coreutas voluntarios, a los que se suman unos 70 músicos de la Orquesta de la Manzana del Templo y un gran equipo técnico y de producción. La ocasión fue especial también por el contexto: la gira Canciones de Esperanza coincidió con la celebración de los 100 años de la Iglesia en Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile.

Su participación consistió en interpretar dos himnos de la Primaria —la organización infantil de la Iglesia— junto a un quinteto de vientos integrado por dos oboes, corno inglés y fagot, como solistas frente al coro y la orquesta.

“Fue muy emotivo porque eran himnos con los que crecí cantando. Uno de ellos me lo cantaba siempre mi mamá. Escucharlo ahora, con este ensamble, fue profundamente movilizante”.

El camino hasta el escenario no fue improvisado. Montani había trabajado antes en proyectos vinculados a la música religiosa, como dos cantatas de Rob Gardner en Buenos Aires, y fue convocada para esta ocasión por el Coro. “Tuvimos que pasar por un proceso muy meticuloso: enviar currículum, videos y esperar autorizaciones. Para ellos la organización es clave y cuidan cada detalle”.

Uno de los momentos más intensos fue el ensayo con Mack Wilberg, director del coro y la orquesta. “Creo que fue lo que más nerviosa me puso, porque representa para nosotros una imagen de autoridad musical. Fue un lujo conocerlo y trabajar bajo su dirección”.

Edelvais, integrante de la Filarmónica de Río Negro

En el Movistar Arena, además, tuvo la oportunidad de cruzarse varias veces con Soledad Pastorutti, quien participó como artista invitada.

“Es una persona súper sencilla, humilde, dulce. No le negó una foto a nadie y siempre tuvo la mejor predisposición. Me emocionó escucharla cantar un himno de la Primaria, con todo el público coreando; fue como cantar el himno nacional en un Mundial, algo que nos representa colectivamente”.